Mn. Juan Masiá olvida que Dios no es ajeno a la moral humana

Publicado: 12 abril, 2012 en Ética y Moral, Religión

           

No experimento más que perplejidad cuando el sacerdote jesuita Juan Masiá señala que “se echa de menos en la Iglesia una moral prudente con la homosexualidad “. Los actos humanos, que sepa, pueden ser moralmente buenos o malos, pero desconocía que también pueden ser prudentes. Es terriblemente preocupante que un presbítero con un alcance mediático considerable confunda de este modo a su feligresía. El objeto de la ética no es la prudencia, que es una virtud, sino las acciones libres por las cuales el ser humano se dirige a sí mismo hacia su propio fin.

La moral no es prudente sino libre. Sólo las acciones libres son morales y sólo las acciones morales son libres. Todas las acciones que realiza el hombre son morales porque opera la voluntad libre y porque puede dar razón de ellas. No es, por tanto, la prudencia la que rige las acciones morales, sino la razón y la voluntad. En consecuencia, no se echa de menos una moral prudente sino una ética que oriente a la persona para que ésta sepa ordenar sus acciones de modo que sean moralmente buenas; al margen de que sean prudentes o no.      

No podemos caer en este relativismo moral que invita, en el fondo, a obrar como a uno le parece olvidando que es el bien y sólo el bien aquello a lo que tienden todas las realidades (Aristóteles, Ética a Nicómaco). Las palabras del sacerdote Masiá vienen a raíz de la homilía del obispo Reig Plà, quien nos recordó que las personas, por nuestra libertad, realizamos muchas veces acciones moralmente malas. La persona con tendencia homosexual es tan digna como la persona heterosexual por el simple hecho de ser persona (dignidad ontológica). Sin embargo, pierde su dignidad moral cuando se aparta del bien debido, pues no olvidemos que el hombre y la mujer son imagen de Dios, pero también la relación del hombre y la mujer y no las relaciones entre dos personas del mismo sexo.

Reconozco que en una primera lectura la homilía de monseñor Reig Plà me resultó un tanto dura en su expresión, sin embargo, en una segunda y tercera lectura uno, yo, alcanza a vislumbrar el sentido absoluto de la moral, que no es otro que juzgar las acciones buenas o malas en orden a la vida como un todo. La perspectiva del bien absoluto se alcanza de modo exclusivo entendiendo las acciones concretas en vistas al fin al que tienden, que es único: el bien mayor o felicidad que se alcanza al vivir de modo humano o como corresponde al hombre, que es imagen de Dios.

 ¿Por qué el hombre es un ser moral?, ¿por qué debe comportarse moralmente bien? Porque el gobierno de la acción libre supone el gobierno de la propia vida y obrar bien ratifica alcanzar la vida lograda – después de entender el ‘para qué’ – que le corresponde al hombre por el mero hecho de ser persona creada a imagen de Dios. Si el bien no tiene un fin último relacionado con una vida entendida como un todo se produce un reduccionismo que aniquila el ser mismo de la persona, ya que imposibilita la ordenación de sus acciones respecto al bien mayor que debe alcanzar. El hombre, así, es un ser inviable: Liberarnos de la moral es inviable, pues la misma libertad del hombre depende de ella. La existencia humana exige virtud, derechos, obligaciones y una deontología del vivir. No podemos obrar autónomos de la conciencia sin pagar las consecuencias (Martin Rhonheimer, La perspectiva de la moral. Fundamentos de la ética filosófica).

Resulta que lo que más preocupa a los cristianos críticos con la homilía de monseñor Reig Plà es el concepto de pecado. Éste concepto no es imprudente, como piensa el sacerdote Masiá; tampoco es incendiario ni una espada hiriente, como escribe Juan Rubio, director de la revista Vida Nueva. El pecado o culpa manifiesta de manera directa la oposición de una acción libre a la regla moral, es decir, a la recta razón y a las virtudes, entre las que se halla la prudencia que tanto agrada al sacerdote jesuita (Ángel Rodríguez Luño, Ética general). El pecado no señala otra realidad que el apartamiento voluntario del hombre con Dios, Quien no es ajeno a la moral humana en cuanto que es el fin último. En este sentido el concepto de pecado se relaciona con las virtudes morales, que son los modos por los cuales la voluntad se guía para alcanzar el fin último. De este modo obrar de modo contrario a la virtud, es decir de manera viciosa, es lo mismo que separarse de Dios (pecado), que es lo que hace la persona que vive con plenitud la homosexualidad, ya que no sólo olvida que Dios crea a su imagen y semejanza al hombre y a la mujer, sino que también olvida que crea a su imagen la unión del hombre y la mujer. Así, el hombre, la mujer, y la unión del hombre y la mujer son plenamente en cuanto reflejan a Aquel de quien son imagen y dan cumplimiento de su mandato, el amor, que es nuestra vocación. Dicho de otro modo, la única relación que refleja el amor de Dios, en cuanto que es imagen de Él, es la relación del hombre y la mujer. Por tanto, una cosa debida es respetar a los homosexuales en cuanto que son personas, pero otra realidad distinta es, por eso de lo políticamente correcto, obviar lo moralmente malo y que, consecuentemente, aparta de Dios.  

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comentarios
  1. Eric dice:

    Cierto. Algunos en lugar de llevar la palabra de Dios al mundo se han dejado mundanizar por la ideología que pretenden insertar en la Iglesia. Lo políticamente correcto es una banalidad ante el propio devenir existencial. Ahora resulta que hay que ser prudente ante el genocidio que supone el aborto… y la depravación de las relaciones homosexuales… si somos prudentes dejaremos, al obviar el hacer el bien, que se edifiquen otras Sodoma y Gomorra.

  2. Jaume dice:

    Según el juicio de este jesuita habrá que suprimir algunos pasajes de determinados libros de la Biblia. Por demasiada firmeza.

  3. Saludos Eric.

    Algunos piensan que se juzga a las personas, cuando sólo se juzga las acciones, que son las que entran en el ámbito de la moral. Gracias por comentar.

    Saludos Jaume.

    Bien visto. Gracias por comentar.

  4. Diego dice:

    Decía San Josemaría: “No me gusta tanto eufemismo: a la cobardía la llamáis prudencia. Y buestra prudencia es ocasión de que los enemigos de Dios, vacío de ideas el cerebro, se den tono de sabios y escalen puestos que nunca debieran escalar”.

  5. Saludos Joan.

    Creo que el sacerdote Masiá pide prudencia al juzgar un comportamiento en este caso el homosexual. En la Biblia la homosexualidad se condena pero también nos dice que no debemos juzgar, y Masiá se debe expresar así por esa razón. Le faltó especificar que como vos decís, no se trata de juzgar al pecador sino el pecado.

  6. Saludos Diego y Mauricio. Muchas gracias a ambos por comentar.

    Mauricio. Cierto, no hay que juzgar a las personas, pero siempre y absolutamente siempre hay que indicar aquellos actos que son moralmente buenos y los que son moralmente malos. No hemos de olvidar que Dios crea a su imagen la relación del hombre y la mujer. Y que cualquier otra relación supone una separación del hombre con Dios.

  7. El famoso “duras son estas palabras” con que la Biblia recoge los comentarios de la gente respecto a las enseñanzas de Jesús le dan la razón a Reig. Él ha dicho lo que tenía que decir. Como muy bien dices, Joan, lo más gracioso es que se acuse al obispo de ser duro sencillamente por señalar la práctica de la homosexualidad como un pecado, y que por tanto sumirá a quien la practique en la infelicidad. Eso no es ser extremista, ni herir con las palabras, es simplemente aplicar el refrán de “las cosas claras y el chocolate espeso”.

    Por cierto, que mi padre me ha pedido que corredacte con él una respuesta a Pérez Reverte en un periódico del obispado de Valencia. A ver si logro ser claro sin ser jeta.

  8. Saludos Maximiliano. “Las cosas claras y el chocolate espeso” es el mejor titular. Sin embargo en nuestra sociedad impera la debilidad. En cuanto algo cuesta un poco dejamos de hacerlo y así se produce el desgobierno de nuestras vidas, la quiebra interna por falta de ejercicio de la libertad. Si dejar de fumar es difícil para muchos imagínate abandonar la homosexualidad.

    Ya me enseñarás la carta cuando te la publiquen.

    Gracias por comentar.

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