Don Arturo, la Iglesia no es una institución improvisada en dos días que necesite los votos de las minorías y la demagogia fácil para aguantar su misión

Publicado: 10 abril, 2012 en Pensamiento

El Front d’Alliberament Gay de Catalunya (FAGC) ha pedido hoy la intervención del fiscal general del Estado y del Nuncio de la Santa Sede en España ante las afirmaciones que hizo el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, contra la homosexualidad. Al linchamiento también se suma el ingenioso Arturo Pérez Reverte. De los primeros no voy a decir nada. Al segundo, por más mediático, le responderé, y si me es posible, con sus misma jerga.

Don Arturo Pérez-Reverte. La magnífica homilia de monseñor Reig Pla es un zapatazo en la boca a los que ceden al chantaje del relativismo. En ella, el prelado se mantiene firme en sus convicciones, en la fe que profesa, sin miedo al que dirán, porque lo que dice no procede de su inventiva ni es doctrina ideológica sino que se basa en el magisterio de la Iglesia católica el cual, sigue, escrupuloso, la palabra de Aquel que resucita a los muertos, a los suyos, a los míos, y a todos cuantos proceden de su amoroso acto creador.

Sus piruetas lingüísticas pueden resultar muy jocosas, sobre todo para determinados colectivos, pero son tan innecesarias como estériles. Este hecho me sorprende pues le tenía por un paladín de la razón y no por un rehén del nihilismo más indocto y del escepticismo más ramplón y contraproducente, que nada tiene que ver con Feuerbach y compañía. Que monseñor Reig Plà condene la homosexualidadno a las personas homosexuales – tiene que ver con la idea de dignidad humana y con su modo de ser ordenado a Dios en quien halla su plenitud según una muy determinada forma de vida.

Supongo que no entenderá esto así que se lo explicaré con la metafísica más simple posible para que la pueda entender un “peligroso imbécil” o una cultivada pluma como usted. Como bien sabrá el ser humano, en cuanto que ente, posee un estatuto ontológico y que ninguna de las realidades creadas es ser puro sino modos determinados de ser, es decir, el acto de ser se da en grados de menor a mayor intensidad, desde las realidades más imperfectas hasta Dios, Quien posee el ser en toda su máxima profundidad y que es la causa o principio de todos los entes en cuanto que de Él proceden con una real dependencia en su ser.

Un ejemplo práctico de esta explicación la hallamos en la acción. La acción que tiende a un fin está presente en todas las acciones que llegan a ser y son por naturaleza. Es decir, toda serie – la vida del hombre y sus acciones insertadas en el proyecto personal – tiene un punto de conclusión – Dios en el caso del hombre – respescto del cual apuntan todos los pasos anteriores – regidos por la moral en adecuación con el estatuto ontológico del hombre –. En el caso del hombre, al estar ontológicamente constituido – a imagen de Dios –, es su obrar el que se dirige a su propio fin según su naturaleza o modo de ser. La persona, como supuesto individual de naturaleza racional dotado de libertad no le es impuesta su forma de vida como le ocurre al cosmos – leyes universales por las cuales podemos hacer ciencia – o a los demás seres vivos – instintos – sino que tiene que elegir en todo instante la suya – en palabras de Sartre (El ser y la nada), el hombre está condenado a ser libre – y, por su naturaleza ontológica, a elegir lo mejor, que no es otra cosa que ser lo que debe ser, es decir, imagen de Dios. Y qué es imagen de Dios: pues el hombre, la mujer y la relación del hombre y la mujer.

Ciertamente, uno puede no adoptar esa muy determinada forma de ser y, en consecuencia, negarse a ser lo que debe ser. Sin embargo, uno, al negarse a ser lo que debe ser se queda sin ser nada. Esta negación por causa de factores sociopolíticos y sustituciones inadecuadas, resulta empobrecedor, artificioso y ridículo. Y le digo ahora, La Iglesia no es una institución improvisada en dos días, que necesite los votos de las minorías y la demagogia fácil para aguantar su misión. La Iglesia tampoco es el Congreso de los diputados, donde bastan unos chillidos histéricos en el momento oportuno para que el Papa, los obispos y presbíteros cambien, en alarde de demagogia oportunista, el magisterio de la Iglesia – por esa idiotez sin vergüenza de negar al hombre y a la mujer su bien mayor –. La Iglesia, desde sus orígenes, instituida por Jesucristo Nuestro Señor, no es algo que se improvise o se cambie en cuatro años,  “La Iglesia, por institución de Cristo, es su custodia y maestra (de la verdad revelada), estando precisamente dotada de una singular asistencia del Espíritu Santo para que pueda custodiarla fielmente y enseñarla en su más exacta integridad” (Juan Pablo II, Redemptor Hominis). “Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: «Conoceréis la verdad y la verdad os librará». Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. También hoy, después de dos mil años, Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la verdad, como Aquel que libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia. ¡Qué confirmación tan estupenda de lo que han dado y no cesan de dar aquellos que, gracias a Cristo y en Cristo, han alcanzado la verdadera libertad y la han manifestado hasta en condiciones de constricción exterior!” (Juan Pablo II, Redemptor Hominis).

Así que no se canse don Arturo, que la Iglesia no cede ante ningún “imbécil analfabeto” ni ante interes sociopolíticos coyunturales. La Iglesia es una institución santa y apostólica, es Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo, y camino y término del designio de Dios. Es, endefinitiva, el sacramento de la salvación y el instrumento de la comunión con Dios para que ahora venga el capullo de turno a censurarla cuando ni siquiera enmudeció en las virulentas persecuciones imperiales. Así que bon vent i barca nova.

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comentarios
  1. Mateu dice:

    ¡Chapeau! La verdad siempre por delante… pese a quien pese, la verdad no hace mal, libera.

  2. Belén dice:

    No hay peor listo que aquel que pretende decir cómo debe hacer las cosas la Iglesia. La madre nodriza de muchos es la necedad.

  3. Cristina Bec dice:

    Hay algunos que siempre quieren imponer sus ideas hasta el extremo de mandar a la cárcel o sacar del mapa a sus oponentes. Pérez Reverte se ha quitado su careta de intelectual y se ha puesto su disfraz de sicario.

  4. Jaume dice:

    Desde luego no podemos decir que no sea constante en sus ataques contra la Iglesia:

    http://favoritosreverte.blogspot.com.es/2011/10/beatus-ille.html

    No hay que hacerle caso. Enemigos la Iglesia tiene muchos, dentro y fuera.

  5. Mª Rosa dice:

    “Conozco el daño terrible, histórico, que discursos como los que aún colean en boca de santos padres y santos obispos hicieron, directa o indirectamente, a este desgraciado mundo en el que vivo” (Pérez Reverte)

    http://arturoperez-reverte.blogspot.com.es/2011/07/resentido-naturalmente.html?spref=tw

    Este sujeto es así. Un sectario.

  6. Sigfrid dice:

    Qué difícil les resulta a algunos entender que cuando la vida pierde su dirección natural, busca otra, que es lo que les ocurre a las personas que caen presas de una sexualidad mal vivida que afecta a todo su ser.

  7. Discrepo de lo dicho por Pérez Reverte.
    Pero dicho esto, reconozcamos que el Obispo no estuvo afortunado.Ni era el día -Semana Santa -, ni era el mensaje -celebrábamos la muerte y resurección del Señor-, ni era el momento para esa homilia.
    Amén de esto, los primeros que deben aclararse al respecto son los propios Obispos y la Conferencia Episcopal y aunar criterios.
    No puede ser que el Obispo de Alcalá manifieste una opinión sobre los homosexuales y que el Obispo Sistach salga enmendándole la plana y negando la mayor.

    Saludos.

  8. Cayetano Ripoll dice:

    Mire Joan, yo no suelo estar de acuerdo con Perez Reverte y no lo estoy tampoco en este caso. Yo creo que es sumamente beneficioso que los dirigentes de la Iglesia expresen con suma claridad su modo de pensar, es conveniente que todos sepamos a que atenernos y que las personas que pudieran tener dudas sobre las posturas de la Iglesia conozcan cuales son y en que medida se desvían de la ética de nuestro tiempo y de nuestra sociedad.

    Por otro lado, debería usted saber ya que cualquier explicación metafísica, de esas que usted gusta y que terminan en Dios, sólo explican algo para los que previamente ya creían en su Dios y carecen de sentido para los que no creen previamente en el por lo que difícilmente son un argumento para quien no cree.

  9. Saludos Cayetano.

    Puede que tenga usted razón y mi explicación resulte carente de sentido para quien no cree. Sin embargo, no es necesaria la fe para percibir la causalidad del ser. Me explico. Decía que el hombre es ser participado y no el ser en sí en cuanto que no se confiere a sí mismo la existencia sino que la recibe. Esto nos lleva, por consecuencia directa, a la cuestión de causa, de la que se desprende la noción de principio, que es ‘aquello’ de lo que algo procede con dependencia en el ser y que no procede de nada en cuanto que es principio (ab aeterno).

    Lo que llega a ser – hablamos del hombre – debe su ser a otro ente que es su causa. Lo que llega a ser es evidente que es causado y que tiene su causa porque se desprende, por lógica, de su hecho de ser. Al mismo tiempo, lo que llega a ser puede no-ser puesto que antes de ser no era; pero lo que puede no-ser y, no obstante, es, no es por sí mismo – no es su causa – ya que, si lo fuese, nunca le hubiera faltado lo que le es necesario para ser: el ser en sí.

    El hombre y ninguna creatura es el ser en sí o ser necesario sino que tienen causa. Sin embargo, no cabe, por lógica, que toda causa sea causada, como bien explica el Estagirita en su “Metafísica”. No puede ser que todas las causas sean intermedias, sino que se requiere, una causa primera. Esta causa primera no se llama así por ser la inicial en sentido temporal sino por ser la causa incausada (ab aeterno), de la que todo procede con dependencia en el ser. Causa incausada a la que usted puede, voluntariamente, llamar no-Dios.

    Muchas gracias por su comentario.

  10. Muchas gracias Mª Rosa por el aporte.

    Saludos Natalia. Ciertamente, sería importante que los obispos con sus palabras no desmintieran a la de sus homónimos para el bien de la credibilidad del mensaje cristiano.

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

  11. Cayetano Ripoll dice:

    Bueno, yo veo algunas objeciones, en primer lugar no entiendo que impediría extender un principio de causalidad de forma infinita, en segundo lugar es una obviedad que si rompemos la regla de que todo debe tener causa para que exista un ser incausado podemos romperla con el mismo criterio para extender los seres incausados a dos, tres o tres mil y en tercer lugar el “principio de causalidad”, como tal, no existe fuera de la filosofía: Ya recogía Russell en los años veinte que cuando encontramos las causas de un fenómeno real estas son múltiples y tan especificas que no puede repetirse para otros casos por lo que nada en la realidad nos permite suponer la existencia de un “principio de causalidad”, además es bien conocido de la física que el efecto interactúa con la causa que es a su vez efecto de su propia causa por lo que no existe esta aparente dirección ni esa correlación temporal necesaria para la formulación de dicho principio y, por último, hoy en día sabemos que no existe causa ni posibilidad de que exista causa para muchos fenómenos descritos en la física cuántica (Ver, por ejemplo, Erwin Schrodinger, Ilya Prigogine, Ramon Lapiedra, Bruce Rosenblum …).

    Así que ya ve, las suposiciones metafísicas no se corresponden necesariamente con la realidad o como decía el maestro Russell: ” … la esencia de mi argumento es que la Realidad, tal como la construye la Metafísica, no tiene ninguna relación con el mundo de la experiencia. Es una abstracción vacía, de la cual no se puede hacer válidamente ninguna deducción … en lugar de explicar este mundo real palpable y sensible, la metafísica construye un mundo fundamentalmente diferente, tan diferente, tan desconectado con la experiencia real, que el mundo de la experiencia diaria no es afectado por él …” [Bertrand Russell “Porqué no soy cristiano” pg. 55]

  12. Saludos Cayetano.

    Usted dice que “las suposiciones metafísicas no se corresponden necesariamente con la realidad”. No obstante, pienso que no se da cuenta que la cita del maestro Russell, es simple filosofía, como cuando dice, en el mismo libro que usted cita, que: “Existe el convencimiento de que el cristianismo se revuelve contra el avance intelectual y, de manera especial, contra el progreso científico” (Bertrand Russell, Por qué no soy cristiano). Esta declaración es simple opinión personal.

    La existencia es la realidad concreta de un ente, es decir, que ‘hay algo’ en lugar de nada. Nos percibimos formando parte de una realidad, en concreto de un universo sujeto a las leyes espacio-temporales que se caracteriza por una ristra de sucesos. Ante esta circunstancia observable y experimentable se formula una serie de preguntas de orden metafísico: ¿qué es esta realidad?, ¿de dónde procede? Tres son las posturas existentes: que la existencia procede de la nada; que el universo siempre ha existido, o que un ser que trasciende el universo mismo es el responsable de su creación así como de la existencia de todos los seres que en él se contienen.

    Que la existencia procede de la nada es una posición difícil de sostener en cuanto que ella misma desafía la propia razón. Es evidente que el universo comenzó a existir en un momento específico, pero carece de toda lógica considerar que la materia surgió de la nada, que en sí es un concepto metafísico de carácter ontológico, ya que ésta no puede producir ‘algo’. Más bien, por las reglas de la misma lógica que sostienen que ninguna serie de acontecimientos es eterna, hay ‘algo’ que debe ser eterno y, al mismo tiempo, necesario. Tampoco es sostenible la consideración de Carl Sagan según el cual “todo lo que fue alguna vez, todo lo que es, todo lo que será alguna vez, es el cosmos” (Cosmos, New York, Random House, 1980). Esta idea es el eje central del naturalismo, de raíz atea, por el cual Dios no existe o más bien sólo existe la materia. La tercera postura indicada, teísta, defiende que un ser trascendente al mismo universo creó toda la realidad existente. Esta posición, al contrario que la segunda, no radica en una fe ciega como es creer que la materia es eterna y que se ha producido a sí misma, sino que se fundamenta en argumentos racionales de peso. En este sentido, el teísmo es la más razonable de las tres posturas ante la realidad del cosmos. Ciertamente no hay ninguna demostración empírica de la existencia de Dios, pero si existen pruebas lógicas para argumentar su existencia.

    Una explicación a favor de la existencia de Dios es el argumento cosmológico. La experiencia misma nos demuestra que todo suceso posee una causa, es decir, un principio: “una cantidad infinita de partes de tiempo reales, pasando sucesivamente y agotadas una tras otra, aparece como una contradicción evidente que ningún hombre, pensaría uno, cuyo juicio no esté corrompido en vez de mejorado por las ciencias, alguna vez podría admitir” (David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, 1748). En el mismo sentido Robert Jastrow (God and the Astronomers, New York, 1978), de acuerdo con los estudios de Allan Sandage, considera que el universo tuvo una causa que lo originó. A día de hoy no existe una explicación más razonable fuera de la gran explosión. Por tanto, se quiera poner o no el nombre de Dios, la realidad existente comenzó a partir de un acto creativo.
    Otra prueba de la existencia de Dios es el argumento teleológico según el cual una inteligencia eterna ha creado el universo. Sin duda hay quien puede discutir la existencia de la divinidad, pero la ciencia en su constante desarrollo, curiosamente, se empeña en llevar la contraria y situar a Dios como la causa y razón del cosmos. Desde la física cuántica, la neurofisiología – la mente trasciende el cerebro –, la biología molecular – la inteligencia en el código genético –, a la astrofísica – la gran explosión – se nos muestra que es imposible considerar que el universo sea producto de un azar ciego, sino que más bien Dios está detrás de su existencia – Y para nada estoy hablando de Diseño Inteligente, el cual ve a Dios implicado categóricamente en la creación interviniendo directamente en las transformaciones del mundo natural –.

    La ciencia no puede responder a todos los interrogantes ni tampoco se la puede utilizar para sostener lo que no puede alcanzar mediante su método. Sin embargo, las personas que niegan a Dios mediante la ciencia olvidan siempre que la misma existencia de la ciencia indica una racionalidad evidente en el cosmos y que podemos conocerla; realidad que no ocurriría en el caso de que el universo estuviese motivado por fuerzas ciegas. Si Dios no existe es un auténtico milagro que existan estas leyes científicas gracias a las cuales es posible la existencia y no otras. Por tanto, existen más argumentos para afirmar la existencia de Dios creador que al contrario.

    Bien dice Popper que un pescador que pesca siempre con una red con agujeros de tres pulgadas nunca pesca un pez menor que los agujeros por los que éstos se cuelan. Al cabo de una serie de años concluye que no hay peces en el océano que midan una pulgada porque él nunca los ha pescado. Pero el problema es su red, no el océano. Mediante el método científico no podemos ni afirmar ni negar la existencia de Dios, es necesario algo más para ello. En cuanto a la idea de Dios, puede tener apoyo en la cosmovisión actual ya que ésta no sólo reúne los resultados de la física, sino fenómenos de complejidad y autoorganización que permiten relacionar la realidad experimentable con la racionalidad de la teodicea. A la luz de las conquistas científicas los resultados llevan a aproximarnos racionalmente a una cosmovisión en la que Dios es el creador del universo.

    No podemos olvidar que de no existir objetos determinados, como el universo en sí y sus elementos, no existiría la física. Que la física esté capacitada para desarrollar modelos que den explicación de tales objetos muestra la racionalidad y la inteligibilidad de éstos. Es más, si el objeto físico para ser tal es determinado como se comprueba hemos de decir que no es autosuficiente en su existencia, ya que las condiciones que lo determinan no se derivan del sistema mismo que es el universo, sino que le son dadas y su causa procede de una realidad extrínseca. Así, el universo es un ente causado y determinado: la noción de Dios no puede desecharse. La física remarca que el universo tiene las características de todo ente necesitado de una realidad que lo fundamente y lo justifique.

    Muchas gracias por su comentario.

  13. Cayetano Ripoll dice:

    Desde luego que la ciencia no puede responder a todos los interrogantes pero tampoco lo pretende, todas las “verdades” de la ciencia son provisionales y perfectibles pero, eso sí, son las mejores aproximaciones a la realidad que podemos alcanzar según el estado del conocimiento en un momento dado lo que, a su vez, significa que no existe ninguna otra visión más correcta de la realidad disponible.

    La “nada” de la física no tiene ningún parecido a la “nada” de la filosofía ya que no se conoce que la “nada” filosófica exista y si se conoce que de la “nada” de la física se puede originar materia de donde no existía; esto está hoy fuera de cualquier discusión ya que se encuentra al alcance de la experimentación. Digamos que “Podemos representar este vacío como un vacío fluctuante, que produce masas ligeras o pesadas. Cuando la masa producida alcanza un valor del orden de cincuenta veces la ‘masa de Plank’, el vacío se vuelve inestable y se transforma en un sistema materia-gravitación, es decir, en un universo.” [Ilya Prigogine “El Nacimiento del Tiempo” pg. 69]

    En cuanto al principio de causalidad ya he explicado suficientemente que no existe fuera de la filosofía, no voy a insistir, tan solo decir que el “origen” de la supuesta “gran explosión” sería una “singularidad” en la que no existen causas sino “fluctuaciones cuánticas”, como ya he citado en el párrafo anterior.

    En cuanto a Popper y el ejemplo de la red, pretende ilustrar la poca fiabilidad del “positivismo” en comparación con la “discusión critica”; es decir, no es una formulación en el sentido que usted la emplea sino como ilustración de que los experimentos que corroboran una hipótesis nunca pueden demostrarla como verdadera de forma indudable y, en cambio, los que la falsan si pueden demostrarla como falsa. Las metodologías derivadas de la discusión critica popperiana son hoy el uso común en la metodología científica.

    En cuanto a Dios, yo no he negado que tal ser pudiera existir, sencillamente no creo que exista. Esta claro que si tal Dios interactúa con el universo la afirmación de que existe debería venir acompañada de pruebas empíricas y la carencia de tales pruebas, unido a que la parte cognoscible del universo puede ser explicada perfectamente sin necesidad de el, apunta en la dirección de que no existe.

  14. Saludos Cayetano.

    No es cierto lo que usted dice: “de la “nada” de la física se puede originar materia de donde no existía”. La matería no se crea, se transforma. Donde no hay materia no surge materia. Por otro lado la “nada” no existe propiamente, es un concepto estrictamente metafísico señor Cayetano. La “nada” no tiene lugar en la Física pues no puede relacionarse de ninguna manera con experimentos. Usted quizá se refiere a la existencia de distintos tipos de vacío, como el vacío cuántico. Para producir algo de la nada, materia, no es posible la física, sino que es necesario la acción de Dios o, si usted lo prefiere mejor, de magos.

    Gracias por comentar.

  15. Cayetano Ripoll dice:

    Pues entonces sera que conoce usted más de física que el señor Ilya Prigogine o el señor Ramon Lapiedra

  16. Saludos Cayetano. ¿Ahora me viene con un argumento ad vericundiam? La creación a partir de la nada, como le digo, es un problema metafísico ya que la creación a partir de la nada no es un proceso que relaciona un estado físico con otro estado también físico. Usted, quizá, no quiere referirse a “creación a partir de la nada” sino a “creación espontánea” que, en física, es una simple transformación de carácter material. Gracias por su comentario.

  17. Cayetano Ripoll dice:

    Por supuesto que no existe la “nada” metafísica en la física de hecho no se conoce siquiera que la “nada” metafísica exista; lo que se conoce es la “nada” física en la que resulta que cuando “no hay nada” lo que queda es un “vacio” que, a su vez, resulta tener una serie de propiedades, pero eso no es esto lo que estoy discutiendo, eso es indiscutible:

    “… en física cuántica no existe algo como la nada absoluta: la omnipresente indeterminación cuántica lo impide y más concretamente lo que se conoce como fluctuaciones cuánticas del vacío. … un vacío que a causa de la física cuántica resulta algo bastante más complejo que la nada de que hablamos en la vida cotidiana.”[Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica” pg. 238]

    Lo que estoy contestando es su afirmación de que “La materia no se crea, se transforma. Donde no hay materia no surge materia.” ya que donde no hay materia si surge materia y si está probado; ya he citado a Prigogine explicándolo pero usted ha rechazado este hecho (de ahí mi contestación); probaré con Ramon Lapiedra a ver si queda más claro.

    “… un Universo que, con su espacio-tiempo como escenario, surgió presumiblemente de una fluctuación de la espuma cuántica primigenia, donde no había ni espacio ni tiempo. Un tipo de fluctuación de energía total nula que ha preservado hasta hoy esa nulidad, de acuerdo con el principio de la conservación de la energía total.” [Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica” pg. 241]

    Un vacío en el que no hay materia y, consecuentemente, ni espacio ni tiempo ni, en consecuencia, causa.

  18. Lucho dice:

    Interesante debate. Vale acotar que para la teoría del bing bang es necesario creer que el punto de infinita masa y energía que dio origen a todo ya estaba ahí.

  19. Saludos Lucho. Totalmente de acuerdo. El Big Bang no es una creación sino una transformación. Muchas gracias por comentar.

  20. Alfons Alvera dice:

    Hola, Joan. Muchas gracias por estar siempre presto a responder cada réplica, es algo que aprecio de veras. Me he llevado una decepción porque he visto que las argumentaciones que nos dedicas se repiten textualmente de una a otra. En el hilo “Reduccionismo psicológico”, en el cual hemos estado debatiendo cordialmente, me das respuestas que estoy leyendo aquí mismo, copias estrictas unas de otras. Sin ofender, creo que es una falta de respeto responder sin hacerlo personalizadamente, para eso es mejor no contestar.
    Un saludo.

  21. Saludos Alfons.

    Siento su decepción. Como comprenderá cuando me hacen la misma pregunta – o similar – reiteradamente suelo reponder del mismo modo, según mi pensamiento, por ello remito a un enlace o ofrezco dicha respuesta si no es menester aportar ninguna novedad. Gracias por comentar.

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