Cuando la secularización afecta a determinados miembros de la Iglesia

Publicado: 19 marzo, 2012 en Iglesia, Sexualidad

En determinados ambientes de la Iglesia denominados progresistas por ellos mismos se exige con pasmosa autoridad la apertura de la Iglesia a los tiempos. Sin embargo, estas buenas personas olvidan o ignoran que es Jesucristo el camino principal hacia la casa del Padre y, también, hacia cada hombre. Cristo es el camino principal de la Iglesia y este sendero no puede ser modificado por nadie, aunque el conocimiento finito y limitado de estos progresistas así lo interprete, pues la Iglesia, como bien remarca el Concilio Vaticano II, es el signo y la salvaguarda del carácter trascendente de la persona humana.  

El hombre contemporáneo se halla obsesionado por el futuro y el poder redentor del progreso de modo que, como creyente, exhorta a la Iglesia a una renovación moral acorde al signo de los tiempos olvidando, en su secularización, que ésta es la puerta que abre a la trascendencia. ¿Es el progreso humano quien conduce a la plenitud al hombre o es Cristo? ¿Quién hace más digno al hombre? Sin duda hoy se tiene más, pero, ¿se es más? El hombre creyente, en algunas ocasiones, parece distanciarse de las exigencias objetivas del orden moral y del amor que conduce al bien común.   

Consecuencia del relativismo moral es el descrédito hacia la Encíclica Humanae Vitae  y la apreciación de poesía cosmológica casposa la valoración moral que ofrece la Iglesia de los actos homosexuales. No sorprende tampoco que el secularismo en determinados ambientes de la Iglesia sostenga antes, como enseñanza, la doctrina nietzscheana que el Magisterio, que se ha pronunciado en los últimos tiempos al respecto de los actos homosexuales en la Declaración Persona Humana o en la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales. Desde el Concilio Vaticano II hasta la actualidad el Magisterio y el Catecismo de la Iglesia distinguen entre los actos y las tendencias homosexuales. Respecto a los primeros enseña que, a la luz de la Sagrada Escritura, éstos son causa de pecado grave, en cuanto que son intrínsecamente inmorales y contrarios a la ley natural, y, consecuentemente,  no pueden ser aprobados bajo ningún concepto. En cuanto a las tendencias homosexuales que prevalecen en un cierto número de hombres y mujeres, afirma que son causa de desorden de la persona y que constituyen una prueba para las mismas, razón por la que las personas con tales tendencias deben ser acogidas con respeto evitándose proferir sobre ellas cualquier estigma que denote discriminación. Estas personas, afirma el Catecismo, están llamadas a realizar la voluntad de Dios en sus vidas y a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357 y 2358).    

Para establecer una valoración moral del acto homosexual es necesario pensar que la sexualidad impregna la humanidad del hombre y de la mujer en la totalidad de su ser. La sexualidad – masculinidad o feminidad en el ser humano–, por tanto, es una dimensión constitutiva de la persona humana y su diferenciación – hombre y mujer – está orientada a expresar el amor, que es la imagen que de Dios hay en el hombre – recomendable la conferencia “¿Por qué somos varón y mujer?”,  impartida por mosén Joan Costa –. El ser humano, como imagen de Dios, es creado para amar. Así, la sexualidad, que atañe y refleja la totalidad del ser del hombre, no puede pensarse exclusivamente desde una óptica biológica, sino que su fin último también debe contribuir a la vocación del hombre al amor dentro del marco de la dimensión relacional por la que Dios ha creado al ser humano hombre y mujer.

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comentarios
  1. Sigfrid dice:

    El pensamiento laicista se encuentra insertado en determinados grupos eclesiásticos que pretenden secularizar a la Iglesia con el fin de adaptarla a unas costumbres que borran la trascendencia del ser humano y la abosluta y radical verdad de la religión cristiana convirtiéndola en una más en ese mal interpretado diálogo entre religiones.

  2. Saludos Sigfrid. Ciertamente nos encontramos ante una sociedad debilitada por la secularización que aniquila la moral en beneficio de un supuesto progreso que al margen de sus éxitos “materiales” deshumaniza aniquilando el sentido trascendente como bien apuntas.

  3. Pilar Nieto dice:

    Recomiendo encarecidamente la lectura de “Nueva izquierda y cristianismo” de Francisco José Contreras y Diego Poole para descubrir el por qué de este secularismo moral.

  4. Saludos Pilar. Muchas gracias por la recomendación, es una lectura que quiero realizar en cuanto pueda. Gracias.

  5. Cristina Bec dice:

    En ocasiones los creyentes en lugar de anunciar el reino de Dios parece que anunciemos nuestro propio reino olvidando que lo fundamental es la construcción de la justicia y la civilización del amor que decía Juan Pablo II.

  6. Saludos Cristina. Cierto lo que señalas. Muchas gracias por comentar.

  7. Jaume dice:

    Quizá me confundo y me desvío del tema tratado pero considero que la cuestión es cómo darle sentido a nuestras vidas. El hombre no se encuentra a sí mismo y no se pregunta a qué debe su dignidad humana, qué hace que su vida tenga sentido. Creo que falta fe en la esperanza y mucho amor.

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