La especie más baja de orgullo es la vanidad nacional

Publicado: 18 marzo, 2012 en Periodismo, Política

      

La especie más baja de orgullo es la vanidad nacional. En efecto, ésta denota en quien la sufre la carencia de cualidades individuales de las que pudiese sentirse orgulloso, puesto que de ser así no recurriría a aferrarse a otras que tiene que compartir con millones de individuos. Antes bien, quien tiene cualidades personales reconocerá con mayor claridad los errores de su propia nación, puesto que constantemente los tiene a la vista” (Arthur Schopenhauer, “Parerga y Paralipómena”).

Es posible que una ardilla puede recorrer la península saltando de bobo en bobo del mismo modo que el periodista, en no pocas ocasiones, se transforma en aquel sujeto de barra de bar cuya argumentación no está forjada por la inteligencia, de la que escasea, sino por una vehemente voluntad que aspira a imponerse en una contienda de cuerpo a cuerpo, mediante argucias y socarronerías. Las dos portadas, por igual, denotan un entendimiento limitado; sus tesis, desprovistas en parte de capacidad intelectual, se mueven armoniosas en el terreno de la hostilidad, del desabrimiento y de la grosería con el fin de alcanzar la razón.

Tenemos un problema, cierto. Son legión los rudos de entendimiento, aquellos cuya única virtud es vanagloriarse de la nación a la que afirman pertenecer y a la que defienden con uñas y dientes, incluso con la misma existencia, altamente desdichada. Desde luego, quien exalta el carácter nacional carece sobradamente de carácter individual, de valía personal. El nacionalista no se posee en sí mismo sino que es sólo a los ojos de los demás. Su representación no existe fuera de aquella multitud que enarbola las injusticias y las tonterías del país. Ya dije una vez que para comprender quién soy y hacia dónde me dirijo me basta y me sobra con acudir a la Sagrada Escritura y arrodillarme ante el Santísimo (nótese el singular). Lo demás es pura bagatela y, ya me perdonarán, ser catalán o ser español es algo contingente, de eso que no es para toda la vida. Así que ya comprenderán que no me tome el nacionalismo muy en serio. De todos modos es necesario que unos y otros, si es posible, se respeten evitando dejar muertos a la espalda y cadáveres en la cuneta.

De las tres clasificaciones del Estagirita respecto de los bienes de la vida del hombre que encontramos en la Ética a Nicómaco observamos que éstas se reducen a lo que uno es y a lo que uno posee. De este modo unos hombres hallan su dicha en lo que son y otros en lo que poseen o en lo que son a los ojos de los demás, que es el caso del nacionalista. Rápida es la evidencia de que las realidades intrínsecas al ser son mejores y mayores que las extrínsecas. Es incontestable que lo que uno es, su íntima interioridad, que procede de uno mismo y nadie puede arrebatar, es más esencial a la naturaleza del ser y más significativo para la propia realización existencial que aquellas realidades independientes y extrínsecas a uno mismo, ya sea el dinero, que casual, puede entrar y salir de nuestras manos, o la pertenencia a cualquier grupo, que también desaparece y se descompone como bien muestra la historia.

La persona que se conoce, que goza de sus pensamientos e inquietudes, que contempla la existencia como un devenir es más dichosa que el pánfilo que fantasea con realidades extrínsecas y fugaces, que le hacen ser cualquier otra cosa porque es incapaz de ser él mismo por desconocimiento de sí. Nada es más esencial para el hombre que aquello que es, su personalidad, su sentido, para alcanzar una vida feliz al margen de la coyuntura. La persona que comprende su dicha por lo que es y no por lo que tiene o dicen que es se halla en disposición de ser lo que debe ser.

Cuando uno no es lo que debe ser se convierte en un pobre espíritu que deambula cual boya en el océano presa de las realidades extrínsecas que le configuran. El desconocedor de sí mismo entrega su sentido y a cambio recibe una bandera. Pero,  ser español o ser catalán es como ser austrohúngaro: no es para siempre. Así que lo que realmente importa, al margen de echar pan a las palomas en la senectud, es marcharse de este mundo con el consuelo de que uno lo hizo lo mejor posible. Lo contrario es ser tonto del ciruelo.

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comentarios
  1. Jose dice:

    Comparto la idea de tu escrito. Existe demasiado fanatismo por ambas partes. Esperemos que no llegue nunca a ocurrir lo mismo que en la extinta Yugoslavia.

  2. Santi dice:

    También aborrezco los nacionalismos. Sin embargo pienso que si una mayoría desea separarse del grupo social para formar otro no debe existir impedimentos para ello.

  3. Sigfrid dice:

    Como bien dices en uno de tus enlaces las naciones no son realidades tangibles. Si una parte de la sociedad española quiere separarse por determinadas razones no debe pasar nada ni nadie debería poner el grito en el cielo si es la voluntad de la mayoría de esa parte de la sociedad que desea hacer su vida por cuenta propia al margen del grupo en el que ahora se encuentra.

    Me alegra que te hayan ido bien estos días de descanso, Joan.

  4. Saludos Jose, Santi y Sigfrid. Muchas gracias por vuestros comentarios.

  5. Venus dice:

    Según un estudio publicado en la prestigiosa revista Science los catalanes son más inteligentes que los españoles: http://www.lavanguardia.com/vida/20120319/54271734221/por-que-bilingues-mas-inteligentes.html

  6. Guim dice:

    No soy nacionalista, simplemente soy un ciudadano que vive en Barcelona y que piensa que todo irá mejor si nos separamos. Es una simple cuestión económica fundamentalmente, luego cultural (aunque nada que ver con esto http://www.youtube.com/watch?v=H2GZo0_BQVY). Por eso apoyo la independencia de Cataluña.

  7. Saludos, Joan. Me ha gustado el texto, y comparto su idea fundamental de que el nacionalismo es un tipo de orgullo bobo y que denota falta de personalidad. A la cita de Schopemhauer añadiría una aún más bestia de Óscar Wilde, que como siempre usa su tono provocador, irónico e hiperbólico: “El patriotismo es la virtud de los depravados”.

    Aunque no estoy en absoluto de acuerdo con el comentarista Venus, que parece no haber entendido tu idea de que hay que pensar en “personas” y no en “masa”. Francamente, decir que los catalanes (no los bilingües, como dice el artículo, sino específicamente los catalanes) son más listos que el resto de españoles (incluídos, por cierto, los valencianos, baleares, vascos y gallegos, que también tienen un porcentaje elevado de población bilingüe), aparte de ser una chorrada (¿qué tiene eso que ver con la cuestión del nacionalismo catalanista o con la posible independecia de Cataluña? ¿deberían los catalanes separarse para no estar con los “tontos” del resto de regiones?), es ligeramente ofensivo.

    Un saludo.

  8. Saludos Maximiliano, muchas gracias por comentar.

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