¿La Iglesia camina hacia el haraquiri?

Publicado: 17 marzo, 2012 en Iglesia, Teología

          

La teología es un saber humano – y divino – que tiene una relevancia fundamental en la historia de la humanidad en cuanto pretende, mediante la relación de la razón y la fe, saber de Dios – lo que Éste revela – y de los hombres, del sentido de la existencia y del fin último en el marco de la salvación. Es imposible edificar la teología sin los cimientos de la fe y la vida espiritual en cuanto que son éstos los que fortalecen el entendimiento del teólogo concediéndole la oportunidad de acercarse a la verdad en sí, contemplándola directamente en el contexto de la experiencia personal. Sin la experiencia espiritual no es posible ninguna explicación de la revelación ni ningún aporte a la doctrina en cuanto que es la vivencia espiritual la que permite ahondar en aquellas verdades aún misteriosas o poco reflexionadas y creídas y que Dios pone como objeto de la razón humana.   

El teólogo Juan José Tamayo, catedrático de Teología y Ciencias de la Religión de la Universidad Carlos III de Madrid, vinculado a la teología de la liberación y autor de Otra teología es posible, propone una teología, elaborada por él, que da respuesta a todas las preguntas del hombre contemporáneo. En esta teología, afirma, ninguna religión tiene en propiedad la verdad ni la salvación, sino que todas las religiones tienen que ir en búsqueda de la verdad abriéndose un diálogo entre ellas con el fin de establecer los principios éticos que permitan mejorar las condiciones de vida de las personas.

El señor José Tamayo replantea la teología en su totalidad al margen de la fe, circunstancia por la cual no nos hallamos ante una nueva teología sino más bien ante una mera reivindicación sociopolítica según la cual la verdad no procede del conocimiento de Dios y del hombre desde la revelación, sino mediante el diálogo interreligioso, es decir, el bien y la verdad se presentan debilitados, reducidos a una mera construcción cultural a partir de las decisiones humanas que buscan un consenso ético para alcanzar el mejor modo de vida en el mundo. Sin embargo, ¿es posible toda liberación al margen de la verdad revelada, de la salvación?     

Es evidente que el misterio de Dios deviene problema en cuanto el conocimiento finito y limitado del hombre se entiende por conocimiento absoluto. Al mismo tiempo, la natural preocupación por el futuro, la ciega obsesión por el bienestar existencial y el poder redentor del progreso hacen olvidar la puerta que abre a la trascendencia. El señor José Tamayo ignora la naturaleza ontológica del ser humano y los signos de trascendencia que aparecen en él; signos que no sólo posibilitan la cuestión de Dios y el sentido último de la vida sino que permiten descubrir porqué el hombre opta por Dios como plenitud de ese sentido.

El señor José Tamayo pretende una relectura del Evangelio y una reinterpretación del Magisterio olvidándose, lo más grave, de la verdad revelada y de la divinidad de Cristo, redentor del hombre, en la construcción de una exégesis altamente secularizada del Reino de Dios en el que la salvación, que emana de la dignidad ontológica del ser humano y de su condición de imagen de Dios, se reduce a una dimensión sociopolítica de carácter marxista cuyos principios se hallan en manos de unos teólogos que se conceden a sí mismos toda autoridad y olvidan que quien habla en la teología es Dios mismo: “la única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A Él nosotros queremos mirar, porque sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna»” (Juan Pablo II, Redemptor Hominis).    

La Iglesia no camina hacia el haraquiri ni se suicida ella sola. “La Iglesia, por institución de Cristo, es su custodia y maestra (de la verdad revelada), estando precisamente dotada de una singular asistencia del Espíritu Santo para que pueda custodiarla fielmente y enseñarla en su más exacta integridad” (Juan Pablo II, Redemptor Hominis). “Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: «Conoceréis la verdad y la verdad os librará». Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. También hoy, después de dos mil años, Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la verdad, como Aquel que libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia. ¡Qué confirmación tan estupenda de lo que han dado y no cesan de dar aquellos que, gracias a Cristo y en Cristo, han alcanzado la verdadera libertad y la han manifestado hasta en condiciones de constricción exterior!” (Juan Pablo II, Redemptor Hominis).

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comentarios
  1. Marcus dice:

    La Iglesia no se hace el haraquiri, obliga a sus “capturados” que disiden a hacerse el haraquiri. La Iglesia católica es una secta llena de fanaticos cerrados de mente, de la que es muy dificil salir “bien”.

  2. El Señor està con nosotros hasta el final de los tiempos.

  3. Saludos Marcus, muchas gracias por comentar.

  4. Saludos Malourdese. De eso estamos muy seguros. Gracias.

  5. Andrés dice:

    La iglesia está en decadencia… quizá aún le queden siglos de vida pero tiene fecha de caducidad, por suerte.

  6. Anarel dice:

    La teología es fantasía, por tanto creer en fantasías como si fueran reales es una locura, algo propio de dementes y/o fanáticos que niegan la realidad y viven en un mundo ilusorio el cual tratan de hacer realidad por la fuerza.

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