Hay quienes confunden el derecho a una muerte digna con el derecho a morir

Publicado: 7 marzo, 2012 en Eutanasia

La Asociación Derecho a Morir Dignamente (ADMD) lanza una campaña que utiliza la imagen de los candidatos al Elíseo que se oponen a la legalización de una ayuda activa para morir: Nicolas Sarkozy, François Bayrou y Marine Le Pen. Así, se les incluye en un fotomontaje en el que aparecen sobre la cama de un hospital con la leyenda: “Señor candidato, ¿debemos ponerle en esta postura para hacer que cambie la suya sobre la eutanasia?”.  

El respeto a la vida es el fundamento indispensable de toda ética humana en cuanto que el derecho a la vida y la dignidad de la persona son el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de los derechos humanos. El respeto a la vida debe darse desde su comienzo hasta su fin, desde la concepción hasta la muerte. Ésta forma parte de la vida, en consecuencia, también debe ser digna. Sin embargo, hay quienes confunden el derecho a una muerte digna con el derecho a morir, cuando no suponen lo mismo, pues el derecho a morir es una tergiversación del derecho a la vida.

Debemos hablar en todo momento de derecho a una muerte digna y no de derecho a morir. Desde este punto de partida podemos plantear de qué manera puede la persona salvaguardar la dignidad durante el proceso de su muerte, más en un tiempo en el que el desarrollo de la medicina permite una determinada prolongación de la existencia. No obstante, el debate presentará un escollo tal vez inevitable para llegar al consenso deseado y necesario, pues si bien todos los hombres entienden que la existencia es una profesión que cada sujeto debe afrontar de modo personal – incluso la muerte – no todos consideran que la vida es un don de Dios. Este punto es absolutamente radical en cuanto que no todos otorgamos el mismo valor y la misma trascendencia a la vida del hombre.     

La muerte digna no es una mera teoría, es un hecho real y alguien expresa “quiero morir”. Qué podemos decir a esa persona que supere y de mayor sentido al desconcierto que producen sus palabras en nuestro interior. Quizá la mejor respuesta es el cuidado y la atención que ponen sus personas queridas con el fin de hacerle la vida más llevadera, más digna. Aún recuerdo, del tiempo en el que colaboré en una residencia de enfermos terminales, la sonrisa de esas personas, abandonadas por sus seres queridos, cuando recibían una visita, cuando alguien estaba por ellos. Iban a morir pronto después de una vida entera de un sufrimiento más radical que el de aquel buen hombre de quien filmaron una película titulada ‘Mar adentro’ y, sin embargo, la alegría de la vida se hallaba en ellos entendiéndola de un modo más absoluto del que hoy, yo, doy a la mía. Si vis vitam para mortem (Freud).

Porque la muerte forma parte de la vida morir con dignidad es requisito de toda ética humanitaria. Sin embargo, para morir con dignidad no son suficientes las condiciones sociales, sino que, fundamentalmente, es un ejercicio que incumbe a la misma persona: morir con dignidad depende de cómo se aborde la cuestión de la muerte durante la vida. El hombre es el único ser vivo que es consciente de su mortalidad y el único que puede reflexionar sobre ella. El morir es una dimensión de la vida que influye en el desarrollo de ésta, porque quien no recluye su propia muerte, que acontecerá en algún momento de su horizonte existencial, tiene otra actitud ante la vida bien distinta del que la obvia.

El vacío existencial es el factor decisivo en quienes postulan el derecho a morir – que es distinto a morir con dignidad –. Así, cuando se deshumaniza el sentido de la vida es imposible humanizar el sentido de la muerte – que sólo se percibe como una huida – y distinguir el caso de aquella persona que ciertamente morirá del de aquel que podría seguir viviendo.

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comentarios
  1. Balmes dice:

    Vaya, algunos quieren convertir a Sarkozy en un cadáver político. Primero fue la agencia AFP que hace hace dos semanas anunció “accidentalmente” su muerte en un accidente de tráfico. Ahora los defensores del derecho a morir lo ponen como moribundo en una cama.

    Creo que lo importante del tema es la distinción que haces: derecho a una muerte digna y no derecho a morir.

  2. Cristina Bec dice:

    Hay lectores del Izvestia (Público) que se entristecen porque Sarkozy no esté muerto de verdad. ¿Estos son los que defienden la dignidad de la persona desde su nacimiento hasta su muerte? Qué peligro.

  3. Fede dice:

    El vídeo que enlazas muestra que el 94% de los franceses defienden la eutanasia. Nunca la mayoría estuvo tan equivocada.

  4. Juan Pablo dice:

    La vida es de uno mismo dejémonos de entrometernos en la vida de los demás.

  5. Juan Pablo. El texto pretende invitar a una reflexión sobre el valor auténtico de la vida. El deseo de morir voluntariamente conlleva una consideración sobre ésta y no es otra que afirmar que el sentido de la vida nos supera. Quien se plantea la propia muerte es porque ha caído presa del sinsentido. Es tal el absurdo que uno aprecia en su existencia que uno mismo se siente extranjero en ella y desea escapar de esta sensación, liberándose de ella. Sin embargo, la persona no es consciente ni capaz de considerar que la idea de absurdo no está en la vida misma – en la realidad – sino en su visión del mundo. Por tanto, la solución más honesta no pasa por terminar con la vida, sino con terminar con ese frívolo pensamiento. Muchas gracias por su comentario.

  6. Marcelo dice:

    La muerte siempre tiene que ser lo más digna posible. Pero pretender la muerte de otro o la propia nunca es digno.

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