Jueces

Publicado: 5 marzo, 2012 en Religión

¿Cuánto cuesta llevar una persona a Cristo? Lamentablemente somos los propios católicos – me añado el primero en la lista – quienes, a diferencia del buen samaritano, cerramos la puerta de acceso a muchas personas; pienso en la alegría por el cierre de ‘Público’ por defender postulados contrarios al Evangelio. Sin duda es malo prostituirse por una ideología pero peor es despreciar al que blasfema y alegrarse de su tragedia. En nuestro rechazo del ateo, quizá con encono, olvidamos que Jesús acoge al pecador con la misma fuerza con que objeta el pecado.

No debemos olvidar nunca, porque Cristo nos lo enseña, que la persona es mucho más que su pecado, que sólo necesita la mano de alguien que le abra la puerta de la remisión. Algunos, que nos creemos especiales dentro del rebaño, olvidamos que los publicanos y las rameras llegan antes al Reino de Dios (Mt 21, 28-31), porque ellos no hacen suya la justicia divina erigiéndose en jueces, pues hay un solo juez que, a diferencia del hombre, ama a la persona mucho más que sus obras (Mt 20, 1-16): “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión” (Lc 15, 7).

¿Perdonaremos las ofensas sin límite (Mt 18, 22)? Los católicos somos discípulos sin embargo tenemos la tendencia a convertirnos en auténticos juristas, inclementes ante el pecado ajeno (Mt 5, 38-48), olvidando que somos “rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro y plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo” (1 P, 18-19). Razón por la cual pende de nuestro cuello un crucifijo y no el decálogo (Mt 15, 21-28). Somos afortunados, sin duda, pues nuestro Juez no será tan duro con nosotros como lo somos con los demás.     

     

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comentarios
  1. Enric dice:

    Cierto, a veces nos creemos jueces dueños de la verdad deseando que todos actúen como nosotros queremos.

  2. Saludos Enric, muchas gracias por comentar.

  3. A veces somos jueces muy duros con los demàs y olvidamos que no queremos ser tratados asì.

  4. Saludos, toda la razón Malourdeses.

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