La confianza, medicina contra el nihilismo

Publicado: 28 febrero, 2012 en Modos de vida

En ocasiones el hombre tiene la tendencia a ofuscar su horizonte, quizá porque la coyuntura es demasiado perversa o la dificultad demasiado diamantina para digerirla. Sin embargo por funesta y pétrea que resulte la realidad no es lo suficiente regia para disipar el alba. Tras el largo y constreñido camino por el que avanzamos siempre aparece el destello de luz en el horizonte que nos muestra que la vida, si bien es frágil y transitoria, goza de valor y sentido. El pensamiento del hombre puede ser nihilista pero su naturaleza ontológica y su identidad antropológica tienen un propósito y un destino, la trascendencia.

La levedad del ser es una sutil expresión construida desde la frivolidad. Uno puede convencerse de la inanidad de su propia existencia sin embargo no puede ignorar las consecuencias de esa estúpida decisión. Ante la pretendida falta de sentido, falta de valores absolutos y falta de causas últimas la nada, que debería ser el único valor perenne en el mundo, no logra su entronización sino que se ve relegada y mancillada por el entendimiento y la voluntad del hombre que se conoce a sí mismo y se atreve a responder con su obrar siguiendo su muy particular modo de ser. Trata de dar respuesta de sí mismo para alcanzar la propia plenitud y para ello se dirige en busca del sentido y de la verdad.

La vida nos es dada previamente, si la aceptamos como el don que es, estamos en disposición de conocer su razón, su sentido y su trascendencia. Podemos situarnos en el camino y apuntar hacia su horizonte. De este modo, confiados por el amor a la verdad desaparece la náusea tantas veces descrita y aconsejada, el desierto se torna cauce y el sinsentido propósito y destinación. La vida cobra seguridad, la realidad su valor fundamentado en un principio absoluto y la verdad se revela a sí misma libre de interpretaciones dogmáticas. ‘Confiados’ en la verdad, que hermosa e insigne palabra base y fundamento de nuestra existencia. Si la fe y la razón, dice Juan Pablo II, son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad, la confianza es su impulso.

Hasta Nietzsche, desbordado por una confianza radical con la realidad y consciente de su devenir existencial, exclama a Lou Andreas Salomé: “¡Confíe usted en mí! ¡Fiémonos uno de otro!” (A su “querida amiga Lou”, cit. en C.A. Bernoulli, Franz Overbeck und Friedrich Nietzsche. Eine Freundschaft I, Jena, 1908). El conocimiento se inaugura en la apertura confiada hacia la realidad y en última instancia remite al encuentro confiado con Dios. La existencia empuja siempre no a la inanidad sino a entrar en relación con el mundo, con los demás y con la verdad con una disposición de entera confianza porque la vida y su sentido no pueden resolverse mediante la pura reflexión.

Wolfgang Stegmüller (Metaphysik-Skepsis-Wissenschaft,1969) señala con acierto que en ningún campo, ni en la ciencia misma, “es posible una autogarantía del pensamiento humano”, que “la cuestión de la evidencia es absolutamente insoluble” porque “todos los argumentos a favor de la evidencia representan un círculo vicioso y todos los argumentos en contra de ella una contradicción interna”. Sólo se puede tener ‘fe’ en la evidencia. “si no creyera en la evidencia, no debería siquiera intentar argumentar”, es decir, “hay que creer en algo para poder hablar siquiera de saber y de ciencia”. En definitiva, en la ciencia impera la hipótesis, comprobada hasta cierto punto; y en la hipótesis, ¡oh, sorpresa!, siempre hay que aceptar, de antemano, con confianza y fe, ciertos enunciados como teoremas que pueden demostrarse a posteriori. La religión parte de la certeza de que el hombre es criatura, de que hay un Dios que le crea y el cual le invita a participar de su plan. Aceptar la invitación de Dios depende de ti.  

Imagen: Reuters.

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comentarios
  1. Alonso Guerra dice:

    El antídoto de todos los males es la oración; la meditación profunda para establecer una relación con Dios y, así, afrontar la verdadera batalla de la Vida.

  2. Si no confiamos los unos en los otros, que queda. LA NADA.

  3. Saludos Alonso. Como dice San Josemaría, la acción nada vale sin la oración.

  4. Saludos Malourdese. Totalmente de acuerdo. Es en colaboración que los hombres alcanzan su mayor bien. Gracias por su comentario.

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