Siria, el fracaso de todo auténtico humanismo

Publicado: 27 febrero, 2012 en Conflictos bélicos

La guerra es un flagelo que no representa nunca un medio idóneo para resolver los problemas que surgen entre las naciones. La mezquindad de un presidente que se erige en tirano y manda el ejército contra su propia sociedad es la barbarie que consumimos todos los días durante el telediario. El 15 de marzo de 2011 comenzaron las revueltas en Siria. Desde aquel día los noticiarios transmiten la historia de un país atrapado en un ciclo de protesta, sufrimiento y muerte (6.399). Historias reales de personas cuya vida depende del error de la bala de un francotirador o del sorteo de un obús.

Siria es una Babel de grupos étnicos – los suníes constituyen el 70% de una población compuesta también por cristianos (10%), chiíes alauíes (10%) y una minoría de palestinos, armenios y kurdos (10%) – gobernada por la minoría chiita (secular). Sin embargo, a diferencia de Egipto (Mubarak) y Túnez (Ben Ali) Bashar Al-Assad cuenta con bastante popularidad y dirige un ‘gobierno familiar’ carente de infidelidades y exento de una contundente oposición – en Siria los Hermanos Musulmanes (islamistas) no cuentan con la misma fuerza que poseen en Egipto –. Además, si esto no es poco, goza de una estrecha relación con el gobierno iraní de Mahmud Ahmadineyad, circunstancia que provoca que Estados Unidos e Israel, al margen de establecer sanciones económicas, mediten bien toda posible acción contra Siria.      

Así, pronto llegaremos al año del comienzo de las protestas. Nadie cede, el ciclo continúa: a las protestas responde la acción militar – cada vez más intensa y contundente – y mientras escala la cifra de civiles muertos, sobre todo en la ciudad de Homs. ¿Lo peor de todo? Que no todos los sirios desean el fin del régimen de Al-Assad. Damasco, la capital, es el mejor ejemplo. Permanece tranquila, indiferente, aunque la ausencia de turistas delata la realidad. Sin embargo desea que nada cambie porque el cambio supondrá la islamización de Siria y para muchos la pérdida de determinados derechos. Pero en Damasco existe también otra realidad más miserable a juicio de quien no se halla en el escenario, la de aquellos que callan y otorgan por miedo, quizá el mismo miedo que llevó a muchos alemanes a consentir el régimen nazi. Al-Assad ni se irá ni negociará. Así que por el momento los rebeldes – el Ejército Libre de Siria –, mal armados, se encuentran solos y desprotegidos – al margen de la presión diplomática de Naciones Unidas – ante un enemigo cada vez más gigante que cuenta con la ayuda de Irán, Rusia y China.

¿Cuándo se detendrá esta masacre inútil?, ¿cuándo entenderá Occidente que su diplomacia y lo que acontece en Siria es el fracaso de todo auténtico humanismo? Cada muerte de un hombre sirio, de una mujer siria, de un niño sirio es también la muerte y la derrota de la humanidad. Es necesaria una condena activa de los crímenes que comete el régimen sirio contra su población: “Desde luego, la guerra no ha sido desarraigada de la humanidad. Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pacíficos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho de legítima defensa a los gobiernos. A los jefes de Estado y a cuantos participan en los cargos de gobierno les incumbe el deber de proteger la seguridad de los pueblos a ellos confiados, actuando con suma responsabilidad en asunto tan grave. Pero una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones. La potencia bélica no legitima cualquier uso militar o político de ella. Y una vez estallada lamentablemente la guerra, no por eso todo es lícito entre los beligerantes” (Constitución Pastoral Gaudium et spes).

Cuántas guerras descubrimos mientras digerimos la comida y los telediarios y cuántas guerras ignoramos. Urge la necesidad de una auténtica autoridad universal y libre reconocida por todas las naciones que sea garante de la justicia y de los derechos en todo el mundo, que se esfuerce con honestidad para eliminar todo atisbo de iniquidad, que trabaje con ahínco con el fin de deponer los odios existentes entre países y etnias. Mientras esto no ocurre ni parece que vaya a acontecer los cristianos tenemos el deber, por vocación, de comunicar y de proponer el mensaje apostólico con el fin de remover los corazones de los hombres y de anunciarles la salvación en Cristo. No podemos detener la guerra, pero podemos comunicar la vocación del hombre al amor.

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comentarios
  1. Negro dice:

    Es lamentable lo que ocurre en Siria donde luchan hermanos contra hermanos. Pero más de lamentar es saber que muchas de esas armas proceden de Europa (sí, de antes del veto de la UE de 2011).

  2. […] planteándose qué hacer según intereses que poco tienen que ver con los derechos humanos. Siria es la casa del horror. 20.000 civiles permanecen confinados en el barrio de Baba Amr (Homs) […]

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