Mónica Roa, defensora del aborto sin restricciones y del absolutismo de la Constitución

Publicado: 22 febrero, 2012 en Aborto, Antropología, Ética y Moral

La señora Mónica Roa es la abogada que lideró la despenalización del aborto en Colombia. Desde mayo de 2006 el aborto no está penalizado en ese país cuando el embarazo constituye un peligro para la vida de la madre, cuando existe una grave malformación del feto y cuando el embarazo es fruto de una violación. Sin embargo, la señora Roa considera que el aborto no sólo debe ser legal en estos casos extremos sino en cualquier momento pues el aborto, considera, es una realidad indispensable para ayudar a la mujer.

Es evidente que para la señora Roa, directora de programas de  Women’s Link, la vida de la madre es muy importante. La vida de toda madre es importante. No obstante no le parece igual la vida del hijo nonato cuando considera que el aborto no debe tener límites y debe incluir el caso en el que el embarazo afecte la salud psíquica de la madre. Por qué acierta en dar tanta importancia a la vida de la madre y en cambio se equivoca en negársela al hijo no nato.  

Para entender este galimatías es importante saber que esta señora es una incesante defensora de la distinción entre vida pública y privada. Esta distinción no se dirige a la estética separación Iglesia-Estado sino a la moral. Dentro de su lógica considera que los derechos de la persona se hallan al margen de la moral y que los fundamenta la Constitución – y no la misma persona –. Aniquilar la moral es el verdadero peligro que corre la dignidad de la persona en cuanto la Constitución no es un absoluto que pueda fundamentar sus derechos. El peligro no es el embarazo sino una sociedad que actúa al margen de la moral.   

Es incuestionable que la Constitución no es un absoluto en cuanto depende del consenso, de la voluntad humana que decide qué es derecho y qué es legal. La Constitución recoge derechos y leyes inmorales que atentan contra la persona, como el aborto. Es necesario señalar que la persona humana es el fundamento del derecho – y no la Constitución – y que el derecho a la vida y la dignidad de la persona son el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de los demás derechos, entre ellos la libertad, que tanto demanda la señora Roa. Así es. Los derechos de la persona no los crean ni la voluntad misma, ni el Estado ni su amada Constitución, sino que la tarea de estos estos es reconocer, respetar y tutelar los derechos que corresponden al ser humano mismo, a su verdad y a su bien en los que reside su realización como persona.    

No hay derecho sin persona. La Constitución no puede ser fundamento del derecho cuando niega la vida humana en determinados casos. La vida es el primer derecho y es la fuente de todos los restantes, que se ordenan a la vida y a su dignidad como los medios con respecto al fin; es decir, todos los restantes derechos tienen como finalidad el reconocimiento de la vida, la dignidad de la persona y su realización como tal. Considerar la existencia del derecho sin el reconocimiento del derecho a la vida – y el consecuente reconocimiento de su dignidad – supone una flagrante desnaturalización del mismo. Si el ser humano no es el fundamento del derecho éste se convierte en una realidad no razonable sujeta a la volubilidad del consenso sociopolítico del momento que, a capricho, establece lo que es justo: abortar ante cualquier supuesto. Por tanto, es necesario reconocer y respetar que el derecho positivo descansa sobre el derecho natural. Ahora bien, una sociedad que no posea conciencia del derecho natural sólo podrá ser una sociedad inhumana, injusta lógicamente, aunque se ordene democráticamente.     

La distinción y la separación entre lo público y lo privado no es baladí, pues índice, de modo directo, sobre la libertad del ser humano en cuanto confiere a la ley un grado de inquebrantable superioridad. Y es así porque la distinción conduce a un desdoblamiento del obrar humano, que es el mismo sujeto que procede en la vida pública y en la vida privada que se ve cercenado ante la obligación de proceder de modo distinto según el ámbito de actuación. Esta escisión procede en el ámbito del obrar, cierto, pero el obrar siempre sigue al ser, motivo por el cual es el ser que ejecuta las acciones a quien afecta dicha merma. En este sentido, existe un real absolutismo del Estado hacia el individuo en cuanto él y su desarrollo como individuo en lo privado deben ceder sobre lo público.

¿Lo público busca el bien común cuando subordina al hombre y su desarrollo como persona al dictamen de la ley – pública –? La distinción entre vida pública y privada conduce al mismo tiempo a la pérdida y al olvido de la moral y la ética absoluta que permiten orientar los actos humanos colectivos. Esta perdida de una ética que se funda en lo absoluto conduce, por parte del Estado, a la creación de unos fines propios, contingentes y arbitrarios. La pérdida de una moral fundada en lo trascendente y absoluto conlleva, también, el naufragio del sentido y fin de la persona misma convirtiendo en ello la vida política – moral – en una mera vida social reglada por el dictamen de la ley. La vida y el obrar del hombre no tienen como horizonte a Dios sino al Estado. Así se olvida, pues, que es la persona y no el Estado quien fundamenta el derecho. Se olvida que la dignidad y el desarrollo de la vida de la persona desde su comienzo son el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de los derechos y la razón de la existencia de la vida política.

Es necesario mostrar que la política no puede separarse de la ética como hace Maquiavelo, que reduce a ésta a un asunto estrictamente privado. No es la Iglesia, si ese es su temor, la que se inventa la moral. La moral está inscrita en la identidad ontológica y antropológica del ser humano. Urge la recuperación del binomio ética-política, inseparables en el pensamiento griego y medieval. La ética no puede reducirse a una cuestión estrictamente privada desterrada del asunto público, que avanza al margen de ella con sus propias leyes: la acción política debe estar ligada a la ética de lo contrario es imposible juzgar las acciones humanas – políticas – en el ámbito público. La política, aunque pese a algunos, es una extensión en el seno de la sociedad del sentido teleológico del hombre – el fin del hombre es el fin de todos los hombres: el bien –. Así, el fin del hombre es el mismo para la humanidad.

La praxis política – la fundamentación de mis derechos y de los derechos de la señora Roa – no depende tanto de su carácter público como de su corrección moral. Esto es evidente en cuanto que nadie tolera la vida en un mundo privado de justicia, una virtud que es un derecho humano (Hannah Arendt). La política no puede desprenderse de su sentido teleológico, debe entenderse en términos de medios-fin en cuanto que el hombre – zoon politikon – se asocia no sólo para vivir sino para vivir bien en vistas a su plenitud y no por otro motivo. Este es el fin de la política: el bien común. Si hay bien común la justicia vendrá por añadidura. Pero quizá algunos no quieran el bien común sino un falso bien personal, que conquistan al separar el carácter moral y el sentido teleológico de la política.

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comentarios
  1. Cristina Bec dice:

    Abortar es un deber constitucional viene a decir esta letrada. Esto si que es una transvaloración del derecho de la persona.

  2. Saludos Cristina. Cuando apartas de tu vida la moral todo lo inmoral se realiza. Gracias por comentar.

  3. Sigfrid dice:

    Una entrada muy larga, pero muy importante de leer. Hay argumentos, como el de esta mujer, que se caen por su propia trivialidad. Gracias por escribir así de claro, Joan.

  4. Saludos Sigfrid. Creo que es importante contratacar determinados pensamientos nocivos como el de esta señora, que en el fondo es el pensamiento de no poca gente. Gracias por comentar.

  5. Diego dice:

    El aborto es un homicidio, y esta es una afirmación real y no subjetiva de libre interpretación. Hay muchas mujeres violadas que han tenido a sus hijos porque ante un mal no se puede responder con otro mal sino con un bien, con amor.

  6. Claudia dice:

    Se dice que nadie debe imponer sus creencias a los demás, ¿pero hablar de aborto, aconsejar el aborto no es imponer?

  7. Manuel Esquivel Urbina dice:

    Esto no es imposición es de conviccion ,es palabra de Dios!!!139:13 Porque tú formaste mis entrañas;
    Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
    139:14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
    Estoy maravillado,
    Y mi alma lo sabe muy bien.
    139:15 No fue encubierto de ti mi cuerpo,
    Bien que en oculto fui formado,
    Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
    139:16 Mi embrión vieron tus ojos,
    Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
    Que fueron luego formadas,
    Sin faltar una de ellas.
    139:17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
    ¡Cuán grande es la suma de ellos!
    139:18 Si los enumero, se multiplican más que la arena;
    Despierto, y aún estoy contigo.
    139:19 De cierto, oh Dios, harás morir al impío;
    Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
    139:20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti;
    Tus enemigos toman en vano tu nombre.

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