¿La opinión ajena? Jesucristo

Publicado: 19 febrero, 2012 en Pensamiento

Lo que uno piensa de sí mismo está lejos de lo que uno es en realidad. En una época en la que se da una excesiva importancia a la imagen la opinión que los otros tienen de uno goza de una trascendencia que cruza el patetismo. Nada más ridículo que el esfuerzo por gozar de la favorable opinión ajena cuando en sí no es condición esencial para la felicidad. “Vanidad de vaninades” (Qo 1, 2) si el aplauso consuela el alma y el reconocimiento se torna el más valorado bien. Qué dramático el devenir del esclavo de la opinión porque aquello que le anima y reconforta es tan mezquino como la infame actitud para alcanzarlo.

¿Feliz por quién eres o por lo que tienes? Lo que somos para los demás, a priori, debe resultarnos indiferente en cuanto que en ellos no se halla más que otro hombre presa de la misma contingente futilidad. En sus mentes no burbujea ninguna idea mayor que deba entenderse a modo de fin último hacia el cual dirigir la existencia. Nuestra felicidad, es obvio, no se halla en la opinión ajena, pues ésta cuando deja de ser canon y toda su importancia se diluye se torna despreciable e iracunda, capaz de blasfemar, incluso, sobre los primeros principios y las causas últimas por las cuales sí es merecido todo respeto porque en ellas se encuentra la verdadera felicidad que da plenitud a nuestro ser.  

Fama, pompa, reconocimiento son falsos bienes en cuanto pueden desaparecer o sacrificarse por aquellos que lo son en realidad: la verdad, el bien y la belleza. La felicidad se encuentra en estos principios trascendentes y se hace evidente en cuanto que uno es lo que es en sí mismo y no por lo que digan o requieran los demás. Cuando la única meta es glorificarse en la opinión de los hombres la existencia se torna una real necedad, algo muy común en nuestros días. Es tarea nuestra distinguir, de entre la volubilidad y el error de nuestros pensamientos, que el único a quien hemos de subyugar la existencia es Aquel que conoce el fin de todos los caminos. Sí, Jesucristo; la verdad, el bien y la belleza; el absoluto hacia el cual se dirige nuestra ontológica naturaleza. Nada hay que merezca nuestro sacrificio existencial salvo Jesucristo, pues ni el dinero ni la gloria pueden devolvernos la vida después de la muerte. Sólo Él.

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comentarios
  1. Jaume dice:

    Muy buen escrito para reflexionar. El hombre necesita conocerse a sí mismo, mirar hacia su interior y mirar con distancia el mundo de las realidades contingentes. El hombre necesita construir su propio camino desde sí mismo siendo conciente que este camino pasa por y con Cristo.

  2. Saludos Jaume. Muy importante lo que señalas. El hombre debe conocerse a sí mismo mirando en su interior para reconocer su identidad antropológica fundamentada en Cristo, que es el verdadero modelo de hombre.

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