Cuando ser ‘muy mono’ no es una simple metáfora

Publicado: 13 febrero, 2012 en Antropología

¿Qué nos hace humanos? ¿Qué nos diferencia de los chimpancés? Puede que sea seguramente muchos años de evolución, y que en un futuro, como proponía la película de ciencia ficción “El planeta de los simios” podría ser que vivamos junto con ellos en una sociedad”. Pablo González, estudiante de primero de bachillerato, responde con estas palabras a una pregunta planteada en el blog de su profesora. Ahora que hemos deshumanizado al hombre hasta el punto de pensarlo como uno más de los seres vivos que se encuentran en la naturaleza llegamos al punto en que se diviniza al resto de vivientes otorgándoles una extraordinaria inteligencia, al borde de la racionalidad, y unos sentimientos y emociones que invitan a aparentarlos con nosotros.

Aunque la diferencia genética entre los hombres y los grandes primates sólo sea del 2% entre éstos y nosotros hay una gran distancia: el hombre es capaz de conocerse a sí mismo. El hombre tiene una segunda naturaleza, la cultura (Paul Ricoeur), que le convierte en un animal admirable (Pico della Mirandola): es capaz de contemplar el universo y reflexionar sobre sí mismo. El hombre es un ser no-acabado, no perfilado completamente, en él esta la posibilidad de humanizarse, de portarse como un dios o como una bestia (Aristóteles). En cambio, los demás animales están marcados por una naturaleza fija que les determina desde el momento mismo de su nacimiento.

Sin duda, el hombre es un animal con un peso biológico que no puede desechar, pero es más que un mono desnaturalizado (Jean Rostand). El animal realiza con gran perfección lo que hace por instinto, pero ni sabe lo que hace ni cómo lo hace, es decir, no tiene que elegir ni el fin ni los medios que le impone la naturaleza. El animal actúa sin tener conocimiento reflexivo de la finalidad de ese instinto. En cambio, el hombre posee un conocimiento consciente y reflejo del fin de ese instinto, y como además es capaz de proponerse fines con independencia de los instintos, puede educarlos. El animal no puede modificar sus instintos, el hombre sí. El comportamiento del primero es exclusivamente instintivo, el del segundo racional y libre. El primero se limita a la satisfacción de su instinto (conservación y reproducción), el segundo añade finalidades más altas al instinto: la cultura, la moral, el arte, etcétera, por la sencilla razón de que capta el valor objetivo de la realidad.

Mi opinión es que la evolución seguirá acentuando estas similitudes de los primates más “desarrollados” con los humanos y llegará el momento en el que las diferencias con el ser humano sean casi irreconocibles, o en caso de que lo fuesen, difícilmente reconocibles”. Ante esta declaración de Cristina Rodríguez, también de primero de bachillerato, grito: ¡El horror! ¡El horror! Ante la antropología que muestra su inteligente profesora de filosofía, que destroza la irreductibilidad de la persona humana al mundo meramente animal.

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comentarios
  1. Nacho dice:

    Tu antropocentrismo totalmente desfasado. Ni los animales están tan marcados por una naturaleza fija, ni los seres humanos nos escapamos tampoco de nuestra naturaleza, como si tuviéramos un ser dualista con un alma independiente de nuestra biología.

  2. Miguel C. dice:

    Hay quienes dicen, a ultranza, que el hombre no es más que un animal simplemente mejor evolucionado. Esta profesora señala que los primates no son humanos, pero en su mensaje no acaba de mostrar qué diferencia radical es la que hace que esos a quienes llama ‘parientes’ no sean humanos.
    Además del rasgo biológico, está el cultural. Sería mucho pedir que un animal saltase sus limitaciones biológicas para hacer suya la cultura del hombre. Son objetivas las radicales diferencias del hombre con los animales, pues estos, como bien indicas ni son racionales ni son libres. Pueden llamarnos animales desnaturalizados pero atendiendo a esta diferencia absoluta.

  3. Anna dice:

    Qué hay de humano en la imitación que hace el primate enjaulado del hombre.

  4. Mariano P. dice:

    Muy buena reflexión. Espero poder aportar un poco a lo que dices. Pienso que se minimiza la diferencia entre el hombre y el animal al mismo tiempo que se reduce la inteligencia a materia organizada, como si ésta tuviera la capacidad de reflexionar y actuar. Esto no es evolución sino darwinismo, y es un craso error.

    ¿Se puede mantener con rigor que no hay diferencia esencial entre el hombre y los grandes primates? La vida, dicen quienes deshumanizan al hombre, es fruto de la potencialidad de la materia, hecho que no requiere la presencia de los primeros principios ni de causa última; aunque no haya justificante científico para ello se niega la trascendencia del hombre. Bien, si el hombre es sólo un momento del proceso evolutivo, si cabe reducir su conciencia a causas físicas o encontrarla ya en los animales (e incluso en el caldo primordial), entonces el fundamento de la especialísima dignidad humana se evapora (su ontología), pues no sería más que un sofisticado fragmento de materia.

    Es importante señalar que el estudio de la conducta animal puede llevar a un cierto antropomorfismo reduccionista cuando uno se encuentra bañado por todos sus poros de las teorías darwinistas existentes. El animal vive incrustado en su ambiente, que lleva estructurado consigo mismo a donde quiera que vaya; está sumido en la realidad biológica, biunívocamente correspondiente a sus estados orgánicos, sin aprehenderla nunca “objetivamente”. En cambio, el hombre es autónomo frente a los lazos y la presión de lo orgánico. Sólo el hombre es propiamente un sujeto, precisamente porque sólo él es capaz de elevar los impulsos a la categoría de objetos. Puede aprehender la manera de ser misma de esos objetos, sin estar limitado a un medio fijo o a un nicho ecológico.

    El hombre está abierto al mundo. Como bien indicas tiene la capacidad de conocer los objetos en cuanto tales, es decir, como algo distinto del sujeto que se enfrenta con ellos. Así, la conducta humana trasciende los esquemas espacio-temporales a los que, por su condición psicosomática, permanece sin embargo ligada en cierta medida. La representación gráfica que tal “status” sería la de una línea helicoidal. En un primer nivel, apenas se distancia del plano de las necesidades biológicas, a cuyas exigencias se somete. Pero la misma forma en que resuelve estos problemas, le sitúa en el ámbito de los objetos mismos, lo cual le abre una serie ilimitada de posibilidades, que trata de alcanzar escalonadamente en su biografía personal y en el curso de los acontecimientos históricos.

    El hombre es un animal a la vez biológico y biográfico. En cuanto que es biológico, tiene una naturaleza animal. En cuanto que es biográfico, tiene historia. El hombre nunca está plenamente adaptado a un ambiente: tiene que construirse su propio entorno. La vida, para él, no es un desarrollo sino una tarea.

  5. Ya sabes que estoy en completo desacuerdo pero no voy a discrepar sino a dejarte un enlace a un buen resumen de las habilidades lingüísticas de otros primates “http://zonadecaos.com/Blog/?p=413” creo que, independientemente de tu opinión, te resultará interesante.

  6. Saludos Cayetano. Daré un vistazo al enlace y ya te comentaré. Gracias.

  7. Si el lenguaje es toda forma de comunicación y de transmisión de información mediante signos, los animales sí poseen cierto ‘lenguaje’. No obstante, el lenguaje en sentido estricto – no lo digo yo sino el señor Sapir, uno de los grandes de la lingüística contemporánea – es un “método específicamente humano, no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada” (E. Sapir, “Language”, 1921).

    El ‘lenguaje’ animal es producto del instinto fijo que les determina; es icónico, hay una relación simple, directa y constante entre el signo y el mensaje – el signo representa siempre y sólo el mismo mensaje); siempre refiere y transmite un determinado estado orgánico del individuo, y es limitado, es decir, emite un número fijo de mensajes siempre iguales. En cambio, el lenguaje humano es convencional, cultural, la relación entre el signo y el mensaje es arbitrario y modificable, puede referir a una realidad objetiva y no a la propia subjetividad que es el caso exclusivo en el animal. Evidentemente, el lenguaje humano es ilimitado.

    Los animales, los grandes primates, se pueden comportar de manera muy humana, como bien dice Schopenhauer, pero desconocen el principio interno que lleva a ese comportamiento, con lo que dejan traslucir su naturaleza irracional.

  8. Saludos Mariano. Muy interesante lo que apuntas desde el primer párrafo, que es capital para entender la ontología del ser humano y su radicalidad con respecto a los animales. Gracias por comentar.

  9. Saludos Anna. No hay absolutamente nada. El hombre para el animal es como Dios para el hombre: el radicalmente otro. Gracias por comentar.

  10. Saludos Miguel. Muy buen apunte. Los primates pueden ser entrenados en un circo, pueden imitar ciertos comportamientos humanos, pero no pueden hacer suya esa humanidad. Gracias por comentar.

  11. xdsl2000 dice:

    Tanto Pablo como Cristina, presuponen que el hombre deja de evolucionar o lo hace más lentamente que los simios, por lo que las consideraciones posteriores creo que carecen de sentido; además si lo basamos en los genes que compartimos, con las ratas tenemos tan sólo un uno por ciento de diferencia, quizá sea con ellas con quienes acabemos compartiendo esta maravillosa sociedad.
    El dia menos pensado decir ” no seas rata ” o ” qué mono es ” acabarán siendo términos xenófobos.

  12. Saludos Xdsl2000… no lo digas muy alto que pueden oírte.

  13. Mire Joan, cualquiera puede tener su idea de lo que es un ser humano o que significa ser humano, no voy a entrar a discutir esto, pero he leído algunas cuestiones que, desde un punto de vista objetivo, me gustaría aclarar:

    Los primates superiores y, más concretamente, en los chimpancés (y en mayor medida en los bonobos) se han observado las siguientes cuestiones:

    * Poseen conciencia de si mismos (esto no es nada extraordinario, se ha demostrado para muchos animales con un sistema nervioso mucho más simple).

    * Tienen suficiente empatía (ponerse en el lugar del otro) como para engañar y para “compadecerse” (me refiero a acariciar, consolar, cuidar pero lo pongo entre comillas para determinar que no tengo inconveniente en aceptar otro termino) al que ha sido agredido o ha resultado dañado.

    • Resuelven problemas (aproximadamente con la habilidad de un niño de siete años, por poner una cifra), crean herramientas para resolver los problemas y las transportan de un lugar a otro.

    • Diferentes grupos poseen diferentes formas culturales de modo que se puede distinguir a sus componentes por ellas; consisten en la adquisición de conocimientos más o menos útiles que transmiten a sus descendientes y que estos aprenden por observación e imitación (algunas son tan curiosas como los apretones de manos por encima de la cabeza o danzar bajo la lluvia).

    • Tienen la suficiente habilidad mental para emplear un lenguaje, inventar nuevas palabras y realizar asociaciones con ellas; de cualquier modo de forma suficientemente habil para comunicarse con un “se humano”

    En cuanto a la evolución, he leído una idea algo confusa al respecto: No se puede ser más o menos evolucionado ya que no existe ningún indicio que permita suponer una dirección; de hecho se pueden describir especies cuya evolución se ha producido hacia una mayor complejidad y otras en las que el proceso se produjo hacia una mayor simplicidad. Esto es así porque la evolución es un proceso de adaptación al entorno y, por lo tanto, la supervivencia (o el valor absoluto del cambio) depende también del entorno.

  14. Saludos Cayetano.

    Disculpe. Es evidente que cualquiera puede tener su opinión (idea) de lo que es un hombre, pero eso no quiere decir que sepa lo que es un hombre. Me dice, desde un punto de vista objetivo (eso es lo que más me sorprende) que los grandes primates, en especial el chimpancé, poseen conciencia de sí mismos. Imagino que sabe lo que dice y la extensión que tienen sus palabras porque tener conciencia de sí mismo supone, entre otras mayúsculas posibilidades, la capacidad de formularse preguntas cómo ¿cuál es el origen de mi autorreflexión?, ¿existe Dios? o ¿cuál es el sentido de mi existencia?; y la capacidad para elaborar respuestas que sean racionales, que estén debidamente argumentadas y que sean empíricamente fundamentadas es, sin lugar a dudas, una de las características de tener conciencia de sí mismo, realidad que nos singulariza frente a todos los animales, y nos convierte en únicos en toda la realidad física. Así pues, apreciado señor Cayetano es momento de rebajar la alta estima del intelecto del chimpancé, pues sólo el hombre hace ciencia y filosofía porque se pregunta sobre el mundo, sobre sí mismo y sobre Dios. Y desde luego no me diga, objetivamente, que hay tipos de conciencia de sí mismo.

    Muchas gracias por comentar.

  15. No, yo no pretendo decir que hay tipos de “conciencia de si mismo” lo que digo es que solo hay una forma objetiva de comprobar su existencia y es cuando el resultado de una conducta (ya que los procesos intelectivos no son observables y por lo tanto son imposibles de objetivar pero las conductas simples si) muestra que se tiene conciencia de ser un individuo diferente del entorno. Los experimentos que demuestran esto se fundamentan en variaciones del experimento del espejo que, (explicado de de forma extremadamente simple) consiste en exponer al sujeto, por primera vez, ante un espejo con una marca o señal sobre su cuerpo y observar si comprende que la señal está en su cuerpo y no en el individuo del espejo.

    Un modo indirecto de comprobar la conciencia de si mismo es la empatía, ya que uno no puede ponerse en el lugar del otro si no entiende que es otro y, de hecho, es algo de lo que carecen los niños hasta aproximadamente los tres o cuatro años. Pues bien, los chimpancés han demostrado sobradamente poseer un alto grado de empatía, la suficiente como para engañar, alcanzarnos un objeto al que no llegamos (si ven que intentamos hacerlo), consolar al que ha sufrido un daño (especialmente si ha sido agredido) o no compartir comida con quien no la ha compartido anteriormente con ellos y compartirla en cambio con quien si lo ha hecho.

  16. Miki dice:

    Cayetano. El animal no tiene capacidad de reflexión, de autoconocimiento. No posee un conocimiento que le permite distanciarse de la realidad, capacidad exclusiva del humano, que es capaz de conocer lo otro como otro. Un perro, por ejemplo, es cierto que conoce qué es un hueso y quién es su amo, pero se sitúa siempre en función de sus necesidades; ante el hueso no se plantea el no comerlo para ponerse a dieta. El animal no tiene conciencia de sí mismo, de reflexionar, de conocerse porque no tiene la capacidad de generar conceptos. Un primate no puede detenerse ante un plátano y contemplarlo, mucho menos ‘dibujar’ un ensayo sobre la realidad del plátano, como mucho puede comérselo o dejarlo. Ve el plátano en función de su interés pero no ve el plátano por sí mismo.

  17. Miki, los chimpancés al menos, son capaces de emplear conceptos, Lucy (Roger Fouts) se refirió al melón como “bebida caramelo” la primera vez que lo probó y Washoe (Allen y Beatrice Gardner) empleaba para la sandía “fruta bebida” (por poner dos ejemplos). Y en cuanto a la reflexión, pueden resolver problemas simples (empalman palos, apilan cajas) o complicados como el, muy conocido, problema del cacahuete en el tubo de ensayo (me refiero a ese en el que sólo se dispone de agua para sacarlo haciéndolo flotar).

    Por lo demás, en cuanto a la autoconciencia ya lo he explicado (no lo voy a repetir) y, en cuanto al resto, quizá porque yo no dispongo de la información necesaria, su pretensión de que conoce de forma tan indudable lo que puede o no pensar un perro o un chimpancé me parece aventurada.

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