La ideología no es la moral señor Rubalcaba

Publicado: 9 febrero, 2012 en Ética y Moral, Política

Cuando Marx analiza el término ideología emplea la metáfora de la inversión de la imagen en un cuarto oscuro. La ideología es la producción de una imagen invertida de la realidad. Es decir, es una falsificación que se arma a través de la representación imaginaria que forman los hombres de la vida real. El peligro real acontece cuando la ilusión suple la realidad y se transforma en la justificación de la praxis. La ideología, la izquierda, de modo especial, tiene por objeto la generación de una nueva sociedad surgida de los escombros del cristianismo. En otras palabras, es una especie de fuerza redentora que libera a la humanidad de su opresión y marca el rumbo de un mundo nuevo en el que se produce la transmutación de la moral, dándose luz a políticas coercitivas y contrarias a la dignidad de la persona.  

La derecha nos está metiendo ideología por un tubo porque los datos económicos no son buenos. Si no, no se explica esta especie de ataque al aborto, al matrimonio homosexual, a la Educación para la Ciudadanía; este retroceso en años“, señala el señor Alfredo Pérez Rubalcaba. En tiempos de Aristóteles, también en los de Tomás de Aquino, quien más quien menos escribía y hablaba porque tenía algo que decir; hoy ocurre lo inverso, encontramos millones de páginas y de voces que poco tienen que aportar pero que se empeñan en hablar de todo sin sospechar de su torpeza, con lo que sólo ayudan a confundir más la realidad. El debate ‘intelectual’ y el político se empantanan de posturas pseudoéticas situadas en planos diferentes que sólo sirven para generar confrontación. Esta falta de conocimiento de la moral y la existencia de un principio que la fundamenta lleva a la idea de pensar que la ética, que no es ideología, se arma del mismo modo que un rompecabezas, pero en este caso sin la existencia de un modelo patrón que es causa sui.

Es evidente que si no se acepta que la realidad y el hombre tienen un propósito cualquier sistema ético no es más que la edificación de una fabulosa construcción sin puertas ni ventanas. El hombre tiene un telos y es esa Causa Prima – Aquinate – o bien último – Estagirita – hacia el cual tiende por su propia naturaleza ontológica y que es objeto de su conocimiento y de su amor. Sin embargo, si en el hombre existe el convencimiento de la existencia del mal objetivo no acontece la misma rotundidad con respecto al bien, que más que objetivo tiene una presencia marcada por el relativismo en el entendimiento. Las mismas leyes humanas fundamentadas en la voluntad autónoma se basan en la doctrina ética que afirma que el acto moral más aceptable es el que escoge el mal menor entre todas las elecciones que presenta la inteligencia. Por qué ocurre esto. Es sencillo de explicar, ya no tanto de entender. Bien decía Hölderling que el hombre moderno ya no tiene pasión por la verdad objetiva, sino que sumiso y subordinado por el peso de la ideología discierne que la verdad es aquello que defiende la mayoría o la mayoría de los que piensan del mismo modo. Sin embargo, y de eso ya nos advierte Machado, la conducta ética no es correcta por estar establecida por la mayoría, sino por ser coherente y respetuosa con la lógica de la realidad.   

El ser humano ha perdido de vista que es un ser abierto a la realidad, ahora persiste como un ente lanzado en la historia a la que cree que no puede trascender pero sí ejercer al libre arbitrio. Ya no hay fin y el fundamento – la regla y medida – se halla en el mismo hombre, ya sea en su psique – Hume –, ya sea en su voluntad – Nietzsche –, de ahí que todo sea éticamente kantiano, aunque de Kant sepa bien poco el señor Rubalcaba cuando esputa cada una de sus palabras-ley.

Así, la ética no tiene ningún punto de partida ni de llegada o mejor dicho tiene muchos, pero todos carentes de sentido común y de la lógica del pensamiento. Los actos son inocuos o irrelevantes en cuanto que no tienen un fin y, por tanto, un porqué último para obrar de un modo y no de otro con sentido. Sin embargo, el concepto de fundamento se remplaza por el concepto de totalitarismo. Cuántas leyes vigentes se afirman con un valor moral al que todos deben reconocer si no quieren ser expuestos ante un batallón de fusilamiento. Pero lo peor del totalitarismo es que hay uno en la mente de todos, de ahí que cuando hablamos de cuestiones éticas el debate termina en ‘algo’ que no lo es: la disputa virulenta que sólo termina con la victoria de un criterio u otro mediante la ‘fuerza’ y no de la razón precisamente. La razón sólo puede apoyar una ética finalista con un fundamento que es causa sui y que es objetivo. Pero cualquier otro sistema ético carece de razones objetivas, sino que depende del paraguas del consenso.  

Los derechos del hombre, la dignidad del ser humano sólo hallan perpetuo amparo en una norma moral universal, objetiva y perdurable, y esto sólo acaece en una cosmovisión teísta, que es la cosmovisión más racional y lógica, que establece la natural idiosincrasia del hombre, que éste ha sido creado para un fin, el cual es su culmen y plenitud. Alcanzar dicho fin no sólo es bueno, es lo mejor, y esto ya lo decía Aristóteles. La ética filosófica completada definitivamente con la ética cristiana exhibida y enseñada por Cristo muestra al hombre cómo se logra ese bien último. La ética como ciencia práctica tiene el objeto de que el hombre pueda alcanzar su fin del mejor modo posible sin torcerse mediante la práctica de la virtud. No es estrictamente una guía para obrar bien, sino para obrar bien de acuerdo con ese fin y con ese fin presente en todo momento; de lo contrario la ética carece de sentido, es decir, convierte la actuación, la vida del hombre en una farsa, en una mera representación teatral de un drama mal comprendido, que es lo que hace la ideología, la sostenga quien la sostenga, para  la que el hombre no es más que un ciudadano, una pieza de un engranaje cuya finalidad es alimentar el Estado.   

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comentarios
  1. Mauge dice:

    Qué funestas las declaraciones de este señor. Dan miedo por la sinceridad con que cree decirlas.

  2. Saludos Mauge. ¡El horror!, ¡el horror! que diría el señor Conrad.

  3. Lucho dice:

    Te felicito y agradezco por el artículo. Ilustras a los que vivimos en otros campos del trabajo humano, en mi caso la construcción, a profundizar en estos temas de tanta releevancia para el devenir de la humanidad como puede ser la ética, pero una ética fundada en Dios quien es el único y verdadero fin del hombre. Son herramientas que luego utilizamos para la defensa del bien y la verdad ante los ataques del secularismo. Saludos.

  4. Saludos Lucho.

    Antes de nada muchas gracias por comentar. Es importante no perder el ‘norte’ y pensar que la realidad y asuntos tan menospreciados como el bien y la verdad no están por ‘gusto’ de un servidor que puede hacer y deshacer a su voluntad. Hemos de dejarnos renovar, con honestidad, por las realidades sagradas (absolutas), que en sí son las que nos hacen ser realmente quienes hemos de ser, personas capaces de alcanzar la plenitud (felicidad).

    Gracias.

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