Educación cívica y constitucional. ¿Distinción entre vida pública y privada?

Publicado: 3 febrero, 2012 en Ética y Moral, Educación, Pensamiento

El revuelo por la sustitución de Educación para la Ciudadanía en beneficio de Educación Cívica y Constitucional invita a la reflexión sobre otra cuestión que guarda cierta relación sino es la causa directa de la intromisión del Estado en el adoctrinamiento del ser humano. En el Estado de Derecho es evidente la distinción entre lo público y lo privado y la relación de mando y obediencia entre el Estado y el individuo. Esta coyuntura índice, de modo directo, sobre la libertad del ser humano en cuanto confiere a la ley un grado de inquebrantable superioridad. Y es así porque la neta distinción entre lo público y lo privado conduce a un desdoblamiento del obrar humano, pues es el mismo sujeto es el agente que procede en la vida pública y en la vida privada.

La sola distinción entre lo público y lo privado contempla a los actores en el ámbito de la vida pública así como en el de lo privado como si fueran sujetos distintos, cuando en realidad es el mismo hombre, que se ve cercenado ante la obligación de proceder de modo distinto según el ámbito de actuación. Esta escisión procede en el ámbito del obrar, cierto, pero el obrar siempre sigue al ser, motivo por el cual es el ser que ejecuta las acciones a quien afecta dicha merma. En este sentido, existe un real absolutismo del Estado hacia el individuo en cuanto él y su desarrollo como individuo en lo privado deben ceder sobre lo público.

¿Lo público busca el bien común cuando subordina al hombre y su desarrollo como persona al dictamen de la ley – pública –? ¿Qué bien se esconde en dicha ley cuando el Estado obliga al sujeto a llevar una doble vida, la pública y la privada? Es evidente que la distinción Iglesia-Estado conduce al mismo tiempo a la pérdida y al olvido de la moral y la ética absoluta que permiten orientar los actos humanos colectivos. Esta perdida de una ética que se funda en lo absoluto conduce, por parte del Estado, a la creación de unos fines propios, contingentes y arbitrarios, entre los que se hallan la distinción entre lo público y lo privado. La pérdida de una moral fundada en lo trascendente y absoluto conlleva, también, el naufragio del sentido y fin de la persona misma convirtiendo en ello la vida política – moral – en una mera vida social reglada por el dictamen de la ley. La vida y el obrar del hombre no tienen como horizonte a Dios sino al Estado.

La existencia de una vida pública y de una vida privada es antinatural en el mismo momento en que suscita el desdoblamiento del ser del hombre. Los contenidos del Estado no guardan relación directa, ni lo necesita, con el bien y la verdad, sino que se fundan y descansan sobre el gobierno, cambiante siempre. Esta circunstancia convierte al hombre no en persona sino en ciudadano; en un individuo al servicio del Estado en el ejercicio de sus obligaciones y derechos – dados por el Estado y no emanados de su ontológica naturaleza – en la vida pública. Se olvida, pues, que es la persona y no el Estado quien fundamenta el derecho. La dignidad y el desarrollo de la vida de la persona desde su comienzo son el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de los derechos y la razón de la existencia de la vida política.

No puede existir, no puede darse, la tensión existente en la actualidad entre el derecho natural y el derecho positivo; por encima de la legalidad está la ontológica necesidad del ser del hombre de llegar a ser lo que está llamado a ser: persona en plenitud. Si el ser humano no es el fundamento del derecho éste se convierte en una realidad no razonable sujeta a la volubilidad del consenso sociopolítico del momento que, a capricho, establece lo que es justo, bueno y necesario, como acontece con el adoctrinamiento estatal en las aulas. Por tanto, es necesario reconocer y respetar que el derecho positivo descansa sobre el derecho natural. Ahora bien, una sociedad que no posea conciencia del derecho natural, que considere que el Bien y la Verdad se reducen a la función de creencias privadas, sólo podrá ser una sociedad inhumana, injusta lógicamente, aunque se ordene democráticamente.  

El fin de la política no puede ser la armonía de los intereses particulares sin ninguna consideración trascendente respecto al bien y a la verdad que constituyen el fin real del ser del hombre porque en esa situación qué intereses privados tienen primacía. Y en esta situación nos hallamos ahora. Puede que Educación cívica y constitucional sea menos mala como dicen ciertas voces relativistas, pero lo importante será saber sobre qué se fundamenta y si funda el derecho positivo sobre el natural, entendiendo a la persona y su desarrollo como el fin último de la vida política.        

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comentarios
  1. No sabemos aún, cual será el contenido definitivo de Educación cívica y Constitucional, por que el ministro Wert sólo ha dejado un breve esbozo.Habrá que esperar.

    Lo que si sabemos es lo que era la nefasta EpC.

    La EpC sólo tenía por objeto adoctrinar a los niños y a los jóvenes en materias que pertenecen -de manera exclusiva -al ámbito familiar y de los padres.
    Ese intento de adoctrinamiento es propiode dictaduras caribeñas, pero no dentro de una democracia y de un país miembro de la UE.

    Pero ya sabemos como es la progresía patria…

    Una asignatura no debe ser pretexto para tratar de persuadir a los alumnos sobre ideas y doctrinas que reflejan tomas de posición sobre asuntos sobre los que no existe un generalizado consenso moral en la sociedad española, y que para más inri, afectan al ámbito de educación y valores de los padres y de la familia, y que estos quieran inculcar a sus hijos.

  2. Saludos Natalia.

    “Una asignatura no debe ser pretexto para tratar de persuadir a los alumnos sobre ideas y doctrinas”. Esto es cierto.

    “Sobre asuntos sobre los que no existe un generalizado consenso moral…”. Aquí no comparto tus palabras. ¿Consenso? La moral no admite consenso. La moral no es arbitraria ni sectaria. La moral no depende de que una mayoría diga esto es bueno y esto no (disculpa la simplicidad de la exposición). Si educamos hemos de educar en la verdad y en el bien. Y esperemos que ECC no sea otro postulado ideológico, sino que vea y entienda que el hombre no puede cambiar las verdades últimas, sino que debe impregnarse y dejarse vivificar por ellas.

  3. Intentar enseñar la verdad es educación. Por lo tanto, ésta tiene que dar a los estudiantes la base, sobre la cual ellos mismos se construirán como personas. Los conceptos de verdad, bien, moralidad (o ética, como se prefiera)… deben ser enseñados como son, y como siempre se ha sabido que eran desde nuestros maestros griegos, y no como la última moda trau,matizada y rebelde ha decidido que sean.

    Es mi opinión. Tratar de enseñar la verdad es educar. Tratar de enseñar mi particular visión torcida y manipuladora de la realidad… es corromper. Esperemos que el gobierno no se olvide que los alumnos tienen derecho a que se les enseña a pensar, en vez de enseñárseles lo que tienen que pensar.

    Buen post, Opusprima.

  4. Saludos hermano Maximiliano. Esperemos que el sentido común despierte el entendimiento dormido. Gracias por comentar.

  5. carlos palos dice:

    Muy buena aportación

  6. Javi Morera dice:

    Joan, estoy totalmente de acuerdo. La moral no admite moldes, es objetiva.

    Soy el hermano de Mariano. Te dejo el link de mi nuevo blog.

  7. Saludos Carlos y Javi. Muchas gracias por tu comentario. Javi, pondré un enlace de tu blog. Un saludo.

  8. Sigfrid dice:

    Totalmente de acuerdo.

    “La religión puede seguir siendo una apuesta individual, pero la ciudadanía es el destino de la humanidad regido por el derecho y la legitimidad.”

    Mantengo serias dudas acerca del primer aserto, dudas pendientes de resolver. Porque si acepto la proposición de Benjamín Constant de que el hombre es religioso por el hecho de serlo [hombre], y se es [hombre] en cuanto sujeto social, en cuanto que la existencia cobra sentido en el colectivo de referencia en el que colmamos nuestros anhelos, ¿cómo recluir tal faceta a una mera y pura individualidad?

    http://www.fundacionburke.org/2012/02/07/antonio-robles-y-la-epc/

  9. Antonio dice:

    Más Enseñanza y menos adoctrinamiento estatal. Ni EpC ni ECC, sino más matemáticas, más ciencia, más filosofía…

  10. […] Educación para la Ciudadanía. Los gobiernos de España, antes el PSOE y ahora el PP, olvidan que el Estado no puede inmiscuirse en la educación del ser humano, que el hombre no puede cambiar a su antojo las verdades últimas sino que debe impregnarse y […]

  11. […] educativo español de inmediato se descubre que mediante la Educación para la Ciudadanía o Educación Civica y Constitucional se pretende imbuir la ideología, instaurándose el régimen totalitario que concive al hombre como […]

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