Nuevo pobre

Publicado: 31 enero, 2012 en Pensamiento

                                       

Existe una persona menor de cuarenta años, con cierta formación académica, en no pocos casos brillante, que se encuentra en una situación social y económica deplorable a causa de un sistema laboral que la utiliza y la desecha a conveniencia sin el menor miramiento. El caso del señor Èric Lluent es extrapolable al de tantos otros, sin ir más lejos, al de este humilde servidor, que empezó en el mundo de la producción radiofónica de becario en Radio Gracia hasta dar el salto a una emisora de mayor tiraje, COM Radio, durante un lustro. Después, por distintas circunstancias, empezó la serie de sucesivos trabajos temporales hasta la actualidad intercalados con periodos con o sin prestación social. ¿Podemos hablar de un nuevo modelo de pobreza?    

Es posible que el señor Juan Bosco lleve razón cuando aprecia en este ejercicio biográfico conmiseración hacia uno mismo. Es probable que esta situación no tenga comparación alguna con la del pobre tradicional de occidente, mucho menos con la del nicaragüense que trabaja a destajo entre la basura en la Chureca, el mayor basurero del mundo. Es cierto que al señor Jordi y a un servidor no les ha faltado el plato en la mesa, ni la mochila del colegio en la espalda, ni la carpeta de la universidad bajo el brazo. Es indudable que ambos no hemos pasado por la tragedia de la guerra civil y que, por fortuna, gozamos de la democracia, quizá el mayor sistema de gobierno posible a pesar de la existencia de sujetos que lo pervierten por particulares intereses.

Dicho esto y recordando que el desarrollo de la persona trasciende a la coyuntura, es innegable que muchos de los ahora menores de cuarenta años no podrán dar a sus hijos todo aquello que recibieron de sus padres. Que aquello denominado clase media es una realidad que formará parte del pasado en un país, España, donde once millones de personas se encuentran en el umbral de la pobreza relativa con ingresos no superiores a los 600 euros. Ciertamente, ni Jordi ni un servidor hemos padecido la guerra civil, pero muchas personas como Jordi y un servidor se encuentran todos los días en la cola de los comedores de beneficencia como antaño nuestros abuelos en la cola de racionamiento.

Cierto que ustedes dirán que este servidor se compadece de sí mismo, pero en lo social este país necesita su régimen del terror. Aclaro. No hablo de guillotinar a dieciséis mil personas, sino de la imperiosa  y perenne necesidad de reconocer y asegurar primero el derecho a la vida, su dignidad y desarrollo, para a posteriori asegurar todos los derechos, entre ellos el trabajo, que emanan de considerar la vida del hombre y su realización como el fundamento y fin del derecho y de la democracia. Desde luego la no realización del bien y la injusticia siempre planearán, sin embargo, si se tiene el convencimiento y se reconoce como principal baluarte del derecho y de la democracia la vida y su desarrollo quienes representan a la sociedad mediante la democracia no servirán a otro interés que el bien común.

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comentarios
  1. Nando dice:

    Acabo de estar en Chile. Éste pais se ha desarrollado mucho, con trabajos muy bien pagados. Necesitan profesionales, así que animo a los españoles a emigrar.

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