Agradecido

Publicado: 27 enero, 2012 en Ejemplos a seguir, Modos de vida

En una sociedad cada vez más individualista en la que se produce la perversión del bien entendiéndose como la consecución del beneficio propio y donde el otro es visto desde una perspectiva mercantilista, es insólito y maravilloso al mismo tiempo descubrir la existencia de personas agradecidas que reconocen el trabajo, el esfuerzo y el amor que ofrece la otra persona, que no necesariamente se halla en la obligatoriedad de dar. Sorprende, sin duda, porque lo habitual es el reclamo y el apremio desde la consideración de que las personas están al servicio de uno porque se tiene derecho a todo.    

El agradecimiento no es una costumbre, es una cualidad. La persona que agradece es, sobre todo, una persona que no vive en su interior sino que se abre hacia los demás. Es una persona que ama y no hay mayor amor que darse por el bien del otro, por el bien común. Pensemos en nuestra madre, alguien que se da a cambio de nada y, por el contrario, muestra un agradecimiento cuando tenemos un detalle hacia ella que resulta exagerado en aquel en el que la utilidad y el beneficio son los aspectos más importantes. En realidad sólo amando a otro podemos amarnos a nosotros mismos de la manera adecuada.  

He hecho referencia al bien común, y es así porque el bien del hombre es eminentemente social. La cooperación entre los hombres permite que uno alcance una vida mucho mejor de la que podría obtener por su sola actividad. Sin embargo, hoy esta cooperación tiende a reducirse a una relación utilitarista que no alcanza a descubrir que el ser humano aunque no tenga necesidad de los demás necesita vivir en sociedad. La sociabilidad del hombre reside en su propia naturaleza en cuanto que es un ser abierto a establecer relaciones de vínculo con los demás buscando y disfrutando del bien de estos con la consideración de que su bien es el propio bien (Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, 114, I, ad 2).

El bien personal se asienta en el impulso del bien del otro. En esta relación natural de cooperación y ayuda entre los hombres quienes la viven como algo más que una actividad mercantil exhiben, con humilde y espontánea sencillez, agradecimiento en reconocimiento por el beneficio recibido. Es así y quien percibe tal gesto no puede más que profesar admiración por estas personas. Decía que el agradecimiento es una cualidad natural en el hombre que ama. Los católicos, quienes creemos que Cristo se halla realmente presente en el sacramento eucarístico, deberíamos acudir a la Santa Misa con auténtico sentimiento de adoración en agradecimiento de quien se entrega por nosotros para nuestro mayor bien, la salvación.  

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