Enseñar a los niños a leer

Publicado: 26 enero, 2012 en Cultura, Educación, Literatura

En el capítulo XXIV de Parerga y Paralipómena Schopenhauer señala que “lo que leemos, lo piensa otro por nosotros” pues “al leer se nos priva en gran parte del trabajo de pensar”. Es muy posible que halla razón en lo que afirma, pues quien lee corre el peligro de la indigestión intelectual – uno, en cierto modo, puede convertirse en lo que lee –. Es suficiente con atender a la amplia amalgama de libros que se extienden en las estanterías de los supermercados para corroborar el posible empacho que pueden producir la legión de libros malos, nocivos incluso, que se encuentran a la venta.

Es importante la metódica elección de los autores, sobre todo en el caso del escolar que se aventura por primera vez en el mundo de la lectura. En este caso el profesor y los padres tendrán la ingente responsabilidad de ofrecer al niño aquellos libros que le permitan desarrollar el intelecto, invitándole a construir pensamientos propios sobre la realidad y sobre sí mismo como ser humano en el mundo. Cierto, la mala lectura puede ser dañina, pero la correcta aportará algunos de los elementos más importantes que necesitará para desarrollarse en plenitud como persona: criterio y capacidad de contemplación o reflexión.

Más que leer mucho hay que leer bien. La lectura de un buen libro siempre ayudará a pensar. Quien piensa reflexiona sobre la realidad y sobre sí mismo, y al hacerlo, es muy probable que descubra quién debe ser a la luz del bien y de la verdad. Por otro lado, la no lectura es igual de contraproducente que la mala lectura, pues si ésta última conduce a pensamientos contraproducentes, la primera arrastra con facilidad a la irreflexión. Y la irreflexión, que no necesariamente conduce a la realización del mal, convierte a la persona en un atolondrado y en un inconsciente de sí mismo, de los demás y de la realidad incapacitándole para ser un hombre en plenitud.

Si leer bien ayuda a pensar, pensar ayuda a leer mejor. Leer ayuda a construir el pensamiento propio y cuando este se encuentra bien fundado uno es capaz de aprehender el saber de los libros para un mayor conocimiento de sí mismo y del mundo para alcanzar una vida lograda con la mayor plenitud. Del mismo pensamiento que Schopenhauer es Séneca, quien en Cartas morales a Lucilio (Carta II. Viajes y lecturas) escribe: “Muchedumbre de libros disipa el espíritu; y por tanto, no pudiendo leer todo lo que tienes, basta que tengas lo que puedas leer. «Pero», me dices «harto me place hojear, ora este libro, ora aquél.» Es propio de un estómago inapetente probar muchas cosas, las cuales, siendo opuestas y diversas, lejos de alimentar, corrompen. Lee, pues, siempre autores consagrados, y si alguna vez te viene en gana distraerte en otro, vuelve a los primeros”. Los autores clásicos, los que hay que leer, no son clásicos porque sean viejos; al contrario, son clásicos porque están muy vivos, porque en ellos se encuentra el reflejo de nuestra humanidad, de nuestras cuestiones, el drama existencial del ser humano de todos los tiempos. Por esta razón son clásicos porque en ellos el hombre de cualquier época puede conocerse.  

En fin, aventurarse en el fantástico mundo de la lectura es una de las más enriquecedoras tareas en las que debe malgastar el tiempo el ser humano, pues en ella no sólo adquirirá conocimiento intelectual sino que aprenderá a vivir de la manera más humana siendo la mejor persona posible. Y esto siempre es preferible a estar fuera de sí, perdido en el quehacer cotidiano, viendo como se convierten las horas en humo en el cerebro y  la vida se pierde como la arena entre las manos.     

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comentarios
  1. Estoy de acuerdo en todo, Joan: hay que fomentar la lectura, pero no cualquier lectura, sino siempre la que venga con el adjetivo de “buena”. Leer es importantísimo para tener algo en la cabeza, pero si se lee mierda (con permiso), la cabeza se llenará de eso mismo.

  2. Maica dice:

    El niño es la materia prima con la que se forja la civilización. La sociedad, como bien dices los padres y profesores deberían lograr inculcar en él los ideales más altos, el entusiamo por escapar de la vulgaridad, es decir, a lo injusto e inhumano. Los últimos planes educacionales instaurados por los gobiernos de España han instaurado bajo el supuesto igualitarismo una democrática mediocridad que coarta las alas de quien aspira a lo mejor. Está bien que un niño juegue con una video consola, pero mucho mejor es que lea un libro que le despierte la mente, que le forje el criterio y el pensamiento con el que decidirá qué hace con su vida.

    Buen escrito, Joan.

  3. Saludos hermano Maximiliano.

    Así es, es necesario saber seleccionar y descubrir qué obras nos ayudan a pensar, a construir nuestro pensamiento y a ser mejores personas.

    Gracias por comentar.

  4. Saludos Maica.

    Es evidente que el hábito de lectura y de pensar debe forjarse a muy temprana edad, de lo contrario luego es muy posible que ya no se pueda hacer mucho.

    Gracias por comentar.

  5. Jaume dice:

    También es importante el objetivo, si atendemos a la realidad educativa y los problemas que presenta, de que los escolares no sólo es saber leer y escribir sino comprender con corrección qué leen, saber argumentarlo con corrección y tener capacidad crítica para situarse ante lo leído. Asusta comprobar que muchos adolescentes no logran articular una oración simple (sujeto, verbo y predicado), no alcanzan a dar una explicación decente de un texto.

    Hay que leer, sí, pero hay que saber leer, es decir, comprender qué se lee y saber comunicarlo. Leer implica saber pensar con pensamiento propio lo leído y esto es una tarea a realizar por parte de los docentes y de los padres, como bien dices, porque muchos escolares tienen serias dificultades al respecto.

  6. Saludos Jaume.

    Cuánta razón llevas y que triste es evidenciar no sólo lo poco que se lee sino lo mal que se lee. Lamentablemente es una realidad que no pocos jóvenes licenciados exhiben una majestuosa dificultad cuando tienen que realizar un comentario de texto. Sí, no sólo hay que leer sino que hay que saber leer; sin embargo, parece que la educación no va por ahí. En las Universidades son escasos los estudiantes que no se limitan con los libros recomendados en una materia.

    Gracias por comentar.

  7. Sandro dice:

    Cada cosa a su tiempo. En primer lugar, enseñar a leer. A leer bien. En segundo, aficionar a leer. Como si son comics, de nada sirve la “buena” literatura si el niño no lee por si mismo. Hasta las crónicas de Narnia podrían servir, si se tercia. En tercer lugar, y sólo entonces, viene inculcar los buenos libros.

    Alterar ese orden sería como alterar las leyes de la robótica de Asimov: Muy bonito, pero nada útil.

  8. Antonio dice:

    Enseñar a un niño a leer es enseñarle a pensar.

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