Sobre la muerte en el cristianismo

Publicado: 20 enero, 2012 en Escatología, Pensamiento

La muerte es algo que no debemos temer. Al contrario, hemos de pensar en ella, tenerla presente, sólo así la vida adquiere la solemnidad que requiere, llenándose de sentido. La muerte sólo es amarga para quienes nunca la pensaron y nunca descubrieron el porqué de la existencia que, además, es un constante paso hacia aquella. El hombre, inevitable, es un ser mortal. Si bien la muerte es un hecho natural que acontece a los hombres no deja de ser una realidad ajena por lo que la comprensión de la propia es tan misteriosa como un reto intelectual y existencial.

¿Qué es la muerte? Huiré de toda reflexión filosófica para dejarla a consideración de cada uno. Así, será mejor apreciar qué es la muerte para el cristiano. Si atendemos a la Sagrada Escritura ella es el pago del hombre por su pecado original (Gn 3, 19; Rm 6, 23). Del mismo modo que por un hombre, Adán, entró el pecado en el mundo (Rm 5, 12), por la gracia de un hombre, Cristo, se entra en la salvación. Dice Platón que con la muerte la parte inmortal del hombre se salva, mientras que para Saramago se disuelve en la nada. No discutiremos tampoco aquí lo que piensan los hombres. En el cristianismo su significado si no equívoco si es diverso. Al igual que el discípulo de Sócrates en el cristianismo la muerte hace referencia a la separación del alma y del cuerpo, pero también a la privación de la gracia santificante de la que gozaban los primeros padres antes del pecado, y al juicio final: a la salvación y a la condenación eterna. Comprobamos entonces que la muerte en el cristianismo no se reduce a su contenido biológico, sino que va más allá y abarca el sentido y destino de la persona.

La muerte física responde a la condición natural del hombre. Sin embargo, hay que añadir que a causa del pecado el hombre padece la perdida de la inmortalidad en la que fue creado para sufrir la experiencia dramática de la descomposición. A la luz de la razón, haciendo una excepción en mi propósito, hay que decir que la muerte biológica sólo adquiere significación si se apunta la inmortalidad que se espera después de ella. La muerte, segura, guarda cierto misterio por lo que la vida es un hacer practicable cuyo sentido debe ser encontrado. Es en esta búsqueda de sentido que el hombre tiene presente a la muerte y la sobrelleva más allá de su desagradable esencia por la intensa aspiración a la inmortal plenitud.  

Cierto, con la muerte sabemos lo que perdemos, pero, “el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6, 54). La relación con Dios conduce a la gracia, que es la participación en la vida presente de la Jerusalén celestial. No obstante, la inclinación por la carne es la muerte eterna (Rm 8, 5-25). Así, el cristiano sabe que ha de vencer la muerte del alma manteniendo la gracia con Dios: “pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida… ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm 8, 38-39). La muerte, así, extermina o transforma.      

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comentarios
  1. ¿por què temerle a la muerte? Creo que estamos aferrado a las cosas materiales y por eso tememos morir.

  2. Saludos Malourdese. El hombre se ha deshumanizado lo suficiente para no comprender su realidad existencial. Se considera un ser abocado a la mera existencialidad contingente, de ahí el miedo que señalas. Gracias por comentar.

  3. Francisco dice:

    Hace unos meses que cumplí los 84 años. Soy realista: tengo más cerca la muerte que la escuela primaria. Pero fue ahí, a los 10 u 11 años, cuando me asaltó con intensidad terrible la idea. O el miedo. Es usual. Piensas en eso cuando entras en la adolescencia, cuando descubres que morir no es solo cosa ajena: tú también morirás.

    Entonces decidí que iba a vivir 73 años. No se trataba de una cifra casual: quería conocer dos siglos, el XX y el XXI . Si voy a vivir 73 años, todavía me queda mucho tiempo antes de que la muerte empiece a preocuparme.

    Al llegar en la vejez, más tarde y más rápidamente de lo que esperaba, toca volver a planteárselo. Aunque mis múltiples achaques no sean los de un enfermo terminal, lo diré como alguien que leí y ahora no recuerdo , que es el trozo de bocata que te queda y que ya ha menguado mucho. Mis ardides de adolescente para huir de aquellos planteamientos los puedo sintetizar en la extensión que indican las enseñanzas y consignas de cristianos recibidas del colegio de Padres Escolapios primero y de un comportamiento social después.

    “Ahora me da igual morirme”.Ya no me preocupa la muerte. Lo que me preocupa es disfrutar de la vida: no discutir, no deprimirme por nada y menos aún por nimiedades, amar y respetar a los demás, descubrir cosas nuevas, recibir también un poco de amor y, en definitiva, ser feliz. Algo me hace sospechar que vivir así me hará más fácil morir.

    Me atendré al estricto aquí y ahora y al yo que me planteo: cómo veo mi muerte.

    Dejar de creer en Dios y por tanto en una eternidad del yo paradisíaca o infernal me fue útil. Había descubierto que la vida eterna (el simple intento de imaginar la eternidad) me angustiaba mucho más que la idea de morir. Veo ahora sin miedo ni deseo mi muerte. Aunque me gustaría alcanzar los 96 años de mi abuelo . O incluso los 101 de Francisco Ayala, tan pimpantes en apariencia. Dejo pues el qué y me concentro en el cómo, en el modo de morir. No quisiera pues morir de cáncer ni quedar como un vegetal inmóvil sufriente, ni con demencia senil, ni con alzhéimer .
    No soy original. Quisiera morir como los más, si les preguntan, dicen que quieren morir. Muerte súbita lo llaman los cardiólogos. Sin sufrir. Sin aviso: ahora estás, ahora ya no. Como un amigo mío de mi misma quinta, que con 60 años se durmió plácidamente y cuando por la mañana su mujer fue a despertarle ya tocó un cadáver. Muertes egoístas, porque menuda faena para quienes quedan. Pero si esas personas son materialistas pueden consolarse: el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

  4. Saludos Francisco.

    Muchas gracias por su comentario, por ofrecernos su testamento vital, se agradece. Un saludo y gracias por comentar.

  5. Pablo F. dice:

    Al respecto no puedo decir mucho así que citaré a Ramiro Calle, del que sé que has leído, Joan.

    “Si vivir bien es más que una aventura un gran logro, morir bien supone la más heroica de las proezas. Sólo aquellos que han hecho un formidable trabajo interior para cambiar y liberar la consciencia contemplan la vida como fenómeno igual a la muerte o, dicho de otro modo, muerte y vida son un mismo proceso y no temen ni a la vida ni a la muerte, porque saben muy bien que son las dos caras de una misma moneda” (Aprender a vivir, aprender a morir”).

  6. Saludos Pablo, la cita de Calle dice muchísimo. Muchas gracias por compartirla. Un saludo.

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