La dignidad del hombre y la mujer

Publicado: 18 enero, 2012 en Iglesia, Islam, Laicismo, Mujer

Alrededor de 3.000 mujeres fueron víctimas de crímenes de honor en Gran Bretaña en 2010 según fuentes policiales. Naciones Unidas estima que cada año se producen 5.000 asesinatos por honor cada año. Estas agresiones, que en el peor de los casos supone la muerte de la mujer, no son simples homicidios producto, tal vez, de mentes psicópatas, tampoco son crímenes pasionales ni actos de venganza, sino que simplemente se basan en códigos de moral y de comportamiento propios de determinada cultura islámica en la que se otorga al hombre un rol dominante sobre la mujer hasta el extremo de no dudar en matarla si con ello protege su honor.

Suele sorprender la virulencia con la que determinado sector feminista acomete contra la Iglesia católica imputando a ésta una excesiva discriminación de la mujer. Sin embargo, se olvida que ella no es la culpable de la denigración de la mujer en el mundo, ni la causante de la llamada violencia de género ni de los crímenes de honor (Jn 8, 1-11), propios de una religión, no pocas veces gratificada por determinada ideología en España, que no tiene como principios la dignidad de la persona ni los derechos humanos sino la cultura de la muerte.

Es lamentable que en el siglo XXI todavía se plantee la consideración que debe recibir la mujer. Huelga decir que es necesario un conocimiento más profundo del ser humano, entender y comprender que el hombre y la mujer gozan de la misma dignidad por el simple hecho de ser personas humanas pero que, al mismo tiempo, viven y experimentan el mundo desde una psicología bien distinta. No hay, no obstante, un mundo masculino y otro femenino, sino que el mundo es un espacio común donde interviene la complementariedad de ambos sexos. Complementariedad que exige entender la igual dignidad pero la neta diferencia de ser en el mundo: ser mujer o ser hombre.    

Por gozar de la misma dignidad por el hecho de ser personas humanas, el hombre y la mujer merecen la misma promoción en el sí de la sociedad desde una perspectiva de complementariedad y no desde una relación de confrontación entre los sexos. No se debe discriminar por razón de sexo, pero, al mismo tiempo, deben entenderse las necesidades individuales propias de cada sexo, de cada modo de ser en el mundo: ser hombre o ser mujer. Entender la diferencia y la correlación entre el hombre y la mujer será el mejor modo de conocer y amar la dignidad del ser humano.  

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comentarios
  1. Tenemos la misma dignidad, nadie es menos y nadie es màs.

  2. Así es Malourdese. Muchas gracias por comentar.

  3. vero dice:

    No aparece nada importante.

  4. Saludos Vero, muchas gracias por su aportación. Un saludo.

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