La compasión

Publicado: 13 enero, 2012 en Amor, Modos de vida, Tolkien, Video

 

Lástima que Bilbo no le matara – a Gollum – cuando pudo hacerlo” dice Frodo a Gandalf, y el mago responde: “¿Lástima? La lástima fue lo que freno la mano de Bilbo. Muchos vivos merecerían la muerte y algunos que mueren merecen la vida. ¿Podrías dársela tú, Frodo? No seas ligero a la hora de adjudicar muerte o juicio, ni los sabios pueden discernir esos extremos”.  Más esclarecedora es la respuesta de Gandalf en palabras de Tolkien: “¿Lástima? Sí, fue lástima lo que detuvo la mano de Bilbo. Lástima y misericordia: no matar sin necesidad. Y ha sido bien recompensado, Frodo; puedes estar seguro: la maldad lo rozó apenas y al fin pudo escapar por el modo en que tomó posesión del anillo, con lástima”.

La compasión de Bilbo es el sentimiento de piedad – en inglés la palabra que expresamos como lástima es pity, que viene del latín pietas – que se tiene hacia aquel que sufre penalidad o desgracia, como es el caso de la criatura Gollum que se autodestruye a causa del anillo. La lástima o compasión son actos propios del hombre, del que ama hasta el extremo de dar, en su misericordia, la propia existencia. San Pablo en su Epístola a los romanos dice: “si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien” (Rm 12, 20-21). Y añade más: “la caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud” (Rm 13, 10). Sí, la ley se resume en el precepto: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gal, 5, 14).

Amar al prójimo. De bien seguro no es fácil, pero Gandalf, como antes Bilbo, experimenta la piedad por la infelicidad de Gollum. El amor del mago se compadece de la desgracia de Smeagol hasta el extremo de desearle lo mejor, el bien: “la merece, sin duda –la muerte –. Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos. No hay muchas esperanzas de que Gollum tenga cura antes de morir, pero creo que aún podría salvarse” (Tolkien, El señor de los Anillos). Aquí vemos como la actitud de Gandalf con respecto a Gollum apunta a la presencia de una dimensión trascendente del amor.

En el amor, en el sentimiento de lástima, compasión o piedad se desarrollan de una manera natural y creciente la fe, la esperanza y la caridad. El grado máximo todos sabemos cuál es si bien no lo conocemos por nosotros mismos: la santidad. Sin embargo, sabemos el camino: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”. Amar al prójimo como a uno mismo. Algunos experimentamos demasiado amor por nosotros mismos para amar del mismo modo al otro. Quien no practica el bien no ama realmente. El bien en el mundo depende de los actos de cada uno. Si buscamos alcanzar el bien mayor es innegable que ello requiere entrar en comunión con el valor de persona de los demás: “Si alguno dice ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de Él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Jn 4, 20-21).

La actitud de Gandalf es, cuanto menos, honrosa. Recuerda aquel pasaje de Lucas en el que Jesús enseña que la nueva vida consiste en amar a los enemigos superando todo el egoísmo humano (Lc 6, 27-35). El amor sobrelleva la incomprensión, la envidia y todo obstáculo; y lo más importante, no se deja vencer por el mal sino que lo vence mediante el bien con humildad, “cuando sinceramente nos consideramos nada; cuando comprendemos que, sin el auxilio divino, la más débil y flaca de las criaturas sería mejor que nosotros; cuando nos vemos capaces de todos los errores y de todos los horrores; cuando nos sabemos pecadores aunque peleemos con empeño para apartarnos de tantas infidelidades, ¿cómo vamos a pensar mal de los demás? ¿Cómo se podrá alimentar en el corazón el fanatismo, la intolerancia, la altanería?” (Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 233). Gandalf sale de sí mismo, su compasión le lleva a experimentar en su ser la desdicha de Gollum, padece con él, comparte el mismo dolor y sufrimiento: “¡Y con todo eran nuestras dolencias las que Él llevaba y nuestros dolores los que soportaba!” (Is 53, 4).

La compasión compromete, no deja indiferente ante la amargura del otro, sino que conduce a darse en vistas al bien común – pues es en este donde se reconoce el propio bien de uno mismo – en el marco de un destino compartido. Y darse, en ocasiones, incluyéndose la propia vida, tal y como hace Jesucristo, que sufre por nosotros hasta la muerte en cruz: “Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo” (Carta Encíclica Spe Salvi, Benedicto XVI).

comentarios
  1. Saludos Malourdese, muchas gracias por comentar.

  2. Me ha encantado, muchas gracias!😉

  3. Saludos. Muchas gracias por comentar.

  4. carlos palos dice:

    muy buen comentario a una magnífica obra de arte.

  5. Saludos Carlos. Muchas gracias por comentar.

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