¿Un mundo sin personas con síndrome de Down porque se las aborta es bueno?

Publicado: 9 diciembre, 2011 en Aborto

Leo Messi, Alberto Contador y Plácido Domingo son algunos de los rostros que protagonizan junto con niños y jóvenes con síndrome de Down y otras discapacidades el ya clásico calendario solidario para 2012 de la Fundación Talita. El fin del mismo es remover las conciencias para lograr “la plena incorporación escolar, laboral y social” de estas personas que merecen llevar una vida digna. Para ello, la Fundación distribuirá más de medio millón de ejemplares, muchos de ellos encartados en la revista ‘Hola’.  

Todo no son buenas noticias. Según el rotativo ‘New York Post’, el tipo más frecuente de Síndrome de Down, la trisomía 21, es detectable con una exactitud del 99,1% mediante un simple análisis de sangre. Esta prueba de diagnóstico llamada MaterniT21 permite identificar dicha anomalía genética cromosómica sin necesidad de realizar pruebas invasivas. En sí, la prueba no es éticamente ni mala ni buena, pero nunca debe usarse para inducir al aborto, más si tenemos en cuenta que el fin de la medicina es la vida, la salvaguarda del paciente; sin embargo, la realidad es distinta: el 92% de las parejas que reciben un diagnóstico de Síndrome de Down decide abortar.

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comentarios
  1. Sandro dice:

    Si bien puede ser éticamente reprobable ¿Lo ves condenable? ¿Lo ves antinatural?

  2. Saludos Sandro. Coincidimos los dos: es éticamente reprobable. El término reprobable responde a tus preguntas.

  3. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    Quizá no haya ningún motivo de reflexión espiritual-teológica tan manido como el problema de la cruz y el horror del hombre a cargar con ella. Desgraciadamente, en esa escalofriante estadística (¡¡¡92%!!!) así como en el comentario de Sandro, lo que aparece es eso: el miedo de la pareja a una situación que no puede controlar, el cuidado de un niño que requiere más esfuerzo y más sacrificios que un niño sin esa enfermedad. Huida del sufrimiento. Por eso Sandro pide compasión, de forma velada, en su comentario: ¿Tan monstruoso es pretender huir de la situación que me enfrentará con aquello que más temo, el sufrimiento? No puedo esperar compasión en el juicio de mis actos, dado que lo que pretendía era no sufrir? La sociedad facilista y escandalizada ante la cruz es la que ha ideado el aborto, como ideó el divorcio o está ideando la eutanasia. Sólo son vías de escape para evitar sufrir, para que la armonía de mi vida no se rompa con eso tan horrendo que es la cruz.

    Maximiliano

    P.D.: En mi opinión, claro.

  4. Sandro dice:

    Hay muchas cosas plenamente humanas que no son aprobables éticamente.
    Por otro lado, estoy absolutamente de acuerdo con Lukas: Es evitar el sufrimiento. No veo qué tiene de atractivo el sufrimiento. No entiendo como, prescindiendo del masoquismo, alguien va a “adorar” la cruz, como símbolo de sufrir.

    No lo se, no me considero raro por preferir el no-sufrir al sufrir. Es esa misma sociedad facilista la que ha ideado los ascensores, la medicina y las anestesias.

  5. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    No me malinterpretes, Sandro. No soy de los que consideran que todo lo que suponga una comodidad debería ser rechazada en aras de exaltar la cruz de Cristo. Si así pensara, debería prescindir también del instrumento que me permite comunicarme contigo (el ordenador), ya que, al fin y al cabo, es una comodidad…

    Pero no es lo mismo pretender llevar una vida más cómodo intentando evitar el dolor en una operación, o intentando evitar el cansancio tonto al subir unas escaleras (que es lo que son la anestesia y el ascensor) que evitar un tipo de sufrimiento que me coloca ante el servicio a otra persona frente a la comodidad de mi “yo”. Abortar a un síndrome de Down por evitar sufrir con sus cuidados es monstruoso, porque es poner mi comodidad personal por delante de los sufrimientos que se plantean al servir al OTRO, en este caso, mi hijo con trisomía 21. Hay un tipo de sufrimiento que engrandece al hombre: el sufrimiento de quien sale de su comodidad y su egoísmo para servir al otro y ser don para él. La cruz exalta ese sufrimiento, que no es masoquista, sino que es el sufrimiento de morir por amor al otro. Todos los grandes hombres, aunque no fueran cristianos, han reconocido la verdad de esa frase de Jesucristo: “Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos”. Que alguien prefiera matar a su hijo antes de que nazca, en vez de apostar por morir a sí mismo y servir a ese hijo, significa que apuesta por abajarse y hacerse un ser humano más ruin y egoísta, en vez de apostar por ser más grande y más libre de corazón. En la práctica, ante una madre que abortara, no usaría ni mucho menos un lenguaje tan duro, pero sobre el papel es intolerable: no hay motivo para permitir que alguien cometa el acto más egoísta que hay (matar por su comodidad), en vez de cometer el más valiente (morir por el bien del otro).

    Maximiliano

  6. Sandro dice:

    Por ese principio, bien, no dejes el ordenador: Véndelo para curar a uno de muchos enfermos que hay en África.
    ¿No es el mismo principio? Ah! Que si te el prójimo te cae más cerca, es más malo darle la espalda. ¿Eso cuándo lo dijo Cristo? Creo que me he saltado un cacho de la biblia en el que dice que sólo el sufrimiento que ves hay que solucionarlo.

    No. Mi principio sigue en pie. El sufrimiento es rechazable, y sólo aceptable si ese sufrimiento te ahorra uno peor (Culpabilidad?¿Cárcel?). ¿Y sabes? Tú también sigues este principio.

  7. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    Sandro:

    Sé que el sufrimiento es rechazable, de hecho, nuestro apetito irascible está pensado para rechazarlo. Lo que juzgo como malo, eso no lo quiero cerca de mí. Esto en sí mismo no es ni bueno ni malo. Pero cuando de ese impulso de rechazo de lo malo o incómodo se sigue que un tercero va a sufrir incomparablemente más (que es lo que pasa cuando por comodidad mía le arrebato la vida a otro ser humano), no es correcto seguir el dictamen de mi impulso. Debo resistirme. Lo repito: el ser humano es capaz de la grandeza. Y esa grandeza pasa muchas veces por el heroísmo de aceptar un sufrimiento por el bien de otros. Esto lo reconoce cualquiera, de hecho, la misma sociedad que tolera la cobardía de abortar a niños enfermos, luego aplaude a las iniciativas solidarias que intentan mejorarles la vida (la de aquéllos que no son condenados a muerte, se entiende).

    Y esa cobardía es amoral, sencillamente, por lo que ya he dicho: supone matar a alguien para ahorrarse el sufrimiento que trae consigo. Y eso, además, incluye un dato no poco significativo: ¡él es inocente! A cualquiera que quisiera abortar a un síndrome de Down, eso es lo que habría que decirle: ¿qué culpa tiene el niño?

    Estas dos consideraciones deberían bastar y sobrar para disuadir de cualquier aborto. Las repito resumidas. Primero: el acto de valor de aceptar el sufrimiento de cuidar al otro me hace más humano, más grande, más libre. Matarlo implica ir en contra de mí mismo, ya que mi vocación fundamental como ser humano es el amor, y, si mato al niño, pongo mi egoísmo por delante del servicio al otro. Esto puede ser lo que me pida alguno de mis instintos, pero no deja de ser malo, y, de hecho, no dejo de percibirlo como tal.
    Segundo: incluso aunque esta consideración no te valga, hay un punto fundamental en todo esto, que es que ese niño es justo el único que no tiene la culpa de nada. Ni de su enfermedad, ni de haber sido concebido en un momento y/o circunstancias inadecuados. Matarlo es cometer una terrible injusticia. Eso también va en contra de mi ser más profundo, ya que en el centro de mi alma está la tendencia a la moralidad, es decir, a apostar por lo que es justo y rechazar lo que no lo es.

    Fr. Maximiliano

    P.D.: Por cierto, lo que yo a nivel personal haga para aliviar el sufrimiento de mi prójimo (tanto próximo como lejano) es algo que tú desconoces. Y no tengo que rendirte cuentas a ti, por supuesto, aunque sí te puedo informar de que tengo la conciencia bastante tranquila porque, como fraile, ejerzo una pastoral que alivia el sufrimiento de muchos. Ninguno en África, es cierto, pero es que mi comunidad no se encarga de eso. En eso trabaja mucha gente, pero hay más campos de acción, y todos deben ser cubiertos.

  8. La vitalidad de lo acontecido es proporcional a la intensidad con la que el presente de esa misma sociedad se discute a s mismo.

  9. Sandro dice:

    ” Pero cuando de ese impulso de rechazo de lo malo o incómodo se sigue que un tercero va a sufrir incomparablemente más (que es lo que pasa cuando por comodidad mía le arrebato la vida a otro ser humano)”
    Por lo tanto, ¿Infieres que queda en tu mano comparar sufrimientos, ver el de quién es mayor?
    ¿Cuánto “sufre” un ser sin percepción? ¿Cuánto sufres tú? ¿Eres capaz de todo eso?

    “Primero: el acto de valor de aceptar el sufrimiento de cuidar al otro me hace más humano, más grande, más libre.”

    Humano se es per se. No cometas la temeridad de identificar “humano” con “mis valores católicos”. ¿Grande? Otro valor subjetivo. ¿Libre? Libre eres de elegir, no al haber elegido.
    El acto de sufrir por el prójimo sólo es llevado a cabo cuando lo que ganas (satisfacción, orgullo, no-remordimientos) compensa lo que pierdes. Seas un asesino en serie o un fraile franciscano.

    Respecto al segundo argumento, nunca he entrado en si es justo o injusto; sólo dije que era característico del ser humano huir del dolor, que era una conducta comprensible, y que el argumento de que “huir del dolor es malo” es una soberana chorrada. Estamos de acuerdo en que el aborto es injusto.

    Por otro lado, y para terminar, si piensas responder, te pido que esta vez sea desde una argumentación lógica: no comparto tus convicciones cristianas y no puedes dar como punto de partida cosas como “sufrir por los demás te hace grande”. Yo te hablo desde la lógica, por favor haz lo mismo.

  10. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    Sandro, insisto en el argumento que te niegas a compartir: la donación, la entrega, es lo que me hace ser auténticamente persona. Uso el término de ser humano, no en su sentido de especie animal (“homo sapiens sapiens”), sino en ese otro sentido, que aunque es difícil de definir, cualquiera que se conozca mínimamente es capaz de reconocerlo: el ser humano como ser llamado al bien, como ser llamado a una libertad de corazón que es algo más que la capacidad de libre albedrío (porque una decisión que me esclaviza, aunque sea decisión “libre”, no es una decisión “que me haga libre”). El ser humano como ser que es algo más que los animales, que sólo se mueven por instintos y apetencias. En este sentido, no es “humano” huir del sufrimiento; es animal, es instintivo. Insisto en que lo puedo comprender, pero siempre apostaré por intentar enseñarle a la persona que como humano, es decir, como persona capaz del bien, se sentirá infinitamente más realizado aceptando el sufrimiento que conlleva el cuidado del otro que tomando la decisión cobarde de acabar con él. Los dos sabemos que en eso no hay grandeza, no hay heroísmo: hay cobardía, hay una actitud de escurrir el bulto. Ninguna persona puede imaginar una vida feliz viviendo desde esa cobardía. No necesito demostrarte esto porque bastará con que mires hacia dentro de ti: sabes que es verdad que la construcción de una vida más cómoda a todo precio, incluyendo una huida constante del sufrimiento, no da como resultado una vida plena y feliz.

    Como decía, aceptar ese sufrimiento, es decir, en definitiva, amar a esa persona, es un acto que me sitúa mucho más cerca de lo que mi corazón me pide como ser humano. Por eso, aceptar ese sufrimiento siempre compensa, siempre lo que recibes es más de lo que das: das el servir a otro por encima de tu comodidad, y recibes a cambio la realización de tu vocación fundamental, de aquello para lo que todos hemos sido hechos y todos anhelamos: el Amor. Con mayúscula. Y ahí somos felices, incluso aunque la pasemos canutas. Y lamento decir que esto es una cuestión de experiencia personal, no un argumento lógico. Si no tienes esa experiencia, no lo entenderás. Pero siempre la desearás en lo más íntimo de ti, eso sí: al alma no se le engaña.

    Y ese tipo de sufrimiento que conduce a ese tipo de felicidad es el que ensalza la cruz de Cristo. Por eso, en realidad, huir de la cruz de Cristo es huir del amor, que “da hasta que duela” (m. Teresa de Calcuta). Y visto así, la huida de la cruz es en realidad el acto más estúpido que se puede realizar, y el que más infeliz me puede hacer, porque es el que más me aleja del amor.

    Fr. Maximiliano

  11. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    Una cosa he olvidado responder: lo primero que decías, de que si “estaba en mi mano comparar los sufrimientos (…)”. Creo que esto es un poco un desatino por tu parte, Sandro: una vida incómoda por tener que cuidar a alguien con una discapacidad puede ser algo malo, pero infinitamente peor es arrebatarle la vida a la otra persona. A nivel meramente moral, el mal que se cosecha en uno y otro caso no tiene parangón: un acto es infinitamente más malo que el otro. Y lo experimentamos como injusto (somos capaces de “darnos cuenta de que hemos hecho el mal”), así que además del sufrimiento que infligimos, se suma el sufrimiento propio de aquél que comete injusticia. En palabras de Sócrates: “Prefiero sufrir una injusticia que cometerla”.

    Con eso debería bastar, pero ya que preguntas sobre la “percepción” del sufrimiento de un feto, respondo como hijo, sobrino y hermano de médicos que soy (mi familia está infestada de médicos): al feto le duele y es capaz de sentir miedo durante el aborto. Mirar uno de esos vídeos de abortos, capaces de herirle a uno la sensibilidad, enseña unas cuantas cosas. Nadie es capaz de ver es y asegurar que el feto es una ameba que ni siente, ni padece.

    Lukas Romero

  12. Sandro dice:

    “: la donación, la entrega, es lo que me hace ser auténticamente persona.”
    “el ser humano como ser llamado al bien, como ser llamado a una libertad de corazón que es algo más que la capacidad de libre albedrío” (¿Llamado por quién?)
    “como humano, es decir, como persona capaz del bien”
    ” Ninguna persona puede imaginar una vida feliz viviendo desde esa cobardía.”
    “Como decía, aceptar ese sufrimiento, es decir, en definitiva, amar a esa persona, es un acto que me sitúa mucho más cerca de lo que mi corazón me pide como ser humano. ”
    “Y ese tipo de sufrimiento que conduce a ese tipo de felicidad es el que ensalza la cruz de Cristo. Por eso, en realidad, huir de la cruz de Cristo es huir del amor”
    “y recibes a cambio la realización de tu vocación fundamental”

    Te insto a responderme, sin asumir que comparto tus premisas como católico. No lo hago, y te lo dije antes. Das por absolutas bases que sólo son parciales. Concretamente, parciales por tu parte.

    Por favor, no asumas que doy por sentado lo mismo que tú. Sólo doy por sentado lo que se puede deducir desde la evidencia y desde la lógica, no la “palabra revelada” en la que tan ciegamente te basas.

  13. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    Te equivocas una y otra vez, Sndro. Mi lenguaje no es teológico, se parece más al de un manual de autoayuda. Si yo hablara como católico, diría que la vida, que es un don de Dios, es sagrad, y que cometer la brutalidad del aborto es un pecado y una huida de la situación vital, de laa historia, en la que Dios me ha querido poner. No argumento así. No uso el término “pecado”, y no uso términos vocacionales más que en un sentido amplio de la palabra.

    “la donación, la entrega, es lo que me hace ser auténticamente persona.”
    No es una base católica, sino una base comunmente aceptada. La usan los curas igual que los psicólogos de consulta o los gurús de autoayuda. Te lo dije en mi último comentario: salir de mí mismo, de mi egoísmo, de ponerme por delante de los demás… me hace feliz, y eso no es demostrable por la lógica. Si tienes la experiencia, sabrás que lo que digo es cierto. Si no, no puedo explicártelo, como no puedo explicarte a qué sabe un melocotón. Si has probado el melocotón, sabes a qué sabe, y si no, pues no.

    “el ser humano como ser llamado al bien, como ser llamado a una libertad de corazón que es algo más que la capacidad de libre albedrío” “como humano, es decir, como persona capaz del bien”
    La distinción del ser humano frente a los animales tampoco es algo católico. La hicieron los filósofos griegos también, y un montón de religiones sin prácticamente nada en común con el catolicismo. La reflexión de lo que distingue el ser humano de los animales suele pasar siempre por ese punto: el ser humano es el único animal que además de hacer cosas, puede valorarlas. El león caza, el hombre también, pero sólo el hombre puede plantearse en un momento dado que eso ha sido bueno o malo, justo o injusto. Por eso es “capaz del bien”, porque tiene libertad moral: puede elegir. Pero en ese poder elegir, no da igual la elección: le hará más feliz la elección “buena”. La elección moral correcta redunda en bien del hombre porque éste está hecho para el bien. Y esto, una vez más, no es doctrina católica. Te recuerdo la frase de Platón, que no era cristiano. Pero insisto: el aprendizaje de todo esto, que compartimos mucha gente de cultura, filosofía y religión distinta (incluida la “no-religión”), es por experiencia, no por lógica.

    ”Ninguna persona puede imaginar una vida feliz viviendo desde esa cobardía.”
    Apelé a tu propia experiencia como ser humano para poder reconocer esto.

    “Como decía, aceptar ese sufrimiento, es decir, en definitiva, amar a esa persona, es un acto que me sitúa mucho más cerca de lo que mi corazón me pide como ser humano. ”
    Entendiendo “ser humano” desde ese conceto que lo separa del resto de animales, y que no explicaré una tercera vez

    “Y ese tipo de sufrimiento que conduce a ese tipo de felicidad es el que ensalza la cruz de Cristo. Por eso, en realidad, huir de la cruz de Cristo es huir del amor”
    Esto sí es teológico. pero es lógico partiendo de que lo anterior es verdad. La cruz de Cristo no ensalza el masoquismo, sino el valor de poner al otro por delante de mí, es decir, de amar. Y que amar es poner los intereses del otro por delanta de uno mismo no es necesario demostrarlo porque es, sencillamente una definición cabal del amor.

    “y recibes a cambio la realización de tu vocación fundamental”
    Vocación fundamental del hombre: el amor. Esto lo que significa es que el hombre está hecho para amar, no para vivir para sí. Cualquiera que mira dentro de sí descubre la verdad de esto: vivir para uno mismo es vivir en la permanente insatisfacción. Una vez más, esto es experiencial. Pero una vez más, la idea de que el hombre está hecho para amar, y no es feliz siendo egoísta, sino saliendo de sí mismo, no es una idea cristiana, sino universalmente aceptada. O, al menos, ampliamente aceptada.

    Es lo mejor que puedo hacer, Sandro. No puedo responder a tus exigencias de “racionalidad y lógica pura”, porque hablamos del hombre, y el hombre no es una máquina que pueda ser analizada desde esos supuestos. Hay cosas que nos las revela la sensibilidad, otras, la simple y llana experiencia. Pedir que te reduzca el hombre a conceptos lógicos tipo “p implica q” es desbarrar, porque es imposible. He intentado en la medida de lo posible usar un lenguaje que cualquiera con un poco de autoconocimiento entendería, pero has interpretado todo lo que no pasaba por tu lógica como “premisas católicas”, cuando no lo son. No todo puede ser lógico. La vida humana no es enteramente lógica, y la lógica no aparece como una herramienta suficiente para vivir una buena vida. Hace falta más. La lógica y la racionalidad son excelentes herramientas, imprescindibles para poder vivir bien. Imprescindibles, sí, pero no suficientes.

    Fr. Maximiliano

  14. Fr. Maximiliano (Lukas Romero) dice:

    Perdón, en un momento dado de mi anterior comentario, he dicho “Te recuerdo la frase de Platón (…)”. Me refería a la de Sócrates, la de: “Es preferible sufrir una injusticia que cometerla”.

    Fr. Maximiliano

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