Nihilismo religioso (I)

Publicado: 24 noviembre, 2011 en Religión

Hay quien, por sus preferencias, dedica excesivo tiempo a lo poco substancial y aprueba este desperdicio con el alegato de que la existencia carece de sentido y de finalidad; sin embargo, otros, menos ociosos, actúan fieles a la reflexión sobre el por qué y el para qué del hombre. Desde luego, el modo de vida de los primeros resulta apetitoso, si bien pronto deviene monótono en sí mismo porque el ser humano necesita algo más que la vagabunda subsistencia. Muchos negarán la naturaleza trascendental y el hambre metafísico del sujeto humano, sin embargo esta realidad se desarrolla por causa de una fuerza intrínseca del propio ser si el individuo no actúa ante ello a modo de cortapisa.

¿Cuál de los dos modos de obrar es el nuestro, el de los cristianos? Por sentido común debería ser el primero, pero la experiencia demuestra que no es así, que no siempre obramos según lo que debemos ser, puesto que el impulso nos conduce, malicioso, a corroernos. Así, Dios no se halla lo primero, sino esa tendencia primaria de vida, exenta de fundamento y fin que lleva a mantener una indigente existencia. Ante esta realidad cabe la pregunta: ¿el conocimiento de Dios y de la trascendencia del hombre no conducen, en consecuencia, a mantener una vida acorde a ello?

El hambre metafísico del ser humano no encuentra mejor ejemplo que la figura de Jesucristo, quien personifica lo que deber ser el hombre. Sin embargo, hay quienes preferimos, por inapetencia, negar esta intrínseca y ontológica manera de vivir y elevar el espíritu. ¿Qué resta, entonces? El vacío, la inopia, la aniquilación del ser. Sí, resta el formalismo, la estética, las rodillas dobladas ante el Santísimo, pero falta la esencia y la substancia donde el ser se convierte en mera caricatura de lo que debe ser. El hombre que no eleva su ontología a la trascendencia desiste de la veracidad incondicionada y de la virtud de obrar en consecuencia. Así, reemplazamos el deber ser, el aproximarnos al ser en sí en quien reposa la plenitud en beneficio de una desdichada voluntad.

Esta distancia ontológica respecto a Dios se transforma en una distancia práctica con el deber ser, que se traduce en una actitud personal azarosa y nihilista desheredada de ese fin natural que es la historia de la salvación del hombre, la nuestra. Así, la historia del hombre se convierte en una vacua acción que busca alivio en lo insustancial.      

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comentarios
  1. Sigfrid dice:

    Puede que lleves toda la razón. Los cristianos estamos dejando de comportarnos como hombres de Dios, y esto se nota en la ejemplaridad que mostramos. Debería notarse que somos cristianos, y no por vernos salir de misa o por llevar escapulario.

  2. Jaume dice:

    Algunos necesitamos hacer arqueología de nuestro ser, conocernos, para salir del callejón sin salida y encontrar nuestro perenne sentido. ¡Cuánto duele la desidia del hombre consigo mismo!

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