¿Cambio global?

Publicado: 16 octubre, 2011 en Modos de vida, Pensamiento, Política

Ayer 15 de octubre millares de personas en distintas ciudades del mundo salieron a la calle con el fin de reclamar “una auténtica democracia”, pues consideran que “los poderes establecidos actúan en beneficio de unos pocos, desoyendo la voluntad de la gran mayoría”. Sin duda hay que poner fin a toda forma de injusticia, ¿pero cómo? Se habrán dado cuenta de que muchos movimientos sociales, no sólo necesarios sino exigibles, carecen de proyecto y cuando parecen tenerlo supeditan el de ideologías de funesto pasado – y presente – en la historia contemporánea.

El cambio es necesario, pero es evidente que no todo vale para modificar la actual situación mundial. Antes de obrar el cambio, para no actuar a la ligera, es requisito indispensable la reflexión, profunda y serena; es menester analizar quién es el hombre y en qué situación se encuentra. Puede que suene a lenguaje religioso y puede que por ello muchos desistan en el empeño, pero si deseamos lo mejor para el hombre no podemos eludir el hecho antropológico y ontológico de la trascendencia personal. Es importante, respetable y reflejo de lo que acabo de expresarles el empuje solidario que se encuentra en parte de las acciones de estos movimientos sociales como el 15-M o el 15-O. Sin embargo, cabe preguntarse si este supuesto altruismo responde al hecho fundamental de que la existencia del ser humano siempre hace referencia a algo que nunca es ella misma, como es el sentido de la existencia y la vida de los demás hombres.

¿Hacia dónde apuntan estos movimientos sociales? Su éxito dependerá del grado de exigencia y del apunte finalista de sus acciones. Es una constatación empírica que la crisis de nuestro tiempo – tanto en el mundo capitalista como en el mundo comunista – tiene mucho – para no decir todo – que ver con el sentimiento real de frustración existencial y el relativismo – y escepticismo – ante la propia vida.

El hombre es un ser trascendente. Al contrario que el animal carece del impulso para actuar de un modo determinado, el correcto a su naturaleza, sino que en todo momento se ve forzado a elegir. No obstante, existen indicadores que permiten a la persona tomar una u otra dirección; uno de estos indicadores es la religión; otro es la ideología, bañada de retórica sofística y de la sobrevaloración de la amada ciencia que hacen aquellos bárbaros que sólo saben mucho de una materia y creen que todo se rige mediante la misma regla y el mismo método. Porque el hombre es un ser trascendente éste debe avanzar por el camino de la búsqueda de sentido, de lo contrario es un peregrino errante que no sabe lo que debe y que abraza por guía todo aquello que le anuncia una senda, sin saber que dicha senda zozobra. Y así nos encontramos, con hombres que se desconocen a sí mismos, sin sentido ni personalidad, meras amebas que obran según lo que los demás desean u ordenan.

El cambio radical de nuestra sociedad devendrá en cuanto el hombre recupere el sentido de la vida; pero para ello se requiere, ante todo, honestidad intelectual, decencia moral y profundidad espiritual. Sin todo esto es muy difícil, bastante complicado no sólo plantearse sino preguntarse cómo debe estar organizada la existencia de la persona – de la sociedad – para que predomine el bien y se alcance a comprender que no se puede proceder nunca injustamente. Prescribir la receta es imposible, como mucho cabe la descripción, o aquella exhortación que pasados los años aún señala el destino del hombre sobre el dintel del templo de Delfos: conócete a ti mismo.

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comentarios
  1. No sé por qué a mi todo ésto me huele a extraña coindidencia con lo del “manifiesto”, más que nota, del “Consejo Pontificio de Justicia y Paz”, presidido por el muy noble e insigne Cardenal Peter K. A. Card. Turkson, cuya mayor virtud, hasta la fecha, es ser negro y tener una amplia, no sé si noble o innoble, sonrisa.
    Curiosa nota, por cierto, que hace, falsamente, un notable esfuerzo en identificar las palabras o escritos del actual Santo Padre y de la Encíclica “Populorum progressio” de Su Santidad Pablo VI, con la necesidad de una “autoridad pública de competencia universal”.
    Si uno estudia la nota, además, resulta curioso que, si bien critica el muy criticable sistema financiero, por cierto el mismo que financia los proyectos de la ONU, pero trata de soslayo, como si no fuera con ellos, ni motivo alguno del fracaso actual del sistema, al modelo productivo.
    ¿Acaso pretenden hacernos creer que lo más parecido a la Verdad es la verdad que propone el Sistema liberal-comunista chino?
    ¡Venga hombre, que no hemos nacido ayer!
    50 años a mis espaldas y más de 25 años de ejercicio profesional de la abogacía me han demostrado que la mierda, tarde o temprano, acaba por salir a la superficie….y ésto es tan sólo el principio…..
    Negrito y simpático, igual que el de la ONU, ¿qué más se puede pedir?
    No, si al final los hijos de la viuda van a pensar que somos todos tontitos del culo…..aunque no niego que la inmensa mayoría, incluso dentro de la Iglesia, lo sean…..

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