En el principio era el sentido

Publicado: 18 septiembre, 2011 en Pensamiento, Recomendación

“Hoy, cada vez con más fuerza, se impone de forma generalizada un sentimiento de falta de sentido en el hombre medio. Entonces surge la pregunta: ¿Qué puede ayudarlo?” (Viktor E. Frankl, En el principio era el sentido). Jung fue el primero en exponer que el sinsentido es el sufrimiento del alma que no ha encontrado su sentido. Frankl, mediante la logoterapia, insiste en la orientación humana hacia el sentido, en la capacidad de ver la realidad tal como es: “No hay nada en el mundo que sea tan capaz de consolar a una persona de las fatigas internas o de las dificultades externas como el tener conocimiento de un deber específico, de un sentido muy concreto, no en el conjunto de su vida, sino aquí y ahora, en la situación concreta en la que se encuentra”.

A lo largo de su vida Frankl nos recuerda que las personas que tuvieron las mayores posibilidades de supervivencia en los campos de concentración fueron aquellas con capacidad para proyectarse hacia el futuro, hacia un deber concreto, aspecto que denominó voluntad de sentido. Así, el hombre que se proyecta, que adopta un compromiso desde la responsabilidad, tiene mayor posibilidad de supervivencia que cualquier otra persona más nihilista. Con esto se descubre que la cuestión del sentido de la vida no es frivolidad sino algo esencial que cada persona debe buscar: “Existen dos trabajos realizados por profesores norteamericanos que han estado en países subdesarrollados. En ellos se demuestra que esta sensación de falta abismal de sentido también campa a sus anchas en el Tercer Mundo, en especial entre la juventud académica, porque, simplemente, está desarraigada, alienada. ¿Por qué? Pues porque a los países subdesarrollados sólo les hemos vendido tecnología y ciencia. Si lee a Schrödinger o a Einstein, verá que la ciencia no puede dar ningún sentido ni ningún objetivo. La ciencia no puede hacerlo por principio. ¿Y qué es lo que ha hecho la técnica? La técnica nunca podrá dar un propósito. Al contrario, sólo puede poner en nuestras manos los medios para alcanzar el propósito. Y por eso la gente retrocede ante el racionalismo, la técnica o la ciencia. La razón es, necesariamente, la base de la técnica y de la ciencia. Han retrocedido, han huido y se han desviado hacia el irracionalismo. Pero lo que hace falta es ir más allá de la razón, un transnacionalismo”.

Hoy hay quien sigue vendiendo al ser humano como un ente más, como el resultado azaroso de una mutación. En el Primer Mundo se vende la idea de que el hombre, cubiertas las necesidades, será el sujeto más feliz. No obstante, el mayor índice de infelicidad se registra en la sociedad del bienestar; a mayor bienestar material mayor empobrecimiento existencial. Y este vacío existencial sólo puede desaparecer mediante el sentido, necesidad que no pocas veces queda obviada en un orbe altamente nihilista y relativista. Frankl, al respecto, señala que la posibilidad de hallar un sentido la tenemos latente hasta el final: “A la gente que pregunta: ‘¿Es necesario sufrir para satisfacer un sentido?’ yo le respondo: ‘¡De ningún modo! No es necesario sufrir para satisfacer un sentido’. Lo que realmente quiero decir es que el sentido también es posible a pesar del sufrimiento, exactamente a través del sufrimiento. Mientras podamos remediar o aparcar un sufrimiento, lo único razonable es hacerlo, ya se trate de un sufrimiento de origen biológico, psicológico o político”. Ciertamente, “se puede verificar empíricamente que la vida está potencialmente llena de sentido hasta el final”.

En El principio era el sentido Frankl en conversación con el periodista Franz Kreuzer nos invita a descubrir por qué el hombre exhibe esa voluntad de sentido y cómo es posible que se pueda demostrar empíricamente que toda persona busca “un sentido, una forma de sentido, en todas las situaciones en las que se enfrenta”. Desde luego esta realidad se entronca, no puede ser de otro modo, con la naturaleza ontológica del ser humano y su carácter trascendente. El hombre tiene un sentido, aquí y ahora, en determinada ocupación, pero también un metasentido, un sentido último de toda la existencia personal.

 

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comentarios
  1. alvaromenendezbartolome dice:

    “No hay nada en el mundo que sea tan capaz de consolar a una persona de las fatigas internas o de las dificultades externas como el tener conocimiento de un deber específico, de un sentido muy concreto, no en el conjunto de su vida, sino aquí y ahora, en la situación concreta en la que se encuentra”. Excelente. Gracias Frankl. Gracias por el artículo Joan.

  2. Es una cita con mucha miga. Gracias por comentar Álvaro.

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