La lengua no es bandera de nada

Publicado: 3 septiembre, 2011 en Cultura

Marean la perdiz para obviar cuestiones trascendentales para el devenir existencial de aquellos que con querencia o sin ella habitan en una sociedad regida por aquello que se denomina Gobierno de España. Ahora, el Tribunal de Justicia de Cataluña sigue el dictado del Tribunal Supremo y lanza un ultimátum al gobierno de la Generalitat para que convierta al castellano también en lengua vehicular en la enseñanza por la queja de unas cuantas familias castellano parlantes.

Determinados sujetos, entre ellos políticos, periodistas y supuestos intelectuales, salen con la vena política, ideológica y nacionalista en defensa del castellano y en contra del catalán y viceversa. Desde luego, la noticia es de tal hemiplejía moral que uno no debería perder el tiempo en ella, más cuando los motivos e intereses son, más bien, los ya citados. No obstante, hay que escribir con la imperiosa necesidad de desmentir cuantiosas gansadas vendidas bajo verdades absolutas. Para empezar la lengua castellana, que no el español, no corre peligro ni en castilla, ni en Cataluña ni en Santiago de Chile, tampoco en Los Ángeles donde la lengua vehicular de la enseñanza es el inglés americano y donde ninguna familia de hispanos se queja al correspondiente gobierno de que sus hijos no pueden educarse en su lengua materna.  

Se fijarán ustedes si los motivos son de carácter ideológico que quienes andan preocupados por tal cuestión son sujetos de un fervoroso y desmedido amor por lo español y por lo catalán, aunque ambos, con matices, tengan razones de peso. En Cataluña la gente se relaciona con normalidad en castellano, en catalán, en Italiano, y así hasta en trecientas lenguas diferentes; no obstante, si uno se adentra en las distintas poblaciones que configuran Cataluña pronto se percatará de que los oriundos de esta región, al margen de la población venida en las distintas migraciones, en especial a Barcelona y a las principales ciudades colindantes, habla una lengua concreta, el catalán. Con esto se desprende que el castellano es una de las muchas lenguas recibidas por Cataluña de las gentes que proceden allende sus fronteras, y, de verdad, esto es una bendición.

Es una bendición que, más allá de las burdas cuestiones nacionalistas, pueda hablarse en un barrio, en un pueblo y en una ciudad distintas lenguas. También es una bendición poder acercarse a determinadas librerías de Barcelona, como La Central, y hallar ejemplares en lengua original, sea esta en inglés, en alemán o en francés, para aquellos que lo prefieran. Que ayer, hoy y mañana el tiempo político, las portadas de los rotativos y los noticiarios se ocupen de esta cuestión convirtiéndose el uso de la lengua en símbolo ideológico es una funesta tragedia, más cuando la lengua, la que sea, es la forma del pensamiento (ver Wittgenstein), de lo que adolecen esas acémilas del ‘arriba España’ o del ‘Catalunya independent’. Las lenguas son universales, pero algunos andan dispuestos a convertirlas en herramientas políticas, y de estos tipos escapo como de la peste porque si por ellos fuese no podría leerse, si uno quisiera o se lo propusiera, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha o Tirant lo Blanc en su escritura original.   

Las lenguas no entienden de patrias, de extensiones medidas con escuadra y cartabón, porque ellas son más trascendentales, rematadamente humanas: la expresión del lenguaje del pensamiento. Así que a los batuecos, boquimuelles y beocios que hacen de la lengua bandera les digo que a mí no me engañan, que vayan en busca de otro Abundio cuyo libro de texto, en catalán o en castellano, es pura ruindad y adoctrinamiento de unos y otros. Ese es el gran problema que atravesamos, la incapacidad de nuestros imberbes para articular oraciones con sujeto, verbo y predicado. Pero esta es otra historia que sólo ocupa portadas cuando interesa.    

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comentarios
  1. Cayetano Ripoll dice:

    Como bien sabes soy uno de tus lectores más críticos, hasta el punto de que nuestras formas de ver las cosas son diametralmente opuestas en algunos aspectos fundamentales y, precisamente por eso, he creído de justicia intervenir para decirte que, en este caso, estoy totalmente de acuerdo.

    P.S.: Espero que esto no se repita con frecuencia 🙂

  2. Saludos Cayetano.

    Lamentablemente mi escaso dominio de la escritura me incapacita para reflejar la sonrisa que se dibuja en mi rostro. Me alegra saber que somos tan diametralmente opuestos, aunque eso nos haga más originales. Gracias por comentar, pero sí, espero que en el próximo comentario nos lancemos los trastos metafóricamente.

    Gracias por comentar.

  3. Sinceramente, hasta la fecha pensé que el problema de la lengua era una cortina de humo más creada por la clase política para desviarnos de los reales problemas que tiene nuestra sufrida Patria, pero me temo que, como casi siempre, me equivoqué.
    La respuesta es bastante más sencilla: simplemente, nuestra clase política está constituida por una pandilla de gilipollas.
    En cualquier caso, siempre nos quedará la lengua vehicular de los gestos, como ése que se limita a cerrar el puño con el dedo corazón mirando a las alturas….compendio último de nuestro sentir más profundo por nuestra casta oligárquica.

  4. El principal problema, ahora, no es saber qué lengua, si el catalán o el castellano, debe ser la predominante o si ambas deben ocupar un mismo rol en la educación de nuestros barbilampiños. El objetivo más trascendente de todos es el de resucitar la razón y el pensamiento, y esto pasa por la revalorización de las humanidades que se encuentran subordinadas, cuando no obviadas, por el utilitarismo de la enseñanza, más dispuesta a hacer de los jóvenes buenos ‘profesionales de’ que personas con pensamiento propio y espíritu crítico.

  5. ¡Ay, estimado amigo, si al menos ése espíritu profesional guiase a a nuestra denostada universidad y, al menos, consiguiese que los novatos fuesen algún día serios profesionales!
    Pero me temo que ni siquiera es ésa la intención y, por supuesto, el objetivo alcanzado.
    ¡Si yo te contase qué profesionales de la abogacía, de la judicatura y de la fiscalía componen las últimas generaciones!…..¡Vamor, para echarse a temblar!

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