¿El fin de la humanidad?

Publicado: 27 agosto, 2011 en Pensamiento

El estreno este agosto de El origen del Planeta de los simios permite hablar del manido tema de la extinción de la humanidad, ya sea por una causa extrínseca a la propia, es decir, por un acontecimiento endógeno del universo, ya sea por el propio ser humano y el consecuente uso indebido de la técnica de que dispone, como es el caso de la película citada, en la que un equipo de investigadores se hallan obsesionados por curar el alzheimer. En cualquier caso, lo realmente cierto es que los humanos somos la única especie que se plantea su propia desaparición y la vida más allá de la muerte.

Todos moriremos, de esto podemos estar seguros, ya sea por accidente o enfermedad. Cuando eso pasa, tarde o temprano, los cristianos sabemos que acontece el juicio particular de Dios en el que la persona o bien se une mediante una gracia santificante en comunión con Dios o bien vive la separación eterna si no se ha reconciliado con Él. Así, la única extinción real del hombre es la producida por el odio hacia Dios; y esto, con las palabras de Kurtz, personaje de El corazón de las tinieblas, es el horror, la mayor soledad y castigo que se puede conferir el propio hombre debido al mal uso de su propia libertad.

Los hombres imaginamos un sin fin de modos en las que la especie humana puede desaparecer: la caída de un meteorito, un ataque extraterrestre o una guerra nuclear. Muchos son, también, los que se protegen ante cualquiera de estos posibles sucesos, lo más recurrente es la creación de búnkers con los cuales se tiene la sensación de que uno permanecerá seguro. Sin embargo, olvidamos que el mejor modo de salvarse es el tener limpia el alma de todo pecado mortal, y que para ello disponemos del sacramento de la extremaunción. Quienes fallecen confortados de este modo con la muerte alcanzan su mayor triunfo, ya que entonces el juicio será la visión beatífica de Dios en la que el alma entra enla Gloria.   

El fin del hombre no es, pues, la extinción, ya que “Dios creó al hombre para la incorruptibilidad; le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen” (Sb 2, 23-24). Pero Cristo vence al pecado y a la muerte con su resurrección, y del mismo modo “revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán” (Is 26, 19) porque “aunque los justos, a juicio de los hombre, sufran castigos, su esperanza está llena de inmortalidad” (Sb 3, 4).

No es pues la desesperanza de la extinción la que debe habitar en el corazón de los hombres sino la esperanza de la resurrección.   

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comentarios
  1. Luis Sotelo dice:

    Buenos artículos Joan, ya inscribí tu página en mis fuentes RSS. Saludos desde Lima – Perú.

  2. Saludos Luís. Muchas gracias por comentar. Espero tus próximos comentarios. Un cordial saludo.

  3. Me ha parecido un post muy interesante. Me ha llamado la atención lo que comentas del búnker, es verdad, ante estos peligros una de las primeras cosas que se nos ocurren es encerrarnos en un búnker. Es encerrarnos en nosotros mismos. Y también hacemos eso ante el sufrimiento… encerrarnos en nosotros mismos, hacer un búnker en nuestro interior, endurecer nuestro corazaón en lugar de abrirnos a los demás y lanzarnos a amar al otro, al que nos hace sufrir…

    Me recuerda a eso de: el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará

  4. Cierto, los humanos tenemos la tendencia de covertir nuestro interior en un búnker para no ver la realidad o escapar de ella para no afrontarla.

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