Una reflexión al comienzo de la Jornada Mundial de la Juventud

Publicado: 16 agosto, 2011 en Pensamiento

Uno de los aspectos por los que se puede conocer a una época es por el bien que ha dejado de hacer. Este agosto los medios de comunicación llenaron las cabeceras de sus noticiarios con los altercados acaecidos en distintas ciudades británicas traducidos en violencia material y física. Hoy, arranca propiamente la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. En el parque del Retiro se encuentran cerca de doscientos confesionarios donde los fieles cristianos pueden confesar sus pecados. A diferencia de una verdadera confesión que no es otra realidad que enumerar en conciencia las penas que uno puede haber cometido nuestra época actúa de una manera totalmente diferente excusándose con el mal que no ha hecho, de aquí que sea frecuente escuchar a una persona decir que no ha robado o no ha matado para expresar su supuesta bondad.

En nuestra época es usual la trivialidad ante el mal a causa de la banalización de la moral. Si alguien pregunta por la calle sobre la verdad apreciará cierta nimiedad en la respuesta. Lo mismo acontece con respecto al bien, pues muchas personas lo reducen a un simple imperativo categórico repleto de cierta subjetividad cuando no a una simple cuestión de legalidad e ilegalidad. No obstante, no es cierto que el hombre no tenga una cosmovisión sino que posee una cosmovisión errónea donde la ideología reemplaza la ética y la moral. El conocimiento y la virtud permiten al hombre distinguir el mal del bien y el error de la verdad, no así la ideología que tiñe la cosmovisión que mueve a determinadas personas. Estos días en las que cerca de un millón de almas jóvenes convocadas por el Santo Padre se encontrarán reunidas para compartir y madurar la fe que comparten muchos son los que tendrán la oportunidad de discernir y descubrir la verdad y el bien y que la verdad y el bien proceden de Dios si dejan hacer morada en ellos al Espíritu Santo.   

Los medios de comunicación nos venden el mal que existe en el mundo. Benedicto XVI anunciará el bien, que también crece gracias al Paráclito del Señor, cuya presencia es tan activa hoy como ayer. Él Espíritu permite pasar del caos al cosmos, al orden armónico donde resplandece la verdad, el bien y la belleza. Nuestra época necesita salir de ese espíritu que baña la realidad de casualidad y azar para redescubrir el propósito, el sentido y la trascendencia. Quizá el mundo que hoy vemos no cambie mucho, pero quién sabe si uno solo de estos jóvenes hoy reunidos en Madrid logra percatarse de la necesidad de conocer y de amar la verdad, el bien y la belleza descubriendo en ellos el rostro de Dios hacia quien la vida de cada uno de nosotros adquiere su verdadera dimensión y plenitud. Un único joven será suficiente para que convirtiendo su existencia en la búsqueda y realización de la verdad, del bien y de la belleza se convierta en ejemplo para otras muchas personas y la posibilidad de éstas de alcanzar la felicidad y la alegría.

Nuestra época cuando deja de hacer el bien y de proclamar la verdad convierte el albedrío en libertad, la voluntad en bien y la experiencia subjetiva en verdad y todo ello gracias al funesto peso de la ideología.      

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