El 20-N hemos de ser cristianos coherentes

Publicado: 1 agosto, 2011 en Laicismo, Modos de vida, Política, Religión

El 20 de noviembre de 2011 tendrán lugar las elecciones generales de España. Ese día los cristianos estamos llamados a obrar en consciencia con la fe que profesamos por encima de cualquier programa ideológico. Nuestra coherencia moral no puede ni debe vacilar sino que debe permanecer inalienable frente a un contexto sociopolítico caracterizado por la alta banalidad y el relativismo, imperante tanto en la sociedad como en la clase política, ambas aferradas al brillo de lo contingente y, en muchas ocasiones, contrarias a la dignidad del ser humano.

Muchos cristianos profesamos una determinada postura ideológica, no obstante esta no debe prevalecer sino más bien subordinarse con absoluta fidelidad y honestidad a la que es, por la fe, nuestra mayor empresa: la evangelización del mundo al que hemos de anunciar con el propio testimoniola BuenaNueva.La historia del hombre no se encuentra descontextualizada sino que es un peregrinar que se inserta y cobra sentido en el marco de la historia de la salvación del hombre. Obviar esta fundamental y trascendental realidad en detrimento del interés ideológico es relativizar y obviar el propio fin del hombre.

Ser miembros dela Iglesia Católica no es una cuestión baladí o indiferente al desarrollo de la supuesta democracia liberal. Al contrario, los cristianos como ciudadanos del mundo nos hallamos con la inevitable responsabilidad de transmitir el Evangelio con la honestidad, el amor y la fuerza de la propia palabra de Dios sin caer alienados por el poder político-económico ni utilizarlo como medio para nuestro fin. No olvidemos que Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, auténtico y único modelo que muestra al hombre quién es el hombre y cuál es su fin jamás utilizó ni se aproximó al brazo de ideología y poder alguno.

A pesar de que el peso del laicismo es excesivo no podemos caer tampoco en la trampa de pensar que la fe debe vivirse al margen de la vida pública. Si queremos ser cristianos virtuosos y fieles testimonios de Cristo no podemos dejar de transmitir el mensaje del Evangelio y plasmarlo como vivencia práctica en la vida cotidiana. Participemos, si queremos, del sufragio, pero no olvidemos que nuestra responsabilidad no es para con el poder político sino para con Dios y, por ello, con los demás hombres en vista a la salvación. En este sentido es oportuno mostrar el ejemplo del propio Santo Tomás Moro quien antepuso por encima de las ambiciones de su soberano la demanda de su conciencia, inconmovible a la fe en Dios.       

Por esta razón es necesario que antepongamos en todo momento nuestra coherencia moral sin vacilar ante cualquier inclinación política, económica e incluso eclesiástica.

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