¿Es justificable la ofensa?

Publicado: 31 julio, 2011 en Laicismo, Religión

Tras la presión social la Juntade Extremadura ha retirado una fotografía expuesta en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en la que aparecía el actor Asier Etxeandia desnudo, caracterizado como Jesucristo y con una estampa de El Cristo de Velazquez pegada en los genitales. Las más diversas reacciones no se han hecho esperar. Sin embargo, sorprende el surrealismo laicista: crucifijos en las escuelas, no; imágenes religiosas en las instituciones públicas, tampoco; sin embargo, sí pueden mostrarse burlas o interpretaciones irreverentes, a veces bajo la justificación artística.

Al margen de la falta de originalidad, pues ya no queda blasfemia pseudo intelectual y artística nueva por ver, sorprende la reacción de la señora, o señorita, Blanca Portillo – digo señorita, porque hace dos días una camarera de mediana edad me amonestó por llamarla señora y no señorita –, codirectora de citado festival, al afirmar que “es muy triste tener que retirar una fotografía”. Desde luego es triste el hábito sistemático de recurrir a la ridiculización de lo religioso para llamar la atención. En la citada imagen hallamos provocación sin arte, un mero y puro ejercicio de execración que pone en la palestra la ruinosa deriva moral e intelectual de determinado pensamiento contemporáneo.    

Ante este contexto es necesario, como bien dice el profesor Jaime Nubiola, que los intelectuales y artistas cristianos dispongan su inteligencia y su saber hacer en la vanguardia de las ideas con el fin de abrir los espíritus al servicio de la verdad y del bien, al menos como escollo del relativismo que conduce al hombre a la deriva. Relativismo que pierde toda justificación moral e intelectual con fotografías como ésta en la que los vacíos términos de tolerancia, democracia o multiculturalismo pierden todo posible sentido cuando se ofende la creencia y la cultura de millones y millones de personas en el mundo que siguen a Aquel que estará con ellos hasta el fin de los tiempos mientras sus detractores restan sepultados en el camino de la historia.    

Fuentes: El País y Público.

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