¿Conocimiento sin verdad?

Publicado: 31 julio, 2011 en Pensamiento

La situación cultural de Occidente se encuentra afectada y bloqueada por la crisis de la verdad. Hablamos del progreso social mediante la democracia liberal y del progreso del conocimiento de la ciencia señalándolos como factores indispensables y metas para el desarrollo de la existencia del ser humano. Sin embargo, a pesar de las mejoras evidentes que aportan son más trascendentes los efectos inicuos que conllevan. El pensamiento contemporáneo tiende a caracterizarse por la falta de credibilidad de la verdad al mismo tiempo que, paradójicamente, se afirma la capacidad del conocimiento humano por desentrañar los misterios y secretos de la realidad. La verdad carece de valor absoluto y se concibe más bien como un concepto arbitrario subordinado a la razón del hombre. Así, la Verdad no existe, pero la verdad del hombre, en cambio, puede alcanzar el significado último del mundo, que antes de ser alcanzado ya presenta una subjetiva inclinación cosmogónica: el cosmos carece de fundamento, propósito y sentido, es decir, el mundo a través del método propuesto por los descreídos resta a disposición del hombre para transformarlo a su libre albedrío. En consecuencia, el hombre se despoja de su condición ontológica de criatura – ser participado – para revestirse de ser creador.   

La falta de credibilidad de la certeza se traduce en una desligación del hombre respecto del fundamento en el que se enraíza su naturaleza y mediante el cual alcanza su desarrollo y plenitud. La supuesta autonomía ontológica del hombre le conduce de modo irrevocable hacia su propia autodestrucción. Es una ensoñación, producto de un racionalismo desenfocado, considerar determinadas certezas al margen de una verdad última que las dota de unidad y sentido. Así, la certeza para el hombre no atiende a la realidad del cosmos sino a la aspiración, en su “voluntad de desesperar y de negar” (Albert Camus, El hombre rebelde), de convertirse en un ser autónomo desvinculado de todo fundamento, para así asentarse en el trono de la divinidad.

La autonomía del hombre no se puede desligar ni obviar de su condición ontológica de criatura. El conocimiento humano, incluso el conocimiento científico, no es absoluto ni carente de límites. Sin embargo, esta circunstancia no justifica la libre interpretación de que la realidad – y en ella la existencia del hombre – es una empresa carente de propósito y de sentido en la que la nada y el sinsentido serían su certeza y fundamento. La última respuesta de la razón del hombre no puede ser la que dice que nada sea tomado en serio, por la simple razón de que ésta no es más que una licenciosa bufonada carente de rigor y producto del relativismo moral, del cual la citada democracia liberal es una de sus caras. El reconocimiento de la Verdad, y en consecuencia de unos principios, es visto como una soberana imposición contraria al albedrío del ser humano convertido en ciudadano-masa. El surrealismo relativista llega hasta el extremo de conceder al individuo la capacidad de abrazar en su foro interno toda concepción cosmogónica siempre y cuando ésta no se refleje en la vida pública. En este sentido la vida del hombre en sociedad debe avanzar al margen de la Verdad y del Bien, escogiendo lo que parece verdadero y bueno en detrimento de lo que es verdadero y bueno.

¿Qué futuro le espera al conocimiento si desde la escuela se enseña que el conocimiento, la verdad y el bien son cuando menos conceptos relativos y que no se puede señalar la Verdad y el Bien al entenderse como imposiciones que coartan que el hombre pueda considerar como fundamentos el error y el mal – el mal entendido como un bien aparente –? Si no se transmite una concepción de la verdad el propio conocimiento científico y filosófico entra en cuestión en cuanto que desligada del verdadero conocimiento de la verdad se convierte en un arma subordinada al funesto peso de la ideología. Es un deber de quienes amamos el conocimiento y, en consecuencia, la verdad anunciar que la realidad no se puede falsear, que ésta posee una causa última y unos principios que la constituyen y la fundamentan – en el hombre acontece lo mismo, posee una naturaleza ontológica que lo constituye y fundamenta –. La realidad no se puede falsear, aunque el legítimo amor por la evidencia se halle en nuestro horizonte es un craso error considerar como únicamente verdadero lo empírico. No es una exigencia de la verdad su absoluta demostración empírica para la razón del hombre. La verdad siempre se muestra, en ocasiones de manera evidente, otras veces mediante revelación. Si la verdad se demostrara de manera absoluta tal cual es no cabría ni tan siquiera la posibilidad ni la necesidad del conocimiento. Pero la Verdad es y existe por mucho que no pocos se nieguen a ello. La Verdad y el Bien son en sí y no lo que nos parece que son o no son.

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comentarios
  1. Meinster dice:

    La cuestión es ¿cuál es la Verdad?
    Para tí será una cosa, pero para otro será algo completamente distinto.

    Dices ” La verdad siempre se muestra, en ocasiones de manera evidente, otras veces mediante revelación. Si la verdad se demostrara de manera absoluta tal cual es no cabría ni tan siquiera la posibilidad ni la necesidad del conocimiento.”

    Esto equivale a decir, la Verdad se nos muestra de forma sutíl, por ello se que existe, porque puedo decir que se me muestra aunque no lo haga a la mayoría, pero como no lo hace de forma evidente se le busca una disculpa y que si supieramos la verdad no necesitariamos conocimiento me parece una disculpa un tanto burda y absurda.

    La Verdad es la realidad, aquello que se puede probar como real, aquello que da resultados empíricos, aquello con lo que se pueden realizar pronósticos que se cumplen.
    En cambio lo que no se puede demostrar su existencia no es más que una especulación, y de estas hay muchas distintas, algunas con una gran base, otras carentes de ella, pero especulaciones al fin y al cabo, y confundir una especulación con la Verdad es, en definitiva, renunciar a la realidad.

  2. Saludos Meinster.

    Saberlo todo con evidencia no es más que una pretensión que hunde sus raíces en Descartes y que pasa del racionalismo al irracionalismo contemporáneo que reduce la verdad a sólo lo que es evidente; pretensión esta que no es otra realidad que el intento de dominio de la voluntad sobre el saber. ¿Puedes afirmar con toda seguridad de que sólo puedes admitir como verdad lo que se demuestra? Sin duda, y lo he dicho, demostrar es una forma del saber, pero también es verdad que el saber no se reduce a demostración. Si sólo fuera verdadero lo demostrado no cabría, según tu idea, la necesidad de demostrar. Así pues no puedes equiparar netamente conocimiento verdadero y conocimiento demostrativo. El segundo es una manifestación del primero, pero el primero es más que el segundo.

    La evidencia, apreciado Meinster, es una manifestación finita del saber, es decir, no es todo el conocimiento. Una muestra de ello es que la evidencia no ayuda ni sirve, por ejemplo, para responder quién soy y qué he de hacer para que mi existencia esté dotada de sentido, es decir, no sirve sólo la evidencia para saber vivir humanamente. Al respecto, hemos de considerar que detener el saber en la evidencia es una limitación de éste. Bien dice Popper que la ciencia no puede demostrar sólo falsear; y del mismo parecer es el nada amigo de la religión, el señor Russell, quien afirma que la matemática es una disciplina de la que no sabemos de qué estamos hablando o si lo que expone es verdad.

    Pero es más. Dices que sólo es posible el conocimiento evidente, pero esta afirmación para no ser no es ni una evidencia. ¿Menuda paradoja, verdad? Pero que la evidencia no sea todo el conocimiento tampoco es justificación para señalar que no hay propósito, sentido ni fundamento de la realidad. Que no sepamos todo no quiere decir que no sepamos nada y que no podamos conocer mediante evidencia y revelación. Pero hay conocimiento más allá o al margen de la evidencia y de la demostración. Pero para eso es necesario, como apunta Leonardo Polo, abandonar la seguridad del límite mental y desarrollar nuevos modos de saber – contando con la evidencia – para acceder a la Verdad.

  3. Meinster dice:

    Yo he dicho que si no se puede demostrar es especulación y hasta que se sepa o pueda demostrar será eso, especulación. Pero las hipótesis buscan ser confirmadas antes de ser validadas como ciertas, y lo que tu haces es dar por Verdad absoluta una simple hipótesis.
    Hasta que no se pueda demostrar como cierto algo, no debe ser considerado como cierto.

  4. ¿El qué es una simple hipótesis?

  5. Meinster dice:

    Pues muchas de las cuestiones que planteas son hipótesis que tomas como absolutamente ciertas.
    Aunque admito que la palabra hipótesis no es exactamente la que mejor lo define, quizás especulación sea más apropiada.
    Me refiero a la existencia de Dios y a todo lo que lo acompaña (que este tuvo un hijo entre los humanos que este hijo era Jesús, etc etc) hasta que no se demuestre es una especulación que no se puede tomar como Verdad ni como realidad, como mucho se puede admitir cierta probabilidad, pero nunca afirmarlo como cierto.

  6. Saludos Meinster.

    Gracias por la aclaración. Aunque sorprende de inmediato que señales que hay muchas cuestiones que son especulaciones para terminar presentando en exclusiva la existencia de Dios y la de Jesucristo. No obstante, de primeras me surge una pregunta al respecto cuando dices que se puede admitir cierta probabilidad, ¿qué quieres decir con ello? En cuanto a la existencia de Dios existen suficientes datos tanto revelados como empíricos al respecto. De todos modos es un gran avance que señales cierta probabilidad en la existencia de Dios en cuanto que en su momento habías negado su existencia categóricamente.

    Gracias por comentar.

  7. Meinster dice:

    Especulaciones hay muchas, por ejemplo que existen 11 dimensiones o múltiples universos (por poner dos de caracter científico) pueden tener detrás una mayor o menor base, pero hasta que no se demuestren no son más que especulaciones. Me refería a Dios pues es el tema principal de este blog.

    Como datos empíricos de la existencia de Dios supongo que te basas en el empirismo kantiano, este ya hace tiempo que ha sido relegado por un empirismo científico, el cual rechaza la especulación metafísica. Y mediante el método científico no se ha demostrado la existencia de Dios, en cambio mediante el empirismo se puede “demostrar” la existencia de todo aquello de lo que este convencido el autor.

    En cuanto a la probabilidad de la existencia de Dios, siempre considero que todo es probable mientras que no se sepa cierto, claro que la probabilidad es tan baja que se puede considerar tendiente a cero. Pero si en un momento se apareciese Dios ante el mundo pues demostrado quedaría, mientras que no lo hace considero la probabilidad de su existencia igual a la de otros dioses de cualquier religión o mitología, así como todo tipo de seres fantásticos creados por la mente humana a lo largo de los siglos (y mira que hay), para mí Dios es uno más de estos seres (en los cuales se ha creido y hay gente que todavía cree en muchos de ellos)

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