La crisis arriana (II)

Publicado: 24 julio, 2011 en Patrología

San Atanasio de Alejandría (295-373) es uno de los Padres de la Iglesiaque muestra una mayor oposición a los intentos del emperador Constantino de reconciliar a Arrio y a la Iglesia.Siendoaún diácono participa en el Concilio de Nicea y tres años después es consagrado obispo de Alejandría. Por su oposición a aceptar la integración a la Iglesiade aquellas personas que mantenían posiciones heréticas los melecianos y los arrianos logran que el Sínodo de Tiro (335) decrete su deposición de la sede alejandrina y que el emperador Constantino lo destierre a Tréveris. No obstante, el Sínodo de Sárdica (342) lo declarará legítimo obispo de Alejandría a cuya sede regresa en el 346. Aún así Atanasio padecerá otra serie de condenas que le llevarán al exilio a Egipto (356-362). Sólo en sus últimos años de vida alcanzará relativa paz gracias al amor de las gentes, no así de los emperadores Constancio, Juliano y Valente.

San Atanasio es un inquebrantable defensor de la fe y del Concilio de Nicea (325). En su obra, algunas de ellas de carácter apolegético, se confirma su empuje por combatir cualquier herejía (Contra Gentes y De Incarnatione Verbi) y su escrupulosa finura teológica para preservar la condición divina del Hijo de Dios en oposición a las tesis arrianas (Orationes contra Arianos, Apologia contra Arianos e Historia Arianorum ad Monachos). Es de suma importancia por su claridad la exposición que realiza del dogma trinitario en la que defiende la unidad substancial del Padre y el Hijo y de su mutua existencia con independencia dela Creación. Cristo, a diferencia de las posiciones arrianas, es verdadero hombre y verdadero Dios y matiza que en el Padre la generación del Hijo es eterna pues en Dios no hay un antes y un después como acontece con la generación de los seres participados.

Al mismo tiempo, San Atanasio elabora una notable doctrina sobre el Paráclito (Epistolae ad Serapionem) en la que declara que el Espíritu procede del Padre por el Hijo, que es dado por Éste a la Iglesia y que al mismo tiempo es el Espíritu que habla en la Escritura e inspira a todos los santos. En cuanto a su cristología la encarnación de Cristo es la causa que permite la salvación del hombre: “Que la muerte haya sido destruida y que la cruz sea una victoria conseguida sobre ella, que no tenga más fuerza en adelante, sino que hay verdaderamente muerto, he aquí una prueba considerable y un testimonio evidente de ello: todos los discípulos de Cristo desprecian la muerte, todos se lanzan contra ella, sin temerla ya, sino que por el signo de la cruz y la fe en Cristo la arrojan a los pies como una cosa muerta. Por otro lado, antes de que se produjese la divina venida del Salvador, todos lloraban a los muertos como si estuviesen destinados a la corrupción. Pero desde que el Salvador ha resucitado su cuerpo, la muerte ya no es temible; todos los que creen en Cristo la arrojan a los pies como si fuera nada y prefieren morir antes que renegar de la fe de Cristo. Saben verdaderamente que al morir no perecen, sino que viven, y que la resurrección les volverá incorruptibles” (De Incarnatione Verbi).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s