El mensaje cristiano

Publicado: 4 julio, 2011 en Religión

El mensaje cristiano no tiene por objeto un cambio ni una transformación social como apuntan teólogos como Comblín, sino que en esencia lo que anuncia es algo concreto y trascendente para toda la humanidad: la salvación revelada por Dios mediante la persona de Jesucristo. Por tanto, la verdadera tarea dela Iglesia y del cristiano en su evangelización es anunciar el ofrecimiento de la salvación a todos los hombres. En este sentido, inmersos en una sociedad contemporánea altamente materialista que no alcanza a contemplar en su horizonte destello alguno de trascendencia, los cristianos tenemos el compromiso y la responsabilidad de anunciarla Palabra de Dios yla Buena Nueva de la salvación; perseguir otro objeto y otro fin en la evangelización es desviar el sentido auténtico dela Revelación.

Puede resultar cansino hablar de salvación, incluso puede parecernos poco apropiado para un mundo, el de hoy, tan desacralizado. Sin embargo, respecto a los asuntos del mundo, desde la antropología a la biología pasando por cualquiera de las ramas de la ciencia y del saber humano no podemos obviar u olvidar para nuestras conciencias que el sentido de la vida personal depende y mucho, pues en ello va la existencia misma, de que el hombre viva cristianamente. Vivir la existencia dotada de propósito y con sentido es muy distinta a vivirla sin más como acontece a los personajes de Les quai des brumes o con mayor o menor interés por determinada vocación o asunto contingente. La vida se vive con absoluta trascendencia y real sentido cuando se comprende que Dios ofrece una salvación inmanente y escatológica en la que nos otorga la filiación divina y nos promete la vida eterna venciendo, como Cristo, a la muerte.

La salvación anunciada por Cristo no es una mera liberación política, social ni económica, sino que es una salvación que abarca al hombre por entero. El fin último del hombre, más allá de estos fines mundanos que el hombre debe alcanzar en vistas al bien común, es la apertura al amor de Dios. Es tan importante para el devenir del mundo que los cristianos anunciemos la salvación, pues en ello se juega su existencia, que es necesario que el mensaje de Cristo sea inculturado en las diversas culturas, de tal manera que el obrar virtuoso del hombre se integre en la economía de la historia de la salvación. El hombre para ser quien debe ser no puede vivir en la oscuridad, en el fondo de la caverna, debe recibir el anuncio para transformar aquellos aspectos de la vida que estén afectados por determinados pensamientos o ideologías contrarios al fin propio del hombre y al Reino de Dios. El hombre, desde luego, no podrá ser quien es ni vivir siendo quien es si silencia, esconde u omite su carácter trascendente.

Anunciar el Reino de Dios y la salvación puede ser dificultoso – quizá lo es – pero para nada pesado, pues el yugo de Jesús es suave. Es importante, sin embargo, que el cristiano con la pretensión de caer simpático relativice el mensaje. El mensaje cristiano es simple: debe estar centrado en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre y auténtico modelo para el hombre. Vivir cristianamente es vivir según Cristo, único camino para la salvación y para llegar a Dios. En este sentido es importante remarcar que la salvación no está desligada, para nada, de la existencia en este mundo, sino que es el sentido último de ésta, a la que ilumina con la trascendencia.   

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