Literatura Latina Cristiana (III)

Publicado: 3 julio, 2011 en Patrología

Retomando el hilo de las entradas dedicadas a la literatura latina cristiana también hay que citar a tres autores: Lactancio, san Hipólito Romano y Novaciano. Respecto al primero sabemos que nace en torno al 260 en África, que fue llamado por Diocleciano a impartir retórica latina en Nicomedia de Bitinia, ciudad donde se convierte al cristianismo, posiblemente en el año 300. En el 303 se ve forzado a renunciar a su cátedra a causa de la persecución. Sin embargo, conoce en Nicomedia a un joven Constantino que años después, en el 317, le llamará para que instruya a su hijo Crispo. Lactancio pudo morir en una fecha próxima al año 330.

Las fuentes clásicas señalan que Lactancio es autor de una ampulosa obra, no obstante sólo nos han llegado cuatro de ellas: De orificio Dei, Divinae instituciones, De ira Dei y De mortibus persecutorum. La primera de estas obras se halla dedicada al cristiano Demetriano, quien fue uno de sus alumnos. Con la manifiesta intención de seguir el libro cuarto del De republica de Cicerón pretende probar la existencia de la Providencia divina. La segunda de las obras es posiblemente la de mayor peso. Estructurada en siete libros o capítulos – La falsa religión, donde refuta el politeísmo; El origen del error, donde imputa al demonio la existencia de la idolatría; La falsa sabiduría de los filósofos, donde presenta su supuesta ignorancia en cuestiones de carácter ético; Sabiduría y religión verdaderas, donde presenta la revelación cristiana como la auténtica y verdadera sabiduría a alcanzar; La justicia, virtud que se fundamenta en la piedad, conocimiento y adoración de Dios, y que desaparece ahí donde se da el fenómeno de la idolatría; La verdadera religión, donde señala que la verdadera justicia consiste en adorar a Dios y en practicar la misericordia con los demás hombres; y Sobre la vida bienaventurada – en los que expone en líneas generales el conjunto de la doctrina cristiana con una suma importante de citas y referencia de autores como Cicerón y Virgilio. Algunos de los aspectos débiles de esta obra es la falta de altura teológica y la escasa presencia de citas dela Sagrada Escritura.

En De ira Dei Lactancio nos ofrece su particular visión de Dios al que concibe como benevolente para quienes practican la justicia y lleno de cólera hacia los pecadores. En cuanto a De mortibus persecutorum es una obra en la que expresa la cólera de Dios con los emperadores romanos que persiguieron a los cristianos. En definitiva nos encontramos ante un brillante autor latino, apodado por algunos como el Cicerón cristiano, pero dotado de una profunda ignorancia teológica que se observa en la confusión de sus textos doctrinales en los que se mezclan distintas nociones filosóficas, desde el platonismo y el estoicismo hasta el pitagorismo. Esta mezcolanza de corrientes en su pensamiento y su escasa cultura teológica contribuyen a que cometa errores como abrazar el dualismo antropológico o confundir en muchas ocasiones el Verbo con el Paráclito.

De San Hipólito Romano se desconoce su lugar de nacimiento, aunque hay quienes apuntan que pudo nacer en Grecia. Se sabe, no obstante, que vivió en Roma, que fue presbítero en tiempos del pontífice Ceferino y que tuvo severos problemas respecto a cuestiones doctrinales con el sustituto de Ceferino enla Cátedrade Pedro, el Papa Calixto, motivo por el cual se separa dela Iglesiay es elegido obispo por sus escasos pero muy influyentes adeptos para convertirse en el primer antipapa de la historia. Este cisma perdurará hasta que Máximo el Tracio, perseguidor de los cristianos, destierra tanto al antipapa Hipólito como al Papa Ponciano a la isla de Cerdeña, donde ambos se reconcilian y padecen martirio. Los cuerpos de ambos serán trasladados a Roma por mandato del Papa Fabián, descansando el cuerpo de Hipólito Romano en el cementerio dela VíaTiburtina.Hipólito es el último teólogo en hacer uso de la lengua griega. En su doctrina admite que Jesucristo, el Logos, es Dios y que está unido indivisiblemente a Él de modo inmanente. Según Hipólito el Verbo procede del corazón mismo de Dios, donde se encontraba antes de la creación. No obstante considera en su doctrina trinitaria que quien manda es Dios y que Cristo Jesús obedece los designios del Padre, mientras que el Paráclito tiene la función de iluminar a Éste.  

En cuanto a Novaciano éste nace a comienzos del siglo III. Se sabe que la Iglesiay la comunidad de Roma se opusieron a su ordenación por no haber recibido la confirmación. Aún así se hizo ordenar obispo por tres obispos, al tiempo que Cornelio era escogido Santo Padre, convirtiéndose así en antipapa. Se sabe que padeció martirio durante las persecuciones de Valeriano entre el año 257 y 258. Amediados del siglo XX se encontró una inscripción en una catacumba próxima a San Lorenzo en la que se lee: “Novatiano beatísimo martyri Gaudentius diaconus fecit”. Novaciano era partidario de la pureza dentro dela Iglesia, de ahí que contara con bastantes adeptos en la promulgación del cisma, ya que eran muchos que como él sentían preocupación por la santidad dela Iglesia. El rigorismo de Novaciano se extendió de Roma hacia otras comunidades itálicas, llegando también a las Galias, Hispania, el Norte de África y a Asía y perdurando hasta entrados el siglo sexto. Novaciano fue un excelente teólogo dotado de una brillante retórica. Defiende la identidad de Dios como Creador polemizando al respecto con los gnósticos. Sostiene que Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios, Hijo del Padre, polemizando en este aspecto con los marcionitas.

 Fuentes:

M. Perrin, L’home anticue et Chretien. L’hantropologie de Lactance. París, 1981.

O. Nicholson, Fligt from Persecution as Imitation of Crhist: Lactantius’ Divine institutes, 1989.

M. Ibarra Benlloc, Diferencia de pareceres entre Lactancio y Eusebio de Cesarea en torno a la muerte voluntaria del cristiano en testimonio de su fe, 1996.

A. Gutiérrez de Rucandio, De la anáfora de la ‘tradición apostólica’ de S. Hipólito de Roma a la ‘II Plegaria Eucarística’ del Misal Romano actual, 1985.

C. Granado, Teología del Espíritu Santo en Novaciano, 1981.

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