Síndrome de Down: más allá de un desorden cromosómico

Publicado: 24 junio, 2011 en Aborto

La fundación Síndrome de Down de Madrid expone hasta el 30 de junio en la Plaza de la Independencia Más allá de un rostro, que cuenta con 150 imágines de gran formato de niños con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales acompañadas cada una de ellas con mensajes cortos y directos con el fin de colaborar en su integración en la sociedad: “Cúando llegué a casa, papá y mamá no sabían qué hacer conmigo. Ahora no sabrían que hacer sin mí”.  

Ante situaciones objetivas que caen bajo el imperio de la moral en ocasiones, muchas o pocas, es difícil mantener una actitud correctamente buena, incluso para una persona cristiana no siempre es fácil seguir las enseñanzas morales dela IglesiaCatólica.Uno de estos casos es el embarazo de niños con síndrome de Down. A pesar del aumento de mujeres que retrasan la maternidad hasta edades comprendidas más allá de los 35 años, el uso de nuevas técnicas para el diagnóstico de determinadas discapacidades hace que el nacimiento de niños con síndrome de Down sea estable o inferior en la actualidad que en décadas pasadas. En Europa mientras en la última década del siglo XX casi dos tercios de todos los embarazos con dicho síndrome terminaban en nacimiento a mediados de la primera década del siglo XXI este porcentaje dio un vuelco considerable hasta que hoy dos tercios de citados embarazos terminan en aborto.  

En España existen comunidades autónomas – Andalucía – que cuentan con programas para la eliminación de todo tipo de embarazos en los cuales el feto o embrión presente trastornos patológicos, con el objeto de reducir de un 3% a un 1% la tasa de población que padece determinadas discapacidades. Basta pasear por nuestras calles para cerciorarse de que cada vez se ven menos personas con síndrome de Down. Esta realidad no quiere decir, para nada, que la ciencia haya conseguido terminar con esta discapacidad sino que gracias al avance de la técnica se diagnostican estos casos con mayor prontitud lo que permite, gracias a la permisiva legislación, abortar al 90% de los niños y niñas que nacen con el síndrome de Down.

Es importante evitar todo tipo de relativismo y miedo a hablar de lo moralmente correcto más cuando la dignidad del ser humano empieza por el respeto de su derecho de vivir y la necesidad de potenciar que pueda alcanzar su plenitud, que no es otra realidad ontológica que llegar a ser lo que debe ser por naturaleza. No podemos caer en nihilismos ni en juegos semánticos propios de batuecos y boquimuelles, el Papa Benedicto XVI lo dice claro: la libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce el ser humano a la esclavitud. Decir quién puede vivir – y hasta cuando – y quién no es tratar a la persona como objeto, como mercadería. Abortar no es progresista ni vanguardista, sino un crimen. Abortar no es un derecho, es una realidad antinatural. La persona es un fin en sí misma – ver entradas de antropología en Opus Prima – y nunca puede ser tratada como un medio – pensemos en los llamados ‘niños medicamentos’, embriones seleccionados para salvar la vida de un hermano nacido –. El uso de técnicas para controlar los defectos de los fetos o embriones no puede convertirse en un instrumento para eliminar a nonatos con graves desórdenes cromosómicos.    

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