Intelectualismo ideológico y rechazo a la verdad

Publicado: 13 junio, 2011 en Pensamiento

El pavimento intelectual en el que se adscribe nuestra generación se encuentra impedido por el peso de la ideología y de la economía. No existe ningún servicio del saber a la sociedad en cuanto que éste no resulta profundo, veraz ni trascendente. Los intelectuales colaboran o están al servicio del poderoso, desprecian la verdad e incluso, en su despropósito, toman por veraz aquellas ‘realidades’ que no lo son cuando ellos mismos son conscientes de ello. El problema de nuestra generación es la falta de amor por la verdad, por estar en lo cierto: por ser. El Ser es la verdad en cuanto que quien carece de veracidad no es.

Otras ansias y otros afanes motivan a la persona del siglo XXI en detrimento de la verdad y de la trascendencia. Se produce así la fundamentación y la absolutización de lo finito, de lo fugaz y de lo aparente producto de la limitada razón de unos hombres sujetos a la brevedad de una época. Así, el amor por el progreso es exagerado cuando no beatería ridícula. Chesterton, del que mañana se cumplen 75 años de su muerte, afirma con razón que nadie puede comprender el avance de la historia de la humanidad sin unir esta historia a la de la salvación del hombre por parte de Dios. Y así es, huelga mencionarlo. La persona que aspira a estar en lo cierto, en la verdad, debe remar mar adentro hasta entrar en contacto con Dios, quien interpela al hombre para formar parte de esa Iglesia misionera y peregrina que conduce al encuentro salvífico con Cristo.       

A lo largo de la historia ha habido muchas corrientes filosóficas equivocadas. Sin embargo, nada chirría más que esa beatería por el progreso cuya esencia no es el sentido ni el propósito sino el escéptico absurdo. Nada más estrambótico y pernicioso que un intelectualismo científico y filosófico que desprecia y obvia la verdad. Esta pestífera situación sólo se entiende por el peso de la ideología que hace con la realidad lo que le viene en gana, hasta el extremo de transmutar los conceptos para convertir mágicamente cualquier cosa en Absoluto: como la aceptación de que la verdad no existe y que hay pruebas de ello – “la vida quiere ficción” dice Nietzsche –. Pero la verdad es una necesidad constitutiva de la realidad y del hombre. El hombre si busca la verdad es porque busca ser lo que es, y no hay mayor verdad ontológica que el Ser. Porque, diga lo que se diga, no somos fruto de una azarosa violencia originaria sino causa de una divina libertad creadora hacia la que tendemos de manera natural mediante el ejercicio de nuestras facultades, porque sin su verdad nuestra vida, posible, es inviable – el hombre zoológicamente dice Ortega y Gasset debería clasificarse como verdávoro –.

El XXI es el siglo ideologizado. La ideología no necesita la verdad; es más, necesita que se la rechace por la falsedad.  

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comentarios
  1. Pablo dice:

    Me parece genial lo que dices, pero no me gusta que hables de “los intelectuales”, que sería mejor decir “algunos intelectuales”, “los intelectuales relativistas”, porque hay muchos intelectuales en todo el mundo que defienden la existencia de una verdad.

  2. Totalmente de acuerdo, Pablo, tienes razón en la apreciación. Gracias por comentar.

  3. Jaume dice:

    Somos tan progresistas y tan ‘cool’ que hemos olvidado por qué estamos aquí. Buenas entradas las últimas, para reflexionar.

  4. Toda la razón Jaume. Hasta aquí llega nuestro surrealismo. Gracias por comentar.

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