Familia y cristianismo

Publicado: 12 junio, 2011 en Familia, Religión

El pilar fundamental de la humanidad es la familia. No sólo es el primer ámbito de la socialización humana sino que es, ante todo, la estructura natural que permite asentarnos firmes en la realidad que nos alberga y emprender con mayor garantía la trepidante aventura de la vida o, dicho de otro modo, de ser lo que somos y estamos llamados a ser por naturaleza.

La familia es indispensable para la viabilidad de la persona. Es en ella donde la persona existe, ama y es amada y donde recibe la virtud o la corrupción por la que regirá libremente la existencia. La familia es pilar porque se fundamenta en una realidad trascendente que la posibilita, es decir, no es una construcción cultural sino una realidad producto de la divina libertad creadora cuyo amor, mediante la entrega de Cristo, nos permite denominarnos hijos de Dios y ser, la humanidad, una sola familia.

Este amor de Dios mencionado que origina la familia universal que constituye toda la humanidad es la raíz de la familia porque el amor no se agota dentro de la pareja sino que la donación del ser del hombre y de la mujer carece de límites convirtiéndose en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona. Sin este amor la libertad del ser humano se pervierte y abandona su intrínseco destino que es la plenitud del ser. Ser verdaderamente libre supone amar enteramente y sin reservas e implica salir de la soledad para abrirse a la donación absoluta que se da en la familia, la casa humana abierta con esperanza a la casa de Dios.

Nunca lo olvidemos, la humanidad permanece en pie por la familia que hunde su raíz en Dios cuya trascendencia fundamenta el ser del hombre. La familia, pues, es la estructura natural y de origen divino que otorga dignidad a la persona y que, al mismo tiempo, le ofrece y le empuja a su misión: la de ser persona, la de ser mediante Cristo verdadero Hijo de Dios. La humanidad es una única familia por el cristianismo. Fuera del cristianismo es difícil entender bien el sentido de la misma sin caer en ese individualismo escéptico que no conoce prójimos y que no entiende el sentido del bien común porque desconoce el sentido de hermandad que une a los hombres por gracia de Dios. Defender la familia pasa por reconocer la dignidad ontológica y trascendental de la persona y esto sólo se reconoce dentro del cristianismo.    

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