Democracia y educación (III)

Publicado: 6 junio, 2011 en Ética y Moral, Política

La educación es el soporte indispensable para el mantenimiento y la renovación de la sociedad y sus diversas estructuras, entre ellas la democracia. Su función indispensable para la consecución del bien común y del fin del hombre es la de transmitir el conjunto de creencias y de virtudes en las que se enraíza el ser humano así como lograr que cada persona se sienta responsable para con la sociedad en conjunto y encuentre en el bien común el propósito de su fin, que también a tañe a cada uno en cuanto que los hombres, todos, comparten el mismo objeto último y la misma moral. En este sentido, la educación no es adoctrinamiento ni adiestramiento, aspectos más propios de la ideología, sino guía para que el sujeto pueda desarrollar del modo más correcto su intrínseca naturaleza, que no es otro objeto que la consecución de su fin, en el que se vincula de manera directa el bien común.

Es importante tener presente que el fin de la educación está orientada hacia este bien común en el que se entroncan los fines personales de cada hombre, puesto que la acción del hombre no corre solitaria y de manera individual sino que el fin último es común a toda la especie humana: la felicidad, cuya mayor expresión es mediante el desarrollo del ya mencionado bien común. Por esta razón es importante e indispensable que la educación llegue al mayor número de personas pues en el caso contrario será difícil que se entienda que la humanidad comparte un mismo objeto y un mismo fin. Al mismo tiempo es capital que se entienda que la educación no es sólo preparación para la vocación de una persona sino sobre todo guía para conducir la propia vida, es decir, la escuela ya es la sociedad en sí – una asociación moral – y el escolar se dirige a ese fin propio de su naturaleza ontológica que es la felicidad mediante la realización del mayor bien posible, el común.

Un sistema democrático debe comprender la dignidad del ser humano por el mero hecho de ser persona humana y debe ser responsable de promover y potenciar el desarrollo integral de la persona y, al mismo tiempo, entender que esta dignidad, esta promoción y potenciación de la persona se alcanza si el bien de la persona se vincula al bien de toda la humanidad y se enraíza en la misma ontología de la naturaleza humana. Sólo alcanzándose el bien común se alcanza el mayor bien para cada persona. Si los hombres no comprenden que pertenecen a la humanidad será imposible alcanzar el mayor estado de sociabilidad. Es en este sentido que la educación no es adoctrinamiento ni puede serlo. La auténtica educación no puede, como ya hemos dicho, eludir el fin del hombre y el bien, común desde luego. Así, insisto, la educación, la escuela, es la sociedad misma, es el mismo proceso de desarrollo vital de la persona que se forma en esas creencias y en esas virtudes en las que se enraíza su propia naturaleza ontológica y mediante los cuales se comprende por qué la sociedad es una unidad o asociación moral ya que se dirige a un mismo fin mediante la realización del bien.  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s