Democracia y educación (I)

Publicado: 25 mayo, 2011 en Ética y Moral, Política

La democracia será virtuosa siempre y cuando sea una posibilidad de perfeccionamiento para el ser humano. Por ello no deberá ser una simple forma de gobierno sino, sobre todo, una forma de vida que ayude a la persona a alcanzar moralmente la mejor existencia posible, es decir la felicidad o plenitud. En este sentido el objeto de la democracia es el bien común en cuanto que su función es estar al servicio de la sociedad, de todos los hombres en conjunto. Entender de otro modo ésta forma de gobierno es una perversión en manos de intereses particulares.

Así, el interés primordial de la democracia es el bien común. De ahí generará el estímulo necesario para que las personas alcancen la mejor vida posible, que ya hemos dicho que es la felicidad o una existencia dotada de sentido pleno. En consecuencia, todos los hombres deberán tener el compromiso y la voluntad de cooperar entre ellos para dar cumplimiento a ese bien común, que es el bien mayor. En ningún caso la democracia podrá admitir, ni debería admitir, que se dé una natural distinción entre los gobernantes y los gobernados, como si de dos clases diferentes se tratará. Al respecto, la función de este sistema es conformar una unidad que trabaje y colaboré conjuntamente en vistas al objetivo mencionado, que en el fondo es la voluntad y el fin de todos los seres humanos.

En este sentido observamos que la democracia no es otra forma de gobierno pues es mucho más que esto último. Es, ante todo, un fin ético, una asociación moral entre las personas. Es decir, en la democracia, en la verdadera democracia, la ley y la voluntad no son impuestas sino que nacen y surgen de todos y cada uno de los hombres que configuran la sociedad. La responsabilidad personal de cada hombre para que el ser humano en conjunto alcance el bien común es el fin de la democracia. Desde luego, no se atenta contra la individualidad de cada persona ni debe confundirse la democracia con una derivación del comunismo sino que cada uno debe tener la iniciativa para decidir sin coacción extrínseca cómo trabajar para alcanzar ese bien común; porque no lo olvidemos, el bien del hombre es un bien eminentemente social, de aquí se comprende que el hombre realiza su individualidad libremente en asociación con las demás personas.

La importancia de la democracia radica entonces en que, por ser una concepción ético-moral y por tener como fin el bien común, permite que todo ser humano, cualquiera, tenga la posibilidad de convertirse en persona, de alcanzar la mejor vida o felicidad en cuanto que es el fin de esta forma única de gobierno, que sólo se alcanza si todos los hombres, sin excepción de nadie, trabajan y colaboran para ello.   

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