El cerebro ético. Un atajo emocional ante dilemas

Publicado: 5 mayo, 2011 en Ciencia, Universidad, Video

Cinco operarios están trabajando en una vía. A lo lejos se aproxima a gran velocidad un tren que los arrollará. Usted se encuentra en un puente sobre la vía y puede impedir que el tren los atropelle si lanza a una persona que tiene justo a su lado. Este es uno de los 60 dilemas en los que han participado voluntarios par estudiar los circuitos neuronales que procesan estas decisiones y que la Universidadde Navarra sintetiza en este vídeo divulgativo titulado El cerebro ético. Un atajo emocional ante dilemas. En aproximadamente nueve minutos se nos muestra científicamente que en nuestro cerebro se halla registrado el principio universal por el cual no deseamos hacer a los demás el mal que no queremos para nosotros.

Respecto al ejemplo anterior la mayoría de los voluntarios decide con rapidez, en cinco segundos, no empujar a la vía a la persona que tiene al lado. Toman esa decisión con un intenso sentimiento de rechazo a hacer daño. Los científicos han seguido la actividad cerebral mientras la persona decide qué hacer. Las técnicas de neuroimagen detectan una activación intensa en zonas de la corteza cerebral que procesan las emociones que afectan a la relación con los demás. Conocer qué ocurre en el cerebro al enfrentarnos a dilemas en los que entran en juego vidas humanas ayuda a comprender cómo usamos la capacidad de juzgar las acciones como buenas y malas. Los trabajos de imagen funcional muestran que se activan áreas que intervienen en la emoción, la toma de decisiones, el conflicto, las relaciones con los demás y la memoria.

El primer paso del cerebro para decidir es generar la emoción en la capa central del cerebro. El hipotálamo, al liberar los neurotransmisores oxitocina o vasopresina, participa con la amígdala cerebral en el proceso de la emoción, que evalúa el significado biológico de la información recibida: puede ser positivo o negativo. La amígdala es un nudo de comunicaciones que une emoción y motivación. Al mismo tiempo, conecta con la corteza cerebral en varios puntos. En el lóbulo frontal conecta con el nudo principal de esta zona: la región orbito frontal. Esta región es capaz de frenar los impulsos automáticos y decidir de acuerdo con los valores y normas que uno libremente ha ido asumiendo. Afloran entonces los sentimientos positivos o negativos, aunque no determinan la decisión. Las emociones son como pesas en una balanza que empujan más a un lado que a otro. Aportan intuitivamente un conocimiento espontáneo sobre si algo es bueno o malo. Las emociones proporcionan un atajo, una ayuda natural para decidir en situaciones límite que exigen una actuación inmediata. Cuando se trata de ayudar con un coste personal, como socorrer a un accidentado, la dopamina envía sus señales de recompensa que refuerzan la emoción positiva de la decisión.

Lo que conviene o no a un animal éste lo tiene enraizado en el instinto de supervivencia de la especie. Los animales no se equivocan, tampoco eligen, pues les viene dado un comportamiento automático y eficiente. El principio universal del ser humano de no hacer a los demás lo que uno no quiere que le hagan a él está arraigado en nuestra tendencia natural a conservar la vida y a ser conscientes de ello. Esta regla aparece registrada naturalmente en el cerebro como un detector que provoca la emoción automática de agrado al ayudar y de repugnancia por dañar. También hace que surjan los sentimientos de compasión, culpa o vergüenza. Se trata de una intuición natural que dice lo que está bien y lo que esta mal. Al respecto el doctor Marc Hauser, de la Universidadde Harvard, afirma que “el ser humano posee un sentido moral innato”.

El segundo paso que realiza el cerebro antes de que se tome la decisión es más lento. Se trata de analizar y valorar la respuesta con respecto a las convicciones personales. Este paso es imprescindible para poder decidir. Se han realizado estudios en dos tipos de personas para entender mejor cómo funciona el cerebro en la toma de decisiones. Por un lado, se ha analizado a personas con un daño cerebral en el nudo de comunicaciones frontal, que conecta lo emotivo y lo analítico. Se comprueba que siguen una conducta excesivamente utilitarista y deciden con gran rapidez matar: empujar a la vía a una persona para salvar a cinco. Debido a la lesión cerebral, este tipo de personas carecen de la guía innata que supone el aviso de alarma de la emoción en la toma de las decisiones. Aunque el sistema que analiza el coste-beneficio se mantiene; los sentimientos desagradables y la repugnancia a hacer daño que constituye una señal de precaución, les dejan imperturbables. No necesitan más tiempo ya que no tienen que frenar la emoción natural, que no se genera en ellos. Sin embargo, en una situación en la que la emoción disminuye notablemente, su conducta es normal y deliberan. Por otro lado, se ha hecho el experimento con personas muy utilitaristas, entrenadas en el cálculo riesgo-beneficio como norma de conducta y, sorprendentemente, emplean el mismo tiempo sea cual sea la opción. Como las jerarquías de valores no están biológicamente determinadas en estas personas prima el utilitarismo sobre otros valores.

Si el componente emotivo tiene tanta influencia en las decisiones, por qué las personas sanas podemos analizar y decidir sin estar sometidas por los sentimientos. La clave reside en la capacidad de frenar la información que llega a la corteza frontal desde el procesador de las emociones. Un triángulo de neuronas del lóbulo frontal ejerce la labor de frenado de información que llega desde diversas áreas. Primero, las neuronas del nudo de comunicaciones frenan la información que le llega a través de la amígdala. Procesan las expectativas e imaginan el futuro. A continuación, las opciones en las que descubrimos posibilidades de recompensa se almacenan en la zona frontal anterior. Las neuronas de esta región y la lateral se frenan entre sí. Pasado un tiempo, la lateral contextualiza la situación y obtiene un resultado, que es la respuesta final.

Entrevista con la doctora Natalia López Moratalla, Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular dela Universidadde Navarra sobre este proyecto experimental.

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comentarios
  1. Alku dice:

    Te das cuenta las implicancias de esto no?
    La moral tiene una base Material, el cerebro. No el alma.
    Yo te puedo decir que fulano de tal que asesinó es porque su amigdala o su región frontal está dañada.
    Por ejemplo es típico el descontrol emocional y ciertas falencias en los juicios morales de los adictos a la cocaína…debido a que esta sustancia daña el lóbulo frontal.

    De los estudios que mencionas un resultado claro es que a nuestro cerebro le parece más inmoral realizar una acción a que un daño ocurra por inacción (dejar que el tren siga su curso)

    También se sabe que cambia si la persona hipoteticamente conoce o no al sujeto a empujar.
    Por ejemplo si les dices que es un desconocido muchos optan por empujarlo pero si les dices que que el que está al lado es un amigo, pariente o compañero las respuestas de empujar bajan dramaticamente. (dependiendo el pariente claro 🙂 )
    saludos
    Alku

  2. Saludos Alku.

    Disculpa pero me parece que no has entendido bien. La doctora Natalia López Moratalla afirma que estos análisis permiten entender mejor que el juicio moral que decide no causar un daño directo a una persona entraña un fuerte componente emocional. Al mismo tiempo señala que los códigos de conducta aportan una escala jerárquica de los valores que se consideran relevantes para calificar algo como bueno o malo y que estos no están biológicamente determinados y por ello difieren en aspectos normativos de unas culturas a otras. ¿Entiendes ahora?

  3. Cristina Bec dice:

    Así es Joan. Alku el estudio nos dice que a las personas, liberadas del encierro en el automatismo biológico, se les plantean dilemas y están abiertas a equivocarse al decidir. Esto desmonta tu libre interpretación.

  4. Alku dice:

    Hola:
    Yo nunca dije que no haya un fuerte componente emocional. De hecho aparentemente los centros neurologicos relacionados con la moralidad son similares a los relacionados con la estética en muchos aspectos. Eso tambien se refleja en expresiones como que tal acción “dio asco” o “parece repugnante”.
    Y desde ya que ademas de esos mecanismos neuronales están las escalas que vienen del aprendizaje social lo cual explica la diferencia entre sociedades de algunos elementos morales.
    Por ejemplo hicieron ese test a una sociedad de aborígenes canadienses y resulto que ninguno elegía la opción de arrojar a 1 persona a las vías. Descubrieron que era porque su comunidad es cerrada y pequeña. O sea no hay desconocidos. Para ellos arrojar a alguien era arrojar un conocido. Por eso nadie elegía esa opción.

    También se mostró en otros estudios que si alguien con alguna apariencia de autoridad te da la orden de en el experimento arrojar al individuo, muchos optaban por obedecer pues sentían que ya no tenian la responsabilidad.

    Pero justamente el sentimiento MORAL es algo propio del cerebro.Como la corteza visual es lo que procesa las imágenes, el frontal es parte de la moral.

    Si te daño el frontal pierdes tu moral, o sea no tienes ese reflejo emocional ante una acción de moralidad dudosa.

    O sea están sacando al alma del juego y poniendo bases materiales (fisiológicas) a la conciencia.
    alku

  5. Alku.

    “Si te daño el frontal pierdes tu moral”. Disculpa, no quiero juzgar erróneamente, pero ¿no entiendes o no quieres entender? Los juicios de valor – la moral – no está biológicamente determinada.

    Al respecto, para que puedas salir de la duda en la que te hallas te recomiendo la lectura de: “De la neurociencia a la neuroética. Narrativa científica y reflexión filosófica” de José Mauel Giménez Amaya y Sergio Sánchez-Mingallón.

    En Opus prima ya he hablado al respecto en:

    https://opusprima.wordpress.com/2010/03/01/sobre-el-cerebro-y-la-conducta-humana/

    https://opusprima.wordpress.com/2010/02/23/neurociencia-y-etica-i/

    https://opusprima.wordpress.com/2010/02/24/neurociencia-y-etica-ii/

    https://opusprima.wordpress.com/2010/02/26/neurociencia-y-etica-iii/

    https://opusprima.wordpress.com/2010/02/28/neurociencia-y-etica-iv/

    https://opusprima.wordpress.com/2010/03/03/neuroetica-y-etica-v/

    https://opusprima.wordpress.com/2011/04/25/el-mal-se-puede-evitar/

    Las cinco entradas sobre Cerebro y Dios: aquí enlazo una para no extenderme (pero hay cinco): https://opusprima.wordpress.com/2010/08/14/cerebro-y-dios-iii/

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