Shangay Lily y la procesión atea

Publicado: 21 abril, 2011 en Laicismo

En este país estamos acostumbrados a tropezar con abrazafarolas, tipos que intentan hacerse los políticamente incorrectos y los socialmente graciosos, al menos entre la feligresía que moja el churro o el bollo con la lectura del Izvestia. Uno de estos sujetos, un incontinente verbal con alma de cantonera que todo lo airea, así al buen tuntún, sin tener conocimiento ni conciencia de sí nos ofrece una versión particularísima de la realidad, de la de ayer y la de hoy. Ignoro la categoría moral e intelectual de sus lectores aunque deduzco que aprueban cuanto escribe este macanero, hecho que les convierte también a ellos en unos simpáticos imbéciles.

También pienso, como este sujeto, que la tolerancia es un mal menor y, por ello, no sólo no es ningún bien sino que no es el bien. Además, porque estoy casi convencido de que el españolito no es ni un batueco ni un boquimuelle ya estoy harto de estas criaturas chachis, modernas, progresistas de no se qué, que viven con el convencimiento de que la realidad es tal como la piensan y que la historia es tal como la quieren. Pero sucede que no todos padecemos desmemoria, histórica por supuesto. Desconozco que hace este beocio de brillante frontispicio con su apéndice para interpretar que los 6.800 religiosos y sacerdotes, así como tantos laicos que murieron asesinados por el simple hecho de ser católicos en la República fueron, al contrario, los verdugos; o considerar a las ‘monjitas’ sustentadoras del machismo, cuando el machismo lo practicaron aquellos que siguiendo la feminista o quizá progresista exhortación del señor Lerroux de “elevemos a las monjas a la categoría de madres” las violaron cuando no añadieron a tal ultraje la tortura y la muerte lenta y dolorosa. La realidad, ya pueden ver, es bien distinta señores lectores del Izvestia pero es asunto de su libertad el permanecer en la perpetua gilipollez o cambiar de periódico.

En cuanto a que el mencionado señor sea ateo es una cuestión que a mí a priori no me concierne, suficientes preocupaciones me ocupan. No obstante, le agradezco el interés por el estado de la Iglesia– aunque alguien de su perfil intelectual ya escribió, ahora hace 79 años, un discurso casi similar en el que anunciaba que España ya no era católica – y el número de sus fieles que, de momento, es bastante superior al gremio de lo sodomitas del que dicho escribano forma parte. En definitiva, si el señorito no quiere amar a su creador es un asunto que sólo a él afecta y, desde luego, yo mismo le exhorto y le apoyo a revelarse y a manifestarse por las calles y avenidas de cualquier ciudad por el simple hecho de que las ideas se proponen y no se imponen, aunque algunas lleven, como al asno que sigue el heno, directo al precipicio.  

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comentarios
  1. Cayetano Ripoll dice:

    España es o no católica dependiendo de si uno se deja llevar por lo que cree o por lo que sabe. Hasta donde yo se, las encuestas del CIS estiman un 74.4% de Católicos (con un descenso del 9.5% en diez años) y un 21.6% de no-creyentes (con un ascenso del 8.8% en diez años).

    Ahora bien, esto es lo que la gente dice ser, si vamos al detalle observamos que el número de practicantes es aproximadamente del 20% (14.6% una vez a la semana, 23% una vez al mes), aproximadamente igual al número de no-creyentes (ateos 14.9%, agnósticos 6.2%). El otro 60% se declara católico a pesar de que el 57% de ellos no cree en Dios; osea que más de la mitad de los que se declaran Católicos no practicantes no lo son.

    La situación está cambiando rápidamente ya que la juventud (18-29) ha pasado a lo largo de tres años (2007-2009) del 15.2% al 10.4% los creyentes y del 26.9% al 31.7% los no-creyentes (ateos y agnósticos). Esto en lo que respecta a la población en general, si segmentamos por estudios encontramos una correlación directa entre los estudios superiores y la falta de creencias (los menos creyentes 65% los biólogos, 79% los físicos y 85% los matemáticos).

    El decremento de los creyentes parece coincidir en España con la radicalización de las posturas en la iglesia ya que los periodos de mayor perdida de fieles son aquellos en los que el Cardenal Rouco Varela ha estado al frente de la Conferencia Episcopal (1999-2005 y 2008 en adelante), se observó una estabilización durante la presidencia de Ricardo Blázquez Pérez (2005-2008). La causa de estas cifras podría estar en que la mayoría de la población está en contra de las posturas oficiales de la Iglesia en lo que respecta al divorcio (70.6%), al aborto (60.0%), al preservativo (76.5%), la homosexualidad (62.1%), los matrimonios homosexuales (58.7%) y la eutanasia (57.2%).

  2. Cayetano Ripoll dice:

    Mal vamos si consideramos la tolerancia como un “mal menor”. La tolerancia es el núcleo de la convivencia pacifica, es un ejercicio de humildad por el que aceptamos que nuestras ideas o creencias no son las únicas validas, por el que admitimos que, como falibles seres humanos que somos, podemos estar equivocados. Comprendo que esto es un problema para las religiones reveladas que creen poseer una Verdad legada por el mismo Dios y no pueden admitir ni remotamente que pudieran estar equivocados. Esta postura es un problema para todos, es un problema para los creyentes y para los que no somos creyentes, pero son los creyentes los deberán resolverlo ya que es intrinseco a su creencia y los demás no tenemos ni la potestad de resolverlo ni la necesidad de sufrirlo en modo alguno.

  3. Saludos Cayetano.

    Comprendo que abraces el nihilismo, el ‘todo vale o es lo mismo’, pero ni el fin justifica los medios ni las circunstancias miden la moralidad de los actos.

    La tolereancia Cayetano es sinónimo de mal menor. Al respecto la doctrina moral del mal menor es lícita siempre y cuando la elección sea entre dos opciones malas, pero no si existe alternativa, pues el mal menor, antes que menor, siempre es mal.

    Desde luego puedes negarlo y abrazar la transvaloración de los valores, situarte, como dice Dostoievski, sobre el bien y el mal en la autonomía moral, pero ese es tu problema, un problema que ahora hace abortar, ahora abre campos de exterminio, ahora…

    Respecto a la tolerancia o mal menor: https://opusprima.wordpress.com/2011/04/07/la-doctrina-moral-del-mal-menor-%C2%BFa-que-partido-votar/

  4. Cayetano Ripoll dice:

    Yo no abrazo el nihilismo, voy tan lejos como me lleva mi razón, pero nunca más allá; si el hecho de que yo no crea en finalidades me hace aparecer como nihilista pues que le vamos a hacer, es lo que hay. Desde luego lo que nunca y en ninguna circunstancia suscribo es que el fin justifica los medios, debieras saberlo por mis intervenciones, más bien me apunto a la frase de Gandi “el fin está en los medios como el árbol en la semilla”.

    La moralidad de los actos es un hecho subjetivo y no se puede medir sin un punto de referencia y sólo se puede hacer desde este, un acto sólo es más o menos adecuado a la moral tanto en cuanto se adecua a la regla que ha sido transmitida al individuo por la sociedad en la que vive; esto es un hecho observable, se da en todos los grupos humanos y su existencia es independiente de cual considere el grupo que es la fuente de su moral (un dios, un mítico héroe civilizador, el consenso …). El problema es cuando consideramos que nuestra moral es la única valida; los romanos consideraban que los celtas eran unos bárbaros porque consideraban (ni siquiera se ha demostrado) que sacrificaban prisioneros a los dioses y no se paraban a considerar que ellos mismos estrangulaban prisioneros en el templo de Marte que, sin duda, era lo civilizado.

    ¿La tolerancia hace abortar? ¿La tolerancia abre campos de exterminio? Reconozco que es una idea original, desacertada en mi opinión, pero original.

  5. Apreciado Cayetano.

    “La moralidad de los actos es un hecho subjetivo”, que es lo mismo que reivindicar la autonomía de la moral, es decir, el nihilismo (y el relativismo del que procede). No le dé más vueltas.

  6. Cayetano Ripoll dice:

    He intentado dejar la cuestión en una ligera concesión indeterminada pero, ya que insiste, me veo en la obligación de explicarme y explicarle:

    No puede haber “relativismo moral” (si es que tal cosa pudiera existir) en mi postura ya que, en nuestra conversación he establecido dos normas morales (1) la tolerancia es deseable y preferible por encima de la intolerancia y (2) los fines nunca justifican los medios. Estas dos normas morales las he establecido en virtud de que el uso de mi razón me indica que puedo estar equivocado, ya que en ocasiones lo he estado, y que otros podrían llevar razón. El hecho de que no necesite ningún argumento de autoridad externo para justificar mi moral no quiere decir ni que carezca de ella ni que esta sea relativista ya que supongo mi sistema moral superior a otros y mis postulados más sólidos y coherentes, la diferencia es que mis normas son perfectibles y sujetas a revisión, no inmutables.

    El que la observación de la cultura de distintos grupos humanos me lleve a constatar el hecho de que poseen distintos sistemas morales no es otra cosa que un proceso descriptivo de la realidad, dado que no tengo ningún prejuicio de confirmación al respecto tampoco tengo motivos para negarme a admitir las cosas tal como son o tal como yo soy capaz de percibir que son. Confunde usted el hecho de que yo admita la realidad con el hecho de que, para mi, como individuo, todas las normas morales sean aceptables o igualmente deseables.

    En cuanto a Nihilismo, si estamos siguiendo a Heidegger, pues mire, unas cosas si y otras no, pero vamos que no me molesta lo más mínimo la etiqueta pero tampoco me identifico con ella principalmente porque para mi el “mundo” no ha perdido valor al retirar todo lo superfluo sino que aparece así en todo su misterioso y maravilloso esplendor, como decía el Viejo Profesor (Tierno Galvan) “… asentado en la finitud con la firmeza de quien no admite el conocimiento de otra realidad, … sin vivir la contradicción entre la vida como destino en el mundo y la vida como destino fuera del mundo. Todo es mundo, es decir, finitud” .

  7. Saludos Cayetano.

    ” la tolerancia es deseable y preferible por encima de la intolerancia”. Repito, la tolerancia o el mal menor es relativismo. Se puede tolerar cuando uno se encuentra irremediablemente ante dos opciones malas y debe optar por una, pero insisto el mal menor siempre es mal por menor que sea y nunca es bien.

    Vuelve a fortalecer con su posición la autonomía moral situando el ‘yo’ en el absoluto moral, en la medida de los actos.

    De todos modos gracias por querer hacerse explicar.

  8. Cristina Bec dice:

    A este señor le invito a leer este artículo de José Carlos Rodríguez:

    “Este 14 de abril se cumplen 80 años del advenimiento de la II República. Eugenio D’Ors relata admirablemente el ambiente de esperanza con que advino, que contrastaba con el profundo hastío y la total indiferencia con que se vio el derrumbe de la Monarquía. Quienes ocuparon el poder, abandonado por el régimen anterior, habían planeado tomarlo previamente (en diciembre de 1930) por medio de un golpe de Estado. Esto es importante, porque da una medida del aprecio de aquellas fuerzas por el sistema democrático.

    Muchos describen aquel régimen político como una conquista de los españoles, largamente deseada por amplios sectores de nuestra sociedad. Pero esta idea choca con la realidad histórica de que prácticamente todos, especialmente quienes más debieran identificarse con la República, se rebelaron contra ella. No hace falta descender a los detalles. Basta recordar unos cuantos hechos muy conocidos”.

    Sigue aquí: http://www.juandemariana.org/comentario/5071/radicales/ii/republica/

  9. Cayetano Ripoll dice:

    Como supongo que se refiere a mi, lo he leído ¿y? Ya sabemos que había republicanos de derechas, ¿quien lo discute? Esto no invalida el hecho de que la república acabo con un golpe de estado militar que nos llevo a una dictadura de corte fascista que cometió crímenes contra la humanidad.

    Fijesé que en estos artículos en los que, aunque sea veladamente, se intenta justificar el golpe de estado se sigue habitualmente a Stanley G. Payne y nunca se dice nada de la opinión de los hispanistas ingleses que son multitud y algunos como Hugh Thomas, Paul Preston o Ian Gibson, expertos en esa época.

  10. Cristina Bec dice:

    No me refería a usted, señor Cayetano, sino al señor Shangay Lily.

  11. Belén Cardona dice:

    Cayetano.

    Coincido con Joan. Los actos morales intrínsecamente malos lo son siempre y por sí mismos, es decir, por su objeto, independientemente de las ulteriores intenciones de quien actúa, y de las circunstancias. Por esto, sin negar en absoluto el influjo que sobre la moralidad tienen las circunstancias y, sobre todo, las intenciones, estos actos morales intrínsecamente malos lo son por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias. Negar esta realidad es la banalidad de la moral, del mal: el relativismo y el nihilismo.

  12. Cayetano Ripoll dice:

    No es para mi ningún problema ser nihilista o relativista, ya que no reconozco en estas posiciones filosóficas las connotaciones peyorativas que les asignan ustedes, yo intento dejarme guiar por mi razón y admito que, a posteriori, se encuadre mi forma de pensar en las etiquetas que correspondan. El problema aquí no es que yo desee o no ser relativista o nihilista y me encuadre en esa forma de pensamiento, el problema es que no creo que mi forma de pensar quepa en sus definiciones.

    En cuanto al “relativismo moral”, por más que quieran ensancharlo, no se puede estirar más allá de donde llega y llega hasta la declaración de equivalencia entre los distintos sistemas morales, declaración que yo rechazo al afirmar normas morales que considero superiores en calidad a otras dadas en cualquier otro sistema moral que se contrapongan a las expuestas. Creo que confunden el camino por el que yo he llegado a adquirir mis normas morales (la razón) con la consideración de prevalencia por calidad (que es lo que determina la clasificación). Otra cuestión que les puede llevar a error es el hecho de que yo considere mis normas perfectibles siendo esta una característica que está implícitamente imbricada en la propia declaración formal de la norma ya que tolerancia implica (para mi) reconocer la posibilidad de estar equivocado y el deseo de corregir el error, lo que no se puede hacer desde postulados dogmáticos cerrados.

    Otra cuestión que usted trata y que es independiente de su relativismo es su subjetividad. Una prueba evidente de la subjetividad de las normas morales es que usted y yo estamos discutiendolo, esta discusión no tendría sentido si la moral fuera un asunto objetivo. Usted tiene una visión de la moral y yo otra, yo no creo que usted sea relativista porque expone una moral que usted cree superior a las otras morales aunque, evidentemente, no estoy de acuerdo y creo que mi moral es superior a la suya; ahora bien, desde mi tolerancia no cierro la posibilidad de estar equivocado y que uno, algunos o todos los aspectos de su sistema moral pudieran ser correctos.

    P.S.: Dejaré aparte el nihilismo, creo que ya lo he explicado suficientemente.

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