La experiencia religiosa en la filosofía contemporánea (II)

Publicado: 14 abril, 2011 en Filosofía, Religión

Dentro de la filosofía contemporánea es una exigencia citar a Jacques Maritain, quien se aproxima a la cuestión de Dios con la consideración de que su conocimiento es por connaturalidad (Lecciones fundamentales de la Filosofía moral). Los valores, por ejemplo, no poseen un contenido inteligible ni se ciñen a lo verdadero y a lo falso, pero no por ello los consideramos irracionales, pues aunque no sean racionales en su modo lo son en su raíz. Lo mismo acontece con Dios, cuyo conocimiento, dice Maritain, es por una inclinación incrustada de razón. Este planteamiento se ordena en la perspectiva de la cuarta vía tomista. Dios es conocido como lo absoluto trascendente según el principio de causalidad, el cual se advierte como condición ontológica de posibilidad y que el Aquinate recoge en la doctrina del actus essendi descrita recientemente en las entradas tituladas Dios es más real que el hombre (1 y 2).

Para Maritain, no se puede pensar con rigor sobre el hombre sin hacer referencia a Dios, de quien depende constitutivamente. La vida humana es, en este sentido, un coexistir en la relación que se establece entre Dios y el hombre, que se manifiesta, por otro lado, a lo largo de la tradición bíblica, desde el Antiguo al Nuevo Testamento. Al respecto es adecuado mencionar que la fe cristiana es altamente metafísica y antropológica en cuanto que está arraigada constitutivamente en la coexistencia y en la comunión entre el hombre y Dios – cuyo origen o iniciativa procede de Él –. Interesante, al respecto, el apunte de Zubiri: “la razón no intentaría establecer y precisar la índole de Dios como realidad (la Divinidad) si previamente la estructura ontológica de su persona, la religación, no está dada a la inteligencia, por el mero hecho de existir, personal y religadamente, en el ámbito de la deidad” (Xavier Zubiri, Naturaleza, Historia, Dios).

La existencia del hombre conlleva en sí un constitutivo fundamental de trascendencia ontológica que, orientado a Dios, se denomina religación a la realidad en sí. Como dice Tomás de Aquino (Suma Teológica), el hombre está ontológicamente ordenado y, por ello, abierto a alcanzar la plenitud o perfección de su ser en cuanto religado a Dios. Esta disposición constitutiva ontológica se aprecia en la posibilidad del hombre de imponerse un fin alcanzable mediante su propia realización – vocación –. Dios, por tanto, es cognoscible por el hombre en la doctrina del ser. No obstante, cometeríamos un error si consideramos que el ser de Dios – su es – lo percibimos en el ser-en-el-mundo – en lo que hay de visible o experimentable –, pues el ser de Dios se revela en la posibilidad de que haya ser – como fundamento de lo que posee ser por otro, los seres contingentes –.

Así, la religión se origina y se inaugura en cuanto el hombre descubre su naturaleza ontológica, que su existencia – su ser – procede de otro radicalmente trascendente y absoluto por el cual llega a ser: Dios.      

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