Sí, es una historia de amor

Publicado: 9 abril, 2011 en Amistad, Amor

¿Por qué esta imagen no apareció en los noticiarios de televisión? De seguro que encontraremos infinidad de explicaciones, pero la respuesta es tan sencilla como comprobar la facilidad del hombre para hacerse oír mediante el uso de la fuerza. El mundo olvida con reiterada frecuencia los códigos morales y la trascendencia del valor de la vida sirviéndonos en su lugar una nueva redención que procede de eso que denominamos ‘progreso’ y que consiste en terminar con la vida de aquel que estaba destinado a nacer o adelantar la muerte de ese cuya vida consideramos que carece de valor. El ‘progreso’ desconozco exactamente qué es y en qué consiste, sin embargo sé que no habla mucho de amor. Nos interesan las noticias que muestran nuestro lado más inhumano: la de aquel chico que agrede a una muchacha en el Metro porque es inmigrante, la de aquellos adolescentes que no dudaron en quemar viva a una indigente en un cajero automático o esa fábrica que cierra llevando a un sin fin de familias a la quiebra.  

Nadie está llamado a cambiar el mundo, pero sí su mundo dijo Martin Luther King. En el día a día, en las circunstancias más cotidianas, realizando las obras más pequeñas, las personas podemos cambiar el mundo que nos rodea. Desde luego, nos sorprenderíamos de la capacidad de amor que podemos ofrecer y que de bien seguro ofrecemos, a las personas que, sin decírnoslo, están a nuestro lado por esta razón. El amor es grande y hace más grandes a las personas, pequeñas, que se mueven por el amor de Cristo. Y es que el amor, no lo olvidemos, es nuestra vocación, con permiso de santa Teresa del niño Jesús, y el único posibilitado para realizar las más alucinantes transformaciones: permitir la perfección del ser humano.

A esta niña, la de la imagen, le robaron sus seres más queridos, y en el llanto, expresión de su dolor y tormento, encontró en los brazos de John el sosiego y la paz que sólo puede ofrecer el amor que nos profesa aquel que verdaderamente nos comprende y quiere. De seguro que la historia del mundo no la cambiaremos mañana pero nuestra intrahistoria la podemos construir desde ahora mismo.

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