Cuando sólo existen los hechos

Publicado: 21 marzo, 2011 en Pensamiento

En algunas personas existe el convencimiento de que la realidad se reduce a mera acción presente carente de potencialidad y sentido trascendente. Todo es acto y cada acto está exento de consecuencia y responsabilidad posterior, de modo que en el ser humano no hay nada más que existencia actual; con lo que se elimina su esencia o carácter ontológico. Así, el hombre es en cuanto que existe – materia –, pero no en cuanto que es – se niega la dimensión espiritual –. Sin embargo, estas personas obvian o ignoran un principio: el cuestionamiento o admiración contemplativa de uno mismo y de la realidad envolvente que suscita el planteamiento de aquellas preguntas que denominamos fundamentales. Ante el asombro por la realidad de uno mismo y del mundo la persona se halla movida por el amor por saber, por descubrir la causa de dicha motivación: la verdad que es el objeto de la filosofía y en mayor sentido de la fe.

Este modo de reducir la existencia del hombre a los hechos es propio del agnóstico, de aquel que incluso admitiendo la existencia de Dios niega la posibilidad de adquirir conocimiento de Él mediante la sola razón. De este modo se suspende la búsqueda de aquella verdad motivada por el propio orden ontológico del ser humano. Así, finiquitada la cuestión de la causalidad en cuanto que imposible de alcanzar, el hombre se reduce a naturaleza, en ser reducido a existencia – ser en el mundo – concebida como experiencia, empírica, del sujeto – del hombre y de la realidad –: se da por imposible toda cosmovisión teísta y, consecuentemente, la causalidad se circunscribe o limita en el marco de lo fenomenológico. No obstante, estas personas ignoran u obvian que el conocimiento es, como bien dice Nicolai Hartmann, una relación trascendente ya que convergen dos realidades heterogéneas: el sujeto que se proyecta sobre el objeto, y el objeto que se ofrece al sujeto.

De este modo, negándose el conocimiento – y la existencia – de una causa trascendente y absoluta del ser del hombre – reducido a existencia en el mundo – éste se concibe como mera realidad físico-química (positivismo) y toda explicación sobre el sólo puede ser si está sujeta a hechos cognoscibles exclusivamente por la sola razón: bajo este enfoque Dios deja de existir para el conocimiento del hombre – o, como dice Gabriel Marcel, el misterio de Dios deviene problema en cuanto que el conocimiento finito y limitado del hombre se entiende por un conocimiento absoluto. Pero el conocimiento metafísico no se puede negar. Il buon fra Tommasso alcanza conocimiento de la existencia de Dios mediante la doctrina de la analogía, es decir, a través de la existencia de las cosas  y el descubrimiento de qué son esas cosas. Así, reconociéndose el orden espiritual del hombre alcanzamos comprensión verdadera de su ser sin reduccionismos ni alienaciones.     

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comentarios
  1. Imaginario dice:

    Mi comprensión de este tipo de escritos es muy limitada, lo confieso. Intentan expresar ideas simples con palabras y textos rebuscados, haciendo que sean muy aburridos y confusos a la segunda línea para mí. No es una crítica a su texto (creo), es más una confesión.
    En cualquier caso, la ciencia y la filosofía pueden ser, y son, fuente de sabiduría, la búsqueda de la verdad.
    La fe es un obstáculo en la búsqueda de la verdad. La fe, por definición, es la creencia ciega e irracional (no meditada) en algo. No admite crítica ni modificación, no busca pues ya tiene.
    Intentar disfrazar la fe o la creencia en seres sobrenaturales de búsqueda de la verdad es un autoengaño sin sentido.

  2. […] El ser, el pensar y el obrar del hombre no pueden correr por líneas paralelas que jamás se cruzan …. La razón del ser humano debe aprender a acoger la verdad en su seno, esa verdad mediante la cual abre horizontes y trasciende (Juan Pablo II, Fides et ratio y Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona) y por la cual la persona se convierte en un sujeto auténtico: con la razón bien cimentada y con el espíritu abierto a la trascendencia; en otras palabras, dispuesto con la brújula hacia el norte, hacia Dios. Así pues, ¿el hombre puede dar la espalda a Dios y a sí mismo sin actuar en contra de la razón? Actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, nos recuerda Benedicto XVI. Dios es el ‘logos’, la razón creadora que entra en contacto y se comunica con la razón del hombre – el Ser en sí que entra en contacto con el ser participado –. […]

  3. “Mi comprensión de este tipo de escritos es muy limitada, lo confieso….”

    Ergo huelga lo demás….

  4. […] dignidad y trascendencia que se reduce a simple materia. Se niega a Dios por el simple hecho de que no se constata empíricamente como esta silla, aquella mesa o esa ventana. Si Dios no se puede objetivar, observar ni medir no […]

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