Esto no es catolicismo

Publicado: 7 marzo, 2011 en Religión

       

La imagen que encabeza esta entrada me exaspera y me entristece en lo más profundo del alma. Esa o cualquier otra bandera no puede ser protagonista ante el altar en el que el pueblo santo se reúne para participar del sacrificio del Señor y alimentarse con el banquete celeste, signo de Cristo, piedra fundamental y cimiento espiritual. En La sociedad abierta y sus enemigos bien dice Karl Popper que “la idea de que existen unidades naturales como las naciones, o los grupos lingüísticos y raciales, es enteramente ficticia. El intento de ver el estado como una unidad natural conduce al principio del estado nacional y a las ficciones románticas del nacionalismo, el racialismo y el tribialismo”.

Los católicos sabemos que si bien nuestra patria definitiva es la Jerusalén Celestial el hombre, integrado en el mundo, es un ser histórico arraigado en una determinada cultura y en un determinado grupo humano que hay que amar pero en apertura y respeto hacia las otras culturas y grupos humanos – no confundir con el multiculturalismo –, de lo contrario no haríamos honor a nuestro nombre de católicos. Al respecto es de capital importancia distinguir los conceptos de patria y nación, pues para nada son sinónimos. Así el término nacionalismo hace referencia al nacimiento, mientras que el término patria evoca la realidad de la misma familia (Juan Pablo II, Discurso ante la ONU del 5 de octubre de 1995). En este sentido, el nacionalismo adquiere un valor negativo, en cuanto que diferenciador respecto de otras ‘naciones’ es el responsable directo de conflictos y guerras. En cambio, el patriotismo no es más que el amor profesado hacia la tierra de origen sin promover el bien de ésta en perjuicio de otras.    

La bandera de la imagen junto al ministro del Señor en el altar representa un nacionalismo peligroso y exacerbado que en nombre de una supuesta unidad pretende oponerse de cualquier modo a la fraternidad universal de la humanidad. Ciertamente, el hombre puede y debe amar a su familia, a su tierra y a su cultura pero teniendo siempre presente como señala il buon fra Tommaso que “Dios ocupa el primer lugar puesto que Él es a la vez el mejor de todos los seres y el primer principio al que el hombre se lo debe todo. Pero los principios secundarios de la vida humana son los padres y la patria. Por lo tanto a ellos, después de Dios, es a quienes el hombre es principalmente deudor. De modo que después de la virtud de la religión, cuyo papel es rendirle un culto a Dios, viene la virtud de la piedad, que rinde un culto a los padres y a la patria” (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica). Patria, en el buen sentido, es la relación de agradecimiento hacia los padres – y antepasados – y hacia el grupo humano con el que uno vive (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2199) sin predicar el desprecio y el perjuicio hacia otras culturas y comunidades humanas, sino abriéndose al servicio de éstas.

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comentarios
  1. xdsl2000 dice:

    Discúlpame pero creo que estás sacando de contexto lo que no parece más que una misa castrense y además, de hace bastantes años, que no quita que el artículo sea exacto.

  2. Saludos Axdsl. Se celebró este pasado fin de semana en Tarragona. De castrense nada, se llevó a cabo en un Hotel-restaurante entre unas personas conocidas que exaltan la figura de Franco entre otras pequeñeces.

  3. xdsl2000 dice:

    De ahí el “creo” y el “parece”, en ese contexto si es bastante preocupante.

  4. Jose Damián dice:

    Viva España! , Viva Cristo Rey, Viva Franco!

  5. Interesante José. ¿Y por este orden? Gracias por comentar.

  6. […] Actualizados : Esto no es catolicismo Di sí a Garoña (video elaborado por los trabajadores de la central nuclear) Sobre la […]

  7. Álvaro dice:

    Lo del orden o mejor dicho “desorden” es lo que preocupa. Anteponer, desordenar y confundir ideologías por encima de Dios.

    Que si España. Que si Franco. Que si Patria. Que si católicos.

    ¿Católicos? ¡Farsantes!

  8. Saludos Álvaro… falta de orden, así se resume.

  9. Si me permiten…
    Me temo que algunos de ustedes son los que están sacando las cosas de madre.
    Vamos a ver.
    El hecho mismo de ostentar una bandera nacional, cual puede ser, por ejemplo, la española, no supone un hecho sacrílego en sí mismo, tan solo una identidad nacional que, no lo olvidemos, representa a una nación consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.
    Algunos podrán argumentar que la bandera exhibida es contraria al orden constitucional vigente, hecho que, ya les anticipo, no es del todo cierto, dado que, en primer lugar, dicha enseña con su escudo estuvieron vigentes hasta el año 1.982, sin perjuicio de que la Constitución de 1.978 no hace referencia alguna a escudo, sino tan solo a la forma de la enseña nacional.
    El hecho de que la misa fuera en sufragio de un alma o varias, en nada invierte los términos de lo antes expuesto, pues no deja de ser un acto piadoso orar por las almas, sobre todo, las del Purgatorio.
    Pero, sin duda alguna, con lo que no puedo estar en absoluto de acuerdo es con la tergiversación del concepto “nacional” o “nacionalista” que algunos pretenden utlizar como arma genocida y otros como escarnio internacionalista.
    Lo nacional, en si mismo, es un concepto virtuoso porque, en el caso por ejemplo de España, refiere una gloriosa y fructífera historia no sólo política y militar, sino, sobre todo, de índole evangélico.
    Negar a estas alturas la noble tarea evangellzadora de España,impulsada anteriormente por la Santísima Virgen y el Apóstol Santiago, y ratificada ulteriormente en Guadalupe, es vivir ajeno a un hecho histórico sin precedentes que, si bien tuvo errores, algunos graves, no es menos cierto que de él surgieron nobles ideales, grandes hombres y no menos magnas obras como, por ejemplo, las ejemplares Reducciones jesuíticas.
    Dicho lo anterior: el mal no es la Nación, ni el amor a la misma, sino la mala interpretación del sentimiento y de su dimensión política e histórica.
    Condenar lo nacional por un mal ejemplo de nacionalismo es como condenar al hombre por el simple hecho de serlo.
    Y por último, si se me permite: algunos están confundiendo el estatalismo o nacionalismo estatal con el patriotismo.
    Ambos son términos y conceptos divergentes que, en modo alguno, se complementan.
    El estatalismo reduce el concepto de Naciona o Patria a un mero artificio jurídico-administrativo, desnaturalizando la auténtica dimensión moral y social que, en si misma, encierra.
    Por otro lado, reducir como hacen algunos, el patriotismo o nacioalismo a un acto meramente afectivo, singularmente folclórico, es ignorar la auténtica dimensión de España y su historia.

    Perdón por la intromisión

  10. Y por si alguna duda quedare….que todo es posible….ahí van unas sabias palabras de alguien poco sospechoso de ser invertido….católicamente hablando…..

    “España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas.”

    Marcelino Menéndez Pelayo

    Lo dicho: ¡AMÉN!

  11. Apreciado Francisco.

    Le ruego no desvíe la atención. Jamás una bandera, de cualquier índole, puede ondear con absoluto protagonismo sobre el altar, signo de Jesucristo Nuestro Señor.

    Las naciones u otros entes no están consagrados al Sagrado Corazón de Jesús. Esta romántica idea es una soberana estulticia digna de la mayor reprobación.

    Respecto al término “nacional” le exhorto a repasar el significado etimológico del mismo y diferenciarlo del término “patriotismo”.

    Es indudable la aportación de muchos hombres y mujeres nacidos en el Reino de España respecto a la misión de evangelizar el mundo. No obstante esto no es motivo para plantar cualquier bandera encima del altar.

    Gracias por comentar.

  12. Me parece que usted tiene muy poca “Memoria Histórica”

    Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús leída por S. M. el Rey Alfonso XIII.
    Celebrada en presencia del Nuncio de Su Santidad, el Obispo de Alcalá y todo el Gobierno de España en pleno, presidido por el entonces Presidente, Don Antonio Maura.
    Ante el Santísimo Sacramento y con los pendones nacionales.

    “Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del Mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:

    España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Tí se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la Religión y en su adhesión a la Monarquía.

    Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los Príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.

    Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.

    Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la Ciencia y de las Letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.

    Gracias, Señor, por habernos librado misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.

    Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la pacifica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, mas llevadero su trabajo.

    Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de la Patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas sean siempre salvaguardia de la Nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos mismos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón Adorable. Así sea.” (30 de Mayo de 1.919)

    ¿Acaso es un acto sacrílego?
    ¿Está acusando a Su Santidad, que otorgó la bendición apostólica, de estar en connivencia con un acto sacrílego?
    Por otro lado, el Altar no es “signo” de Nuestro Señor, sino el lugar dónde se renueva el Sacrificio Perpétuo y en dónde se consagra el Santísimo Sacramento, presentia real de Nuestro Señor en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
    Por ello, y en presencia del Santísimo Sacramento, Dios mismo, se realizó la antedicha consagración.
    Otra cosa es su opinión al respecto….pero eso es otra historia….

  13. Y le ruego, si es posible, que cuando se hable de política no se menten aspectos estimológicos o estrictamente lingüísticos, porque entonces nunca llegaríamos a un acuerdo, dado que la filosofía política es, en gran medida, ajena a los vagos términos académicos que no dejan de ser fruto de la escolástica más rancia.
    La práxis nos lleva a comprender, desde la perspectiva que otorga el tiempo transcurrido, que existen multitud de pensamientos filosófico-políticos que, si bien a los ojos de los academicos son sinónimos, en realidad distan mucho de serlo.
    Por ejemplo: cuando se utiliza el término fascismo para englobar pensamientos políticos tan dispares como el nacionalcatolicismo, el nacionalsocialismo y el nacionalsindicalismo, en realidad, no sólo se está tergiversando la verdad, sino que además se está confundiendo al receptor de la información.
    Nacionalismo, en su primera acepción, no es malo en sí, tan sólo su desviación filosófico-política, en cuanto a factor de exclusión, que no de integración.
    Y en eso, precisamente, España ha sido un claro ejemplo de nacionalismo integrador y no excluyente, pues no se olvide que sostuvo el único Imperio que trató a sus territorios y oriundos como iguales.
    Curiosamente, son precisamente las naciones e imperios protestantes los que diferencian provincias o terrorios de ultramar conceptuándolos como colonias, ajenas, por lo tanto, a la misma naturaleza que la fuente de los respectivos imperios.
    En definitiva: el auténtico nacionalismo, no es el excluyente, sino el integrador, y en ese sentido la Iglesia Católica defiende la identidad nacional frente a las políticas desintegradoras, pues, como bien sabe por 2.000 años de experiencia, no hay mejor forma para dominar a los pueblos que quitarles su identidad.
    Un saludo desde el Norte

  14. Saludos Francisco.

    “España ha sido un claro ejemplo de nacionalismo integrador y no excluyente”. Al respecto hay quienes pudieran contradecir estas palabras. ¿Integrador puede reemplazarse por “a la fuerza”? No lo digo en mi caso, sino a aquellos que en España abogan por otro nacionalismo contrario al suyo con semejante autoridad. Gracias por comentar.

  15. Francisco, mi me moria histórica es la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y su tradición. No lo que los poderes fácticos y sus respetables pendones manifiesten ayer, hoy o mañana. Gracias por comentar.

  16. El nacionalismo excluyente es el que condiciona la naturaleza humana a la fuente de su generación, ya desde el punto de vista político, histórico, económico o religioso.
    Que yo sepa en ningún momento he defendido exclusión alguna.
    Para mi y para todo católico, el Hombre, como hijo de Dios, tiene una naturaleza inviolable que no puede condicionarse por ningún criterio humano.
    Por ello: cualquier supuesto “nacionalismo” que determine la condición del hombre en función de su cuna, su fe o su circunstancia biológica, es intrísecamente demoníaco.
    No creo que quede ninguna duda al respecto.
    Con respecto al Magisterio de la Iglesia y su Tradición, pareja a las Fuentes Sagradas, es y ha sido siempre mi guía y el de los clérigos y laicos que participaron, en consonancia con el Santo Padre, en el hecho histórico y Sagrado arriba narrado.
    Un saludo

  17. Saludos Francisco, me alegra leer de su tinta la ‘consonancia’ con el Santo Padre. Los asistentes a esa Misa no lo tienen igual de claro. Gracias por comentar.

  18. Bien, no quiero seguir con la polémica….
    Tan sólo decir que me parece mucho más grave besar El Corán, no en vano éste niega la divinidad de Cristo…y, en consecuencia, no deja de ser un acto blasfemo….
    Pero, claro, esa es otra historia….

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