Sobre la creencia religiosa

Publicado: 4 marzo, 2011 en Filosofía, Religión

El principal obstáculo del no creyente para entender la fe del creyente gravita en que la niega y rechaza, de manera que se incapacita para elaborar un razonamiento objetivo. Al mismo tiempo, esa insuficiencia para creer la traslada al creyente considerando a éste un sujeto que no tiene pruebas fundadas para confiar en Dios. Aquí es donde quería llegar. ¿Qué es una creencia bien fundada? Quizá muchos respondan que es o debe ser una creencia con sentido común. Al respecto he escrito dos entradas sobre la verdad ontológica que sería necesario recordar para entender esta interesante reflexión sobre el fundamento de las creencias.

El no creyente considera que su principal fortaleza consiste en que muchos de los elementos que sustentan la fe no se pueden contrastar ni, en consecuencia, considerar como certezas. Ante la transubstanciación del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo el Catecismo nos dice que: “En el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero” (punto 1374); sin embargo el no creyente se halla incapacitado para entender que aquello que en apariencia o accidente tiene la forma de pan y de vino en sustancia son cuerpo y sangre de Cristo. Este es el gran obstáculo para el no creyente, sin embargo esta incapacidad no es fundamento para despreciar o negar la racionalidad de la creencia.

Al respecto Wittgenstein en Sobre la certeza afirma que el ser humano a lo largo de su jornada hace infinitos actos de fe y que si se detiene a reflexionar ninguna de sus creencias puede ser contrastada. “Lo difícil es percibir la falta de fundamentos de nuestra creencia” nos dice porque los fundamentos de ésta no son en sí mismos, hasta el último examen (Karl Popper, Conjeturas y refutaciones), verdaderos, falsos o fundados pues “si lo verdadero es lo que tiene fundamentos, el fundamento no es verdadero, ni tampoco falso” – sobre esto recomiendo las tres entradas que escribí bajo el título de Dios en Wittgenstein –. En este sentido, no es que las creencias, religiosas o no, no estén bien establecidas, fundadas y fundamentadas sino que uno de sus rasgos más esenciales es la negativa a abandonarlas (las creencias) ante elementos de prueba lógicamente más fuertes como es el caso ya mencionado de las especies del pan y del vino.

La creencia religiosa no es sólo intelectual y racional, también es psicológica y moral y fundamenta una cosmovisión, el modo en el que la persona quiere vivir. Ante esto Wittgenstein señala que para saber si un hombre cree en la fe que confiesa no debe ni puede demostrarse a través del razonamiento ni apelando a un fundamento sino viendo como la creencia actúa de guía y reguladora de su vida. Y esto, para el filósofo vienés es mucho más definitivo y revelador que cualquier certeza lógico-matemática ya que el sujeto en base a la creencia arriesga toda su existencia en detrimento de realidades que en apariencia puedan parecer mejor fundadas. Desde luego este arriesgar la vida en el más puro sentido pascaliano no es lo genuino de la creencia religiosa, pero es un indicador de la naturaleza de la creencia, en la que el ejercicio intelectual, aún estando incluida en ella – credo ut intellegam, intellego ut credam –, tiene, en cierto modo, un peso relativo.

Tres años antes de su muerte Wittgenstein escribe en Cultura y valor: “un pensador religioso honrado es como un funámbulo. Casi parece que no estuviera andando sobre nada más que el aire. Su apoyo es el más sutil posible. Y sin embargo, es posible caminar sobre él”. Aquí el autor medita acerca de la creencia en la resurrección de Jesucristo, sin duda el fundamento de la fe cristiana – “si Cristo no hubiera resucitado, vuestra fe sería vana” (I Cor 15,17) –. Su certeza sobre la salvación se encuentra en la cuerda floja, sin embargo el amor y la confianza le permiten mantener el equilibrio. El creyente tiene fe en la palabra de otro, en este caso Cristo, como acontece en toda promesa dada entre nosotros los hombres; y esta es la certeza de la creencia que no descansa en una certeza intelectual, sino en el amor y en la fe encomiable en la Palabra de Cristo, pero que sin embargo tiene mayor fuerza que cualquier verdad matemática (Wittgenstein, Sobre la certeza). En cierto modo la comprensión de la fe se encuentra en la praxis, en el modo de vivir, en la actitud del creyente en el sentido de que el cristianismo es la descripción de un algo que “realmente tiene lugar en la vida humana” (Wittgenstein, Notebooks), es decir, lo que se cree no ha de ser juzgado por medio del razonamiento sino por cómo guiamos nuestra existencia de acuerdo con lo que confesamos creer. Esto no quiere decir, repito, no tenga fundamento racional, sino que lo intelectual en cierto modo es inane como bien dice el Aquinate ante la luz de la fe.

Anuncios
comentarios
  1. Ivan Gutierrez dice:

    Y que tal que usted como creyente, y yo como ateo, estemos totalmente equivocados.

    ¿Por qué razón no podría ser cierto que el origen del mundo y de todo lo que conocemos es obra de un dios con cuatro cabezas?

  2. Saludos Iván. Gracias por expresarte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s