Por el fin de la democracia de partidos y por un Estado dirigido por la sociedad civil

Publicado: 7 febrero, 2011 en Pensamiento, Política

España deambula inmersa en una atmósfera cenicienta y gris, cabizbaja. Eso que denominamos clase dirigente, que parece obrar mediante una lógica criptada para el común de los mortales, no hace más que establecer leyes inútiles y esperpénticas, tan sólo beneficiosas para una ideología o minoría. Sin embargo, a pesar de esta dantesca situación se respira la ebullición de un amplio sector de la población, una especie de ente – siguiendo el léxico de Ortega y Gasset – que actúa a modo de resistencia, pero que, sin embargo, clama la presencia de una ‘mecha’ para explotar definitivamente.

España está intervenida por dos frentes. Uno, pretende salvaguardar los cimientos de la Unión Europea; el otro, aún no intuyo por dónde puede ir, aunque se dibuja otra pesadilla como la que intentamos digerir. Mientras no hallamos esa mecha, que en otros países lejanos ha estallado en forma de revueltas populares, aquí permanecemos ensimismados en la tragedia personal anestesiados en nuestras más cotidianas distracciones. Mientras, el Gobierno, a modo de una versión cutre de la transvaloración de los valores nietzscheana desgarra la nación en todos los ámbitos. Lo que en cierto modo puede analizarse como lo mejor que podría acontecer. Nada mejor que resurgir si es desde las cenizas, si es después de haber tocado fondo y ser consciente de ello.

¿Tiempos de cruzada? Quizá no sea el mejor término, quién sabe. Lo que sí es cierto, es la imperiosa necesidad de resucitar al muerto, que somos todos y cada uno de nosotros por llegar al funesto estado de aceptar que fumar es delito pero abortar a un ser humano es un derecho; que no se puede superar los ochenta kilómetros por hora pero sí se puede uno quitar la vida y exigir que lo haga un médico, cuya misión es todo lo contrario, o que el trabajo ya no es un derecho y que estar desempleado es un modo de formarse intelectual y profesionalmente. Ante este estado lo espeluznante es no hacer nada o, incluso más, permitir con el silencio que todo pueda ser peor.

Si Zaratustra hablara se sentiría cómodo con el devenir de España donde una democracia de salón y una sociedad absorta y sumisa permiten que se legitime el crimen, el adoctrinamiento moral de los menores, la restricción de las libertades y la objeción de conciencia, etc. Pero Zaratustra aún reiría más al ver que la sociedad piensa que el arreglo de este desaguisado vendrá a través del cambio de gobierno. Los partidos democráticos son fiambre, dinosaurios sin futuro; ahora es el tiempo de aquello que Phillip-Blond denomina Estado civil, y que no es otra cosa que otorgar el protagonismo de lidiar con la construcción del Estado a la sociedad misma. Lo contrario es abandonarse al mayor acto de fe que puede ejercer un ser humano o, como hasta ahora, seguir en silencio o adormecidos y quejarse de todo con los familiares, amigos o con aquellos con quienes interactuamos por Internet mientras se permite el círculo vicioso de la transvaloración de los valores.        

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comentarios
  1. Gonzalo dice:

    Estoy totalmente de acuerdo pero ¿qué podemos hacer?¿cómo podemos organizarnos?Es una realidad que España tiene un cierto retraso histórico, a pesar de que algunos les encante figurar en la lista de los paises modernos, en todos los aspectos social, un ejemplo ilustrativo son los pocos ejemplos de sociedad civil que historicamente hemos tenido. Es un hecho que esta España tan malograda es fruto de una sociedad que durante casi dos siglos, desde las primeras apariciones de partidos o asociaciones politicas, se ha ido dejando arrastrar por diferentes vientos. El individuo se ha ido dejando arrastrar ideologicamente hasta convertirse en un número más y finalmente en un individuo masa (tal y como sentenciaba ya Ortega y Gasset).
    Pienso que quizas, esta situacionde de crisis social no se deba tanto al mero hecho de la existencia de partidos politicos, que aunque sean la chispa no son la polvora, sino mas bien una sociedad carente en todos los momentos de la relevancia de una fuerza social, dinámica, propia de individuos reunidos en torno a una idea, con los mismos miedos(guerras, paro, ataque a ideas unificadoras, a la fe,elementos que nos caracterizan)

    Quizas eso que ha faltado en nuestra España durante siglos, este funcionando, comenzando, gestandose…es mi esperanza. Puede que la cosa se ponga peor aún pero la sociedad ya esa dando ejemplos de hartazgo, nosotros la generacion de jovenes que nos incorporamos al mundo laboral, conseguiremos cambiar, dar el cambio. Si no siempre nos quedara Alemania.

  2. Saludos Gonzalo. La generación de jóvenes que ahora se incorpora al mundo laboral así como las venideras lamentablemente parecen ser, en un alto porcentaje, especialmente las que han padecido el adoctrinamiento de EpC durante estos últimos 7 años, las más sumisas y las menos preparada para llevar a cabo lo que promulgas: el cambio.

    En el discurso político suele emplearse el término ‘progreso’, sin embargo sorprende que eso que denominamos democracia siga anquilosada a la vetusta modalidad de la democracia de partidos. La sociedad civil debería cobrar mayor protagonismo y no limitarse a ejercer su soberanía exclusivamente en cada sufragio. Por otro lado la crisis política es consecuencia de la misma crisis social. No es de recibo que la política sea el medio de vida de aquellos que la ejercen y su vida laboral se reduzca a ella. No es ningún triunfo ni ninguna ventaja que alguien pueda entrar con 15 años a un partido político y jubilarse en él sin haber realizado otra actividad profesional.

    Qué se puede hacer, reflexionar a cerca de nuevas vías alternativas que modifiquen este sistema democrático que se ha tornado en un estatismo partitocrático. Pero hay algo todavía una cuestión más importante y trascendental y que en el fondo es el tema qué es el hombre y cuál es su fin. La política olvida estas dos fundamentales preguntas ensimismada en un sistema ético utilitarista y pragmático donde el objeto es el poder.

    Gracias por comentar.

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