La cultura del utilitarismo

Publicado: 7 febrero, 2011 en Ética y Moral

El fin justifica los medios o la cultura del utilitarismo. Es muy probable que a lo largo del día usted escuche la justificación “hacer el mayor bien para el mayor número de personas”. Esta norma sigue el sistema ético por el cual la bondad moral de la acción se fundamenta o viene determinada por su utilidad, es decir, por su resultado final. Jeremy Bentham y John Stuart Mill son los precursores de esta corriente filosófica que se pregunta, de qué sirve la moral, a qué fin exhortar al hombre a obrar con el objeto constante de sus esfuerzos, de la virtud. En cierto sentido sigue el eudemonismo aristotélico, en cuanto que el fin del hombre es su felicidad, pero con la radical diferencia que tal dicha se fundamenta en el propio interés, que es el objeto preferible a cualquier otro, y por éste el de los demás.  

“Hacer el mayor bien para el mayor número de personas” tiene mucho sentido lógico y ético. Sin embargo, esta lógica y esta ética desaparecen en el momento en que este sistema ético hace prevalecer el fin relativizando los medios para alcanzarlo. Es decir, a diferencia de la ética clásica o teleológica los medios no deben estar ordenados al fin y ser, por sí mismos, ‘buenos’, sino que son del todo indiferentes. En este sentido el interés personal (Bentham, para el cual el interés es aumentar el placer reduciendo el dolor) y el interés general (Stuart Mill) son suficiente justificación para actuar sin apelar a nada más. Por tanto, las acciones previas a la consecución del fin no son susceptibles de juicio moral.   

En Introduction to the Principles of Morals and Legislation (1781), Bentham sostiene que el hombre se encuentra regido por dos realidades antagónicas, el placer – que es minoritario en la vida del hombre – y el dolor – más abundante – que indican a la persona qué es lo que debe hacer y regulan la categoría moral de las acciones a modo de termómetro. Así, lo que produce placer es bueno y lo que produce dolor es malo moralmente. Por su parte, Stuart Mill convirtió esta teoría en regla moral, que en síntesis se reduce a considerar que una acción es moral si los aspectos positivos prevalecen o superan a los negativos (Last Statge of Education and First of Self-Education, 1783).     

En este sentido apreciamos que la ética utilitarista no es teleológica, en cuanto no requiere apelar a una realidad extrínseca al hombre, sino por la razón, más concretamente, por la subjetividad de la persona, que guía la toma de elecciones y decisiones para ejecutar cada acción. En cierto modo, muchas personas actuamos mediante los patrones de la ética utilitarista, siempre con el beneficio personal como objeto. Buscar el propio interés no es inmoral, sin embargo, si el fin no justifica los medios. Los medios ordenados al fin deben ser moralmente buenos como éste, si no encontramos el medio moral más adecuado debe detenerse la búsqueda o consecución del fin, entendiendo que éste no era tal. Por tanto, el fin y los medios deben justificarse a sí mismos. Una acción no sólo es buena por su consecuencia, sino también por sus medios.     

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comentarios
  1. […] ocasiones la cooperación entre los hombres se entiende desde una perspectiva utilitarista, ya sea el interés personal o general. Pienso, por ejemplo, en una idea vigente en el movimiento político 12M/15M: la existencia de una […]

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