Heisenberg: Quien busca con sinceridad descubre en la naturaleza un orden central que no solo existe, sino que impulsa

Publicado: 7 enero, 2011 en Pensamiento

En la vida diaria cada uno experimenta coyunturas ante las cuales nuestras decisiones no se afirman bajo el sustento de lo visible y de lo comprensible, sino de aquello que lo traspasa radicalmente y que a la vez, revestido de una extraña familiaridad, nos es intrínsecamente necesario. Esto es la fe. Quien hace un acto de fe se deja sustentar por lo invisible. A diario millones de personas hacen acto de fe de cuanto escuchan a través de los medios de comunicación; otros ante un argumento de autoridad. Sin embargo, el mayor acto de fe es aquel por el cual la persona se deja transformar y se trasforma por la verdad que tanto anhela.     

La fe, aunque muchos la definen así, no es un salto al vacío. Sin duda tiene mucho de salto, pero para nada es caer en un pozo oscuro; es más bien un cambio de nivel, aunque del anterior al siguiente el paso sea una gigantesca distancia que pocos se deciden a recorrer o, dicho de otro modo, a lanzar la escalera (Ludwig Wittgenstein). En consecuencia, la fe siempre es una decisión que afecta a la propia existencia de manera radical y, al margen del riesgo que la envuelve también ofrece la certeza de andar sobre seguro (Joseph Ratzinger) en el proceso de transformación y conversión respecto de la verdad.    

La fe no es creer en lo invisible sin constatación segura de ello, sino más bien la aceptación de virar la existencia en torno a esa verdad aunque en ello haya que olvidar contrarias y anteriores convicciones (Martin Heidegger). El acto de fe supone un nuevo renacer, tanto ontológico, cambio de ser; como gnoseológico, la razón abre su campo de visión tras dejar la frondosa arboleda que no le dejaba atisbar el horizonte. No obstante, se corre el peligro de revestirse a medias y de interrumpir el salto, tal vez con la fútil esperanza de negociar un estadio intermedio. Sólo quienes se aventuran a lanzar la pregunta primordial, quién soy y, al mismo tiempo, adquieren conciencia de la insatisfacción de las realidades mundanas que no colman de plenitud son capaces de abrirse a la trascendencia, no exenta de una virulenta y extrema lucha interior consigo mismo y contra toda realidad.

Situados ante nosotros mismos la pregunta quién es el hombre se transmuta en la pregunta sobre Dios al descubrir la razón por la cual el corazón y el entendimiento del hombre se sienten interpelados más allá de la bendición de toda realidad temporal. La cuestión no es si Dios existe, sino más bien cómo puedo acercarme a Él, cómo puedo confiar en ese Tú – Cristo – que inaugura la comunicación con todo hombre y mujer que da ese salto ontológico y gnoseológico. Es aquí donde entra en juego el auténtico ejercicio de la fe, la conversión – aceptación de confianza – integral del yo respecto a ese Tú personal que sustenta la existencia de aquel que la abraza y ama. Aceptar a Dios es aceptar a Aquel que confiere el don de la plenitud respecto del cual ser del hombre experimenta una intrínseca necesidad.

La fe es una conversión radical del ser como hemos dicho, es un dejarse transformar por la verdad y ver al hombre y su devenir existencial a través de ella. Dios existe, luego sólo hay un camino (Dostoievski, Los hermanos Karamazov). Y ante el nuevo ser – hombre – que revela la verdad de Cristo despierta un nuevo obrar, un nuevo modo ético que, más que imitar a Cristo, consiste en dejarse transformar por Él a lo largo de la existencia, cuyo último escollo es el triunfo sobre la muerte, paso esencial para la salvación. La verdad revelada por Cristo se dirige a todas las dimensiones del ser humano incluida la razón: “Quien separa demasiado el Dios de la fe del Dios de los filósofos, arrebata su objetividad a la fe, y escinde de nuevo al objeto y al sujeto en dos universos distintos. El acceso a Dios tiene, por supuesto, múltiples variantes. Los diálogos con sus amigos – científicos – de los que nos ha informado Heisenberg muestran cómo una mente que busca con sinceridad descubre en la naturaleza, a través del espíritu, un orden central que no solo existe, sino que impulsa” (Ratzinger, Teoría de los principios teológicos) o, dicho de otra manera, Dios está al principio de la reflexión de un creyente y al final de las investigaciones de un científico.      

La fe, decíamos, no es un salto al vacío. La razón sale pues al encuentro de la fe: la ciencia y la creencia se entienden pues ambas hablan de un mismo orden que no solo existe, sino que impulsa; que permite al hombre volar alto, salir de la espesa penumbra que oculta la arboleda donde habita el hombre ensimismado por el espejismo de las realidades fungibles. El hombre, mediante la fe, descubre la plenitud a la que está llamado su ser, más allá de la conjura de toda retórica.

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comentarios
  1. Joaquim dice:

    Muy buena entrada. Concuerdo en lo que dices. Feliz año nuevo.

  2. Saludos Joaquim, muchas gracias por comentar.

  3. Manuel César ANDRADE DíAZ dice:

    Me alegra leer sus articulos,porque desde siempre supimos que “poca ciencia aleja del acto de FE y por ende de DIOS,que nos trasciende y mucha FE acerca al PRIMER ORDENADOR :DIOS TRINO Y UNO.
    eL SALTO EXISTENCIAL es imperioso si queremos efectuar actos del hombre y no solo actos humanos,y cómo todo salto exige EL RIESGO para ingresar en una verdadera naturaleza humana trascendente.Gracias Juan.
    Manu El Caesar

  4. Saludos Manuel, muchas gracias por el comentario.

  5. Meinster dice:

    Buen artículo, lo único que al iniciarse con “Heisenberg:” pensé que trataría sobre él o algún comentario sobre él. Sería más correcto que se iniciase con “Ratzinger:” aunque la frase trate sobre Heisenberg y sus conversaciones con amigos.

    Ya me extrañaba que hablase de orden y la relación de indeterminación.

  6. Saludos Meinster, pero se basa en la obra de Heisenberg y no la de Ratzinger, lo lamento. Gracias por comentar.

  7. Meinster dice:

    Pues leido otra vez, trata sobre la fe, no capto que se base en la obra de Heisenberg, a menos que tenga tratados sobre la fe, he de admitir que solo lo conozco como físico.

  8. […] Ciertamente esta no es sólo una cuestión intelectual pues en sí desborda nuestra razón – la fe no es un salto al vacío –. Jean Guitton expresa este tema en “Mi testamento filosófico” de modo convincente e […]

  9. […] Ciertamente esta no es sólo una cuestión intelectual pues en sí desborda nuestra razón – la fe no es un salto al vacío –. Jean Guitton expresa este tema en “Mi testamento filosófico” de modo convincente e […]

  10. […] mostrar que la presencia de Dios está inscrita en la naturaleza ontológica del ser humano y que la impulsa; que el hombre puede descubrir en su espíritu la idea de lo eterno y lo absoluto que anhela y […]

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