Literatura latina cristiana (II)

Publicado: 20 diciembre, 2010 en Patrología

En el marco de la literatura latina cristiana destaca la figura de San Cipriano, que nació en Cartago a comienzos del siglo III. En 246 se convierte al cristianismo según indica en su obra Ad Donatum, poco después se ordena sacerdote y en el 249 es nombrado obispo de la región cartaginesa. Un año después acontece la persecución de Decio, obligando a Cipriano a ocultarse en un lugar seguro fuera de la ciudad por una inspiración divina. En 251 termina la persecución y convoca un sínodo en Cartago para determinar la conducta de aquellos que habiendo apostatado de su fe pedían el reingreso en la Iglesia. Entre 252 y 254 a causa del terrible azote de la peste desarrolló una maravillosa labor caritativa hacia los enfermos. Murió mártir el 14 de septiembre de 258 en la persecución de Valeriano.

 La obra de San Cipriano es eminentemente pastoral. Entre ellos destacan el tratado Ad Donatum (246) que tiene un matiz biográfico y en el que relata su conversión; los Testimonia ad Quirinum (249), tres libros de citas de la Sagrada Escritura; De habitu virginum (249), donde se dirige a las vírgenes cristianas; De mortalitate (252), donde muestra la visión cristiana de la muerte con motivo de la epidemia de peste, y De opere et elemosynis (252), en el que exhorta a la caridad. Los más importantes, no obstante, son dos tratados redactados para resolver la cuestión de los apostatas en la persecución de Decio, el De lapsis y el De ecclesiae unitate (ambos de 251). Éste último ha tenido mayor resonancia con el paso del tiempo. En él se menciona que las herejías y los cismas son obra del diablo, que la fidelidad a la Iglesia está en la comunión con Roma, y que no se puede tener a Dios como Padre sin tener a la Iglesia como Madre.

 San Cipriano, como corresponde a un obispo, era un ministro preocupado por las necesidades pastorales de los fieles, de ahí su obra teológica, especialmente en el ámbito de la eclesiología, donde refleja su honda preocupación por la inquebrantable unidad de la Iglesia: “Quien rompe la paz y la concordia de Cristo está contra Cristo. Quien recoge en otra parte, fuera de la Iglesia, disipa la Iglesia de Cristo. Dice el Señor: ‘Yo y el Padre somos una sola cosa’. Y también está escrito del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: ‘Y estos tres son una sola cosa’. ¿Y piensa alguno que esta unidad que procede del poder de Dios, tan trabada merced a los misterios celestiales, puede disolverse en la Iglesia y escindirse por la discusión y el choque de voluntades? Quien no mantiene esta unidad no guarda la ley de Dios, no guarda la fe en el Padre y en el Hijo, no guarda su vida y salvación” (De ecclesiae unitate).

San Cipriano reconoce el primado de Pedro entre los apóstoles: “Él mismo le dijo después de la resurrección: ‘Apacienta mis ovejas’. Sobre él edifica la Iglesia y a él manda apacentar las ovejas. Que. Aunque otorgó el mismo poder a todos los apóstoles, constituyó una sola cátedra y dispuso así por su autoridad el origen y el fundamento de la unidad […] Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre la que está fundada la Iglesia, ¿todavía confiará que está en la Iglesia?” (De ecclesiae unitate).   

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comentarios
  1. […] This post was mentioned on Twitter by Carmen Ruiz . Carmen Ruiz said: RT @opusprima: Literatura latina cristiana (II): http://bit.ly/dRS9ZD […]

  2. […] julio, 2011 by Joan Figuerola in Patrología 0 Retomando el hilo de las entradas dedicadas a la literatura latina cristiana también hay que citar a tres autores: Lactancio, san Hipólito Romano y Novaciano. Respecto al […]

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