‘Pornotopía’ y sexualidad de bricolaje

Publicado: 25 noviembre, 2010 en Filosofía, Sexualidad

En Pornotopía Beatriz Preciado interpreta como la revista ‘Playboy’ ayudó a construir un espacio sexual donde el modelo de la sexualidad heterosexual basada en la reproducción quedó desplazado en beneficio de un espacio caracterizado exclusivamente por la búsqueda del placer sin más. En este ensayo, la autora, activista de la revolución transgénero, aprovecha para realizar una crítica virulenta de la masculinidad, que por naturaleza considera misógina y rancia – aunque es una amante de la testosterona y de travestirse en hombre –, y de la familia heterosexual.

 

El término ‘pornotopía’ bebe del concepto foucaultiano ‘heterotopía’ por el cual se considera que el hombre no vive en un ‘espacio vacío’ sino que está insertado en una red de relaciones donde los espacios no se pueden superponer (M. Foucault, Des espaces autres, 1967). La pornotopía, por tanto, es el espacio donde se alteran netamente las convenciones sexuales corrientes. Para Preciado, a finales de la segunda guerra mundial el capitalismo disciplinario deriva hacia un capitalismo farmacopornográfico donde el rol de hombre-trabajador se reemplaza por el de hombre-consumidor – de pornografía – y donde la sexualidad ya no es entendida exclusivamente como heterosexual y encaminada hacia la reproducción sino que se potencia la autosatisfacción personal y la masturbación – el placer como fin –.    

 

La aparición en la década de 1950 de la revista ‘Playboy’ supone todo un hito dentro de la revolución sexual al ser el primer cuestionamiento directo de la familia. Para Preciado, esta publicación es la primera pornotopía de la historia ya que construye un espacio arquitectónico nuevo: el ‘ático de soltero’ exclusivo de la masculinidad heterosexual – donde la mujer o ama de casa se reconvierte en ‘playmate’ – y caracterizado por el sexo como consumo. No obstante, esta ‘novedad’, con fecha de caducidad, nada aportó, según la activista queer, para la modificación de los géneros varón y mujer construidos por el capitalismo patriarcal.    

 

Para quien ha leído sus obras anteriores, Manifiesto contrasexual y Testo Yonki apreciara muy poca novedad en una autora que considera que no nacemos como hombres y mujeres sino que la sexualidad es más bien puro bricolaje donde cada uno da rienda suelta a sus deseos. Pero la sexualidad no es una pornotopía, no es una construcción, el sexo está inscrito en el conjunto de la persona humana. En primer lugar radica en una determinada configuración cromosómica y, por tanto, genética: en este nivel se halla la explicación del origen biológico de la diferenciación sexual. En segundo lugar, el sexo es una diferenciación de los órganos corporales destinados a uno de los tipos de reproducción que se dan en el mundo natural: la reproducción sexual. El sexo es una forma biológica de reproducción de las especies que conlleva unas funciones biológicas, diferentes según los sexos, en la procreación, gestación y alimentación de las crías. En el caso de la persona humana la diferenciación corporal afecta también a una distinta morfología anatómica. Todos estos rasgos se complementan con unos diferentes rasgos psicológicos, afectivos y cognitivos, propios de cada sexo. La sexualidad no sólo afecta al cuerpo, sino al espíritu. La sexualidad, ser hombre y ser mujer, modula la psicología y la vida intelectual, por lo que la vida se vive desde un modo masculino y desde un modo femenino en todas sus variantes antropológicas y cognitivas. Es una estupidez o una altanería quijotesca pretender que las personas son cuerpos parlantes asexuados como pretende Beatriz Preciado cuya obra, fuera del ámbito científico es interesante como entretenimiento filosófico, pero un peligro real para aquellos que se lo tomen en serio.

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comentarios
  1. zambullida dice:

    El problema es que este tipo de ensayos, que Anagrama, por cierto, publica mucho, proliferan cada vez más y éste, dentro de lo malo, es menos creíble hasta para el menos cultivado, pero otros, avalados y escritos por supuestos intelectuales de prestigio se venden como rosquillas, se acomodan en las mesilla de noche y se convierten poco menos que en dogmas de fe.

  2. Saludos Zambullida. Bien dices, “supuestos intelectuales”. Gracias por comentar.

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